Con la primavera llega la fiebre por el más pequeño de nuestros cérvidos. La temporada corcera está en su punto álgido y, mientras algunos se dejan llevar por la emoción del primer lance, otros aplican criterios de selección más rigurosos. La diferencia entre cazar y gestionar puede estar, literalmente, en la boca del animal.
Las primeras cabezas
La diferenciación de sexos en el corzo (Capreolus capreolus) suele ser sencilla, salvo en los individuos de menos de un año. En primavera, los nacidos en mayo conservan la librea moteada que delata su juventud. Ya en agosto, los pequeños machos muestran pivotes de hasta tres centímetros como primera cuerna, que mantendrán hasta enero. A partir de abril, desarrollan una cuerna limpia con dos perchas de altura similar a las orejas, completando así su etapa juvenil.
Desde el año y medio en adelante, distinguir la edad a simple vista se complica: la cuerna de tres puntas ya no sirve como indicador fiable, ya que su desarrollo depende de múltiples factores. No obstante, el tamaño corporal, hasta finales del primer invierno, sigue siendo un buen criterio para identificar a los ejemplares de menos de un año.
Recambio dentario: lo que los dientes revelan
Ni el gestor más experto puede saber la edad de un corzo con certeza sin recurrir a su dentadura. Lo primero es fijarse en el recambio dentario: el momento en que se caen los dientes de leche y aparecen los definitivos. Esta muda se completa entre los 12 y 14 meses de edad, lo que permite discriminar si el animal es menor o mayor de un año.
La clave está en el tercer premolar (PM3). En ejemplares inmaduros, presenta tres cúspides; en adultos, sólo dos. Es un detalle mínimo, pero esencial para establecer una primera clasificación de edad.

El desgaste dentario: una técnica más precisa
Para afinar más, es necesario estudiar el desgaste de las piezas dentales. Cada diente tiene una cresta lingual (interna) y otra vestibular (externa). A lo largo del tiempo, la lingual se desgasta menos, y ahí es donde hay que mirar. También se pueden observar los surcos intermedios y las líneas de dentina, de color ámbar o café con leche, que marcan el avance de la edad.
El desgaste avanza de forma centrífuga, desde el premolar 3 (PM3) y el molar 1 (M1) hacia adelante y hacia atrás. La observación del primer molar es especialmente útil para estimar si el animal es juvenil, adulto o viejo. Eso sí, la categoría de adulto agrupa individuos de entre dos y cinco años, por lo que no conviene dar nada por sentado sin un análisis completo.
Una práctica que engancha a quien quiere saber más
Con algo de práctica, cualquiera puede convertirse en un experto en interpretar mandíbulas de corzo. Basta con recolectarlas, observarlas con calma y aplicar este método. Aunque al principio parezca un trabajo de forense, es una herramienta valiosa para todo cazador o gestor que quiera conocer de verdad la evolución de sus corzos.
¿Te animas a probarlo esta temporada? Las mandíbulas que hoy guardas en un cajón pueden tener mucho más que contar de lo que imaginas.









