Cada corzo abatido durante la temporada cinegética puede proporcionar información de enorme valor para mejorar el conocimiento y la gestión de esta especie. Partiendo de esta premisa, Francia trabaja en la creación de una base de datos nacional destinada a determinar con mayor precisión la edad de los ejemplares mediante el análisis de sus dientes.
El proyecto está dirigido por Marc Colyn a través de su organización L’Odyssée du Cerf y cuenta con la participación activa de la Asociación Nacional de Cazadores de Caza Mayor de Francia (ANCGG). La iniciativa ha conseguido movilizar a cazadores, responsables de terrenos cinegéticos, asociaciones y federaciones departamentales de numerosos puntos del país.
Durante la temporada 2025-2026 ya se han procesado y registrado más de 1.700 pares de mandíbulas de corzos. Cada una de estas muestras constituye un nuevo dato científico que permitirá conocer mejor la estructura de edad de las poblaciones francesas y adaptar los futuros planes de gestión.
Un método más preciso para calcular la edad del corzo
Determinar la edad de un corzo vivo o recién abatido no siempre resulta sencillo. Tradicionalmente, los cazadores y gestores se han apoyado en características como la silueta, el comportamiento, el aspecto general del animal, el estado del trofeo o el desgaste visible de los dientes una vez abatido el animal.
Estos indicadores pueden resultar útiles para diferenciar un ejemplar joven de otro adulto o viejo, pero no siempre permiten establecer su edad con exactitud. Además, el desgaste dental puede variar considerablemente en función del tipo de alimentación, la naturaleza del suelo, el hábitat y las condiciones ambientales de cada territorio.

Un corzo que vive en una extensa llanura agrícola puede presentar un desgaste diferente al de otro que habita en una zona montañosa, un bosque cerrado o un paisaje de setos y pequeñas parcelas. Por este motivo, las estimaciones realizadas únicamente mediante una observación externa pueden dar lugar a errores.
La finalidad del programa dirigido por Marc Colyn es establecer una referencia fiable que permita relacionar el estado de la dentición con la edad real de los animales. Para ello se están reuniendo mandíbulas inferiores de corzos machos y hembras de un año o más, procedentes de territorios con características muy diferentes.
Muestras procedentes de distintos hábitats franceses
El protocolo contempla una recogida representativa en el conjunto del territorio nacional. Los investigadores pretenden obtener muestras procedentes de llanuras agrícolas, masas forestales, zonas de montaña y paisajes dominados por setos, praderas y pequeños bosques.
Esta diversidad resulta fundamental para comprobar hasta qué punto el hábitat y la alimentación influyen en el desarrollo y desgaste de los dientes. También permitirá determinar si los métodos utilizados habitualmente para calcular la edad ofrecen resultados similares en todas las regiones francesas.
La temporada cinegética 2025-2026 ha supuesto un importante avance para el proyecto. Alrededor de un centenar de participantes, repartidos por varias decenas de departamentos, han colaborado en la recogida, identificación y conservación de las muestras.
Los resultados han superado las previsiones iniciales. Hasta el momento se han preparado y registrado más de 1.700 pares de mandíbulas, una cifra que permitirá disponer de una base científica considerable para comenzar a establecer comparaciones.
Los primeros lotes analizados proceden principalmente de las regiones de Hauts-de-France y Normandía. Las muestras han sido trasladadas a laboratorios especializados, donde se estudian siguiendo los procedimientos establecidos por los responsables de la investigación.
Cada mandíbula debe estar correctamente identificada
La utilidad científica de las muestras depende en gran medida de su trazabilidad. Por este motivo, las mandíbulas deben ir acompañadas de información básica sobre el animal y el lugar en el que fue abatido.
Entre los datos recogidos se encuentran la fecha de captura, el sexo del ejemplar y la ubicación del terreno cinegético. Esta información permitirá comparar posteriormente los resultados obtenidos en diferentes regiones y estudiar la posible influencia de cada tipo de hábitat.
El objetivo no consiste únicamente en reunir el mayor número posible de mandíbulas, sino en construir una colección suficientemente diversa, documentada y representativa. De este modo podrá convertirse en una referencia para investigadores, federaciones, gestores y responsables de elaborar los planes de aprovechamiento cinegético.
La iniciativa también vuelve a poner de manifiesto la capacidad de los cazadores para colaborar en proyectos de seguimiento de la fauna. Su presencia constante sobre el terreno y el conocimiento acumulado de las poblaciones los convierten en una pieza esencial para obtener muestras e información que difícilmente podrían recopilarse por otros medios.
La ANCGG moviliza a su red de cazadores
La Asociación Nacional de Cazadores de Caza Mayor está desempeñando un papel destacado en la difusión del protocolo. La entidad utiliza su red nacional y sus publicaciones, entre ellas la revista especializada Grande Faune, para informar a los cazadores e impulsar su participación.
Varias federaciones departamentales también han respaldado el proyecto. Entre ellas se encuentra la Federación de Cazadores de Loira Atlántico, que ha dado a conocer la investigación entre sus miembros y ha animado a colaborar en la recogida de muestras.

Precisamente los departamentos de Loira Atlántico, Ille-et-Vilaine y Morbihan conforman la zona histórica de trabajo de Marc Colyn. En estos territorios ya se han preparado varios centenares de mandíbulas, que constituyen una parte importante de la futura base de datos.
Una herramienta para mejorar los planes de gestión
Cuando el sistema de referencia esté suficientemente desarrollado, los gestores podrán disponer de una herramienta más precisa para estudiar las poblaciones de corzo. Conocer la proporción de animales jóvenes, adultos y viejos dentro de una población es fundamental para evaluar su estado y decidir qué estrategia cinegética resulta más adecuada.
La información también podría ayudar a analizar las diferencias existentes entre territorios y comprobar cómo influyen factores como la alimentación, la densidad de animales o las características del medio en su desarrollo.
El proyecto recuerda que la actividad cinegética no termina con el abate del animal. La recogida de muestras biológicas, la medición de los ejemplares y el intercambio de información permiten convertir cada captura en una fuente de conocimiento aplicable a la conservación y gestión de la especie.
