El popular programa de televisión ‘Monstruos de Río’ aterriza en España para explorar uno de los escenarios de pesca más conocidos de Europa: el río Ebro. Jeremy Wade, biólogo, aventurero y pescador especializado en grandes depredadores de agua dulce, recorre sus aguas con el objetivo de encontrar los enormes siluros que se ocultan bajo la superficie.
El episodio combina investigación científica, pesca extrema y experimentos destinados a conocer mejor a una especie que ha dado lugar a numerosas historias y leyendas. Wade no se limita a intentar capturar un gran pez, sino que estudia cómo se alimenta, cómo detecta a sus presas y qué fuerza puede llegar a desarrollar un ejemplar adulto.
Jeremy Wade busca siluros gigantes en el río Ebro
La expedición lleva al presentador hasta varios puntos del sistema fluvial del Ebro, donde los siluros europeos (Silurus glanis) han encontrado unas condiciones excepcionales para crecer. La abundancia de alimento, las temperaturas favorables y la presencia de grandes zonas inundadas, árboles sumergidos y canales secundarios convierten este río español en un hábitat perfecto para la especie.
Durante las primeras jornadas, Jeremy Wade prueba una modalidad de pesca muy activa en uno de los afluentes del Ebro. El guía local explica que los peces permanecen apostados junto a las orillas, donde esperan emboscar a otros animales que se desplazan por la corriente o caen desde tierra.
Las picadas son inmediatas. En algunos intentos, los siluros toman el cebo apenas un segundo después de tocar el agua, aunque Wade pierde varios peces antes de poder clavarlos correctamente. La rapidez de los ataques sorprende al pescador, que comprueba que estos animales son mucho más veloces y oportunistas de lo que aparentan.

Uno de los momentos más llamativos del episodio se produce cuando el equipo observa un siluro de más de dos metros de longitud y alrededor de 60 kilos a escasa profundidad. El animal permanece prácticamente inmóvil bajo la embarcación y apenas reacciona ante la presencia de los pescadores.
Wade llega a contemplar de cerca su enorme boca, su espalda y el característico dibujo de su piel. Incluso arroja una piedra al agua para comprobar su reacción, pero el pez se limita a girarse lentamente y alejarse por debajo del bote.
Un siluro de 63 kilos y más de dos metros
La búsqueda de los auténticos gigantes continúa en el cauce principal del Ebro. En esta ocasión, el equipo coloca las carnadas a unos cien metros de la orilla, cerca de árboles hundidos y zonas del canal inundado donde los siluros encuentran refugio y alimento.
Las cañas permanecen conectadas a alarmas electrónicas que avisan de cualquier movimiento. Tras un periodo de espera bajo el intenso calor español, uno de los avisadores comienza a sonar. Wade toma la caña y siente inmediatamente el peso de un gran pez al otro lado del sedal.
El combate resulta exigente. El siluro da fuertes tirones, utiliza todo el peso de su cuerpo y obliga al pescador a trabajar con paciencia para acercarlo a la orilla. Wade reconoce que empieza a sentir dolor en uno de los brazos mientras el ejemplar continúa resistiéndose.
Finalmente, el equipo consigue controlar al animal. El resultado es el primer gran siluro español capturado por el presentador: un ejemplar de 63 kilos y más de dos metros de longitud.
Jeremy Wade destaca la fuerza del pez y advierte de que un siluro de ese tamaño podría arrastrar fácilmente a una persona desprevenida. Según explica el programa, estos ejemplares podrían aumentar varios kilos de peso cada año si encuentran alimento suficiente.
Una boca llena de pequeños dientes afilados
Tras la captura, Wade analiza las principales características anatómicas del siluro. El ejemplar presenta una cabeza ancha y una boca de aproximadamente 25 centímetros, equipada con cientos de pequeños dientes afilados que funcionan como una superficie rugosa capaz de sujetar con firmeza a sus presas.
El siluro no posee grandes colmillos, pero la combinación de sus dientes y sus potentes músculos mandibulares hace muy difícil que un animal pueda escapar una vez atrapado. Su cuerpo está formado por una gran masa muscular diseñada para realizar ataques rápidos desde el fondo.
Los ojos están situados en la parte superior de la cabeza, lo que le permite detectar lo que ocurre por encima. Además, sus característicos barbillones actúan como receptores sensoriales y captan vibraciones, movimientos y sustancias químicas presentes en el agua.
A estas adaptaciones se une una línea lateral muy desarrollada que recorre el cuerpo del pez. Este órgano le permite percibir variaciones mínimas en el entorno, incluso en aguas oscuras o turbias donde la visión resulta poco eficaz.

El análisis del aparato digestivo también revela que el siluro puede tragarse presas de un tamaño considerable. Wade explica que un gran ejemplar podría ingerir animales cuya longitud equivaliera aproximadamente a una tercera parte de su propio cuerpo.
Los siluros del Ebro también practican el canibalismo
El programa desmonta la idea de que estos grandes peces busquen habitualmente a los seres humanos como alimento. Sin embargo, sí demuestra que los siluros son depredadores extremadamente oportunistas capaces de comer prácticamente cualquier animal que puedan capturar.
Uno de los testimonios recogidos durante la expedición relata el hallazgo de restos de otro siluro en el estómago de un ejemplar de unos 72 kilos. La presa habría pesado entre 18 y 22 kilos y todavía conservaba parte de la columna vertebral y la caja torácica.
Este hallazgo confirma que los grandes siluros pueden practicar el canibalismo cuando encuentran ejemplares más pequeños disponibles. La abundancia de peces de su propia especie podría convertirse, por tanto, en una fuente adicional de alimento para los individuos de mayor tamaño.
Jeremy Wade graba un ataque bajo el agua
Otro de los objetivos del episodio es observar cómo caza el siluro en su hábitat natural. Para conseguirlo, Jeremy Wade y su camarógrafo Simón instalan una pequeña cámara submarina detrás de la embarcación, orientada hacia un señuelo que se desplaza aproximadamente un metro por detrás.
El primer intento no sale como esperaban. La cámara golpea repetidamente contra el fondo y el equipo termina perdiendo el señuelo. No obstante, antes del accidente aparece en las imágenes una sombra gris que podría corresponder a un siluro investigando el montaje.
Posteriormente, los pescadores emplean golpes sobre la superficie del agua para generar ondas sonoras. El sonar muestra cómo un pez abandona el fondo y comienza a ascender hacia la embarcación atraído por las vibraciones.
Las imágenes permiten observar al siluro aproximándose a la carnada, moviendo los barbillones y llegando incluso a atacar la propia cámara. El experimento demuestra que cualquier chapoteo o alteración en la superficie puede despertar la curiosidad de estos depredadores.

Wade concluye que, aunque los siluros suelen permanecer cerca del fondo, pueden ascender rápidamente si detectan movimientos que puedan indicar la presencia de alimento.
¿Podría un siluro arrastrar a una persona?
La parte final del episodio incluye un experimento destinado a calcular cuánta fuerza sería necesaria para hundir a una persona. Jeremy Wade entra en el agua con diferentes pesos y comprueba que, con nueve kilos adicionales, apenas puede mantener la cabeza por encima de la superficie.
El presentador estima que una fuerza descendente de unos once kilos bastaría para impedirle flotar, a pesar de que pesa alrededor de 79 kilos. Esto significa que un pez no necesitaría alcanzar el mismo peso que una persona para desequilibrarla y arrastrarla al agua.
Wade considera que un siluro de entre 35 y 45 kilos podría generar suficiente fuerza para hacer caer a un adulto desde una embarcación o desde una orilla inestable. El río Ebro alberga numerosos peces que superan ampliamente ese tamaño.
Sin embargo, el episodio no presenta al siluro como un depredador especializado en atacar a personas. Su comportamiento responde principalmente a la alimentación oportunista, la defensa del territorio y la investigación de vibraciones o movimientos desconocidos.
La llegada de ‘Monstruos de Río’ a España muestra al público internacional la extraordinaria población de siluros del Ebro. Bajo unas aguas aparentemente tranquilas viven peces que superan los dos metros, pesan decenas de kilos y poseen unas capacidades sensoriales y una fuerza difíciles de imaginar desde la superficie.
Puedes ver el episodio de la serie pinchando aquí.
