La Unión Europea se encuentra a las puertas de tomar una decisión que puede marcar un antes y un después en la actividad cinegética. El Comité REACH tiene previsto reunirse a finales de abril para avanzar en la restricción del uso de plomo en la munición, una medida que, aunque ha ido modulándose en los últimos meses, sigue generando una enorme preocupación por su impacto real sobre cazadores y fabricantes.

El borrador actual, según ha trasladado la Federación Europea para la Caza y la Conservación (FACE), centra la posible limitación en los perdigones de plomo, dejando fuera las balas. Sin embargo, el cambio de enfoque no ha reducido la inquietud del sector, que alerta de consecuencias económicas y logísticas difíciles de asumir en el corto plazo.

En España, el alcance de esta medida podría ser especialmente significativo. No solo por el número de aficionados, sino por el parque de armas existente, muy envejecido en buena parte de los casos. Antes de entrar en la fase decisiva del proceso, varios Estados miembros ya han mostrado sus dudas sobre los plazos de adaptación. La propuesta inicial planteaba tres años de transición, aunque ahora se estudia ampliarla a cinco ante las dificultades que entraña el cambio.

Cerca de medio millón de armas que tendrían que ser desechadas

Según un informe de la Guardia Civil al que ha tenido acceso Cazaflix, en España hay 441.478 escopetas con más de 25 años de antigüedad. Se trata de armas que, en su mayoría, fueron fabricadas sin tener en cuenta las presiones necesarias para disparar municiones alternativas como el acero. Este dato cobra especial relevancia si se compara con el total de armas guiadas con licencia E en nuestro país, que asciende a 1.929.346, según cifras del Mando de la Intervención Central de Armas y Explosivos en el citado informe. Es decir, una parte muy importante del parque actual podría quedar fuera de uso si se materializa la restricción.

El problema no es nuevo. Fue a comienzos del siglo XXI, tras la prohibición del plomo en humedales, cuando comenzaron a fabricarse escopetas adaptadas al uso de acero. Hasta entonces, no era habitual que estas armas estuvieran preparadas para soportar esas condiciones. Esto plantea un escenario complejo para miles de cazadores que utilizan armas heredadas o adquiridas hace décadas, muchas de ellas perfectamente funcionales hasta ahora pero que podrían quedar relegadas.

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Un armero ajusta una escopeta Beretta. © Israel Hernández

Un impacto social y económico difícil de asumir

El posible cambio normativo no solo afecta a España. Tal y como advierte a Cazaflix Pedro Morrás, secretario general de la Federación Sectorial de Armera, el alcance es europeo y las consecuencias podrían ser aún mayores de lo que se prevé inicialmente. «Esto es solo en España, a esto hay que sumar Francia, Italia… hablamos de millones de escopetas que habría que sustituir y el mercado no podría abastecerlo», explica.

Además, Morrás pone el foco en el perfil del cazador medio: «En España la mayor parte de los cazadores son cazadores sociales, gente humilde que a lo mejor no puede permitirse hacer una inversión así».

La combinación de un parque de armas envejecido, una transición incierta y la capacidad limitada del mercado para absorber una demanda masiva de nuevas escopetas dibuja un panorama complicado. Mientras Bruselas sigue adelante con el proceso y estudia las alegaciones de los Estados miembros, el sector permanece pendiente de una decisión que podría transformar profundamente la práctica cinegética en Europa. Las próximas semanas serán clave.

Eduardo Pompa

Coordinador de web y redes sociales.

Ingeniero técnico forestal y Máster en gestión y conservación de fauna salvaje y espacios protegidos. Cazador desde la infancia, ha desarrollado un perfil experto en comunicación digital, redes sociales y divulgación medioambiental. Es el responsable de llevar el contenido de Cazaflix a donde está la audiencia.