Las picaduras de garrapata vuelven a situarse en el foco sanitario tras la advertencia lanzada por Marisa García Alonso, quien ha explicado en un vídeo difundido en redes sociales que una infección derivada de estos parásitos puede permanecer latente durante años antes de manifestarse.
Su mensaje parte de un caso real ocurrido recientemente. Una amiga le envió la imagen del tobillo de su marido, donde una garrapata llevaba ya tiempo adherida, algo que se apreciaba por la reacción de la piel. Ante la falta de experiencia y de herramientas adecuadas, lograron retirarla con pinzas sin dejar restos, tras lo cual acudieron al hospital para iniciar un tratamiento preventivo con antibióticos.
Una infección que puede tardar años en manifestarse
La especialista advierte de que el verdadero riesgo no siempre es inmediato. Según explica, una persona puede ser picada y no desarrollar síntomas hasta mucho tiempo después, incluso años. En ese intervalo, factores como una bajada de las defensas pueden desencadenar la aparición de síntomas asociados a infecciones transmitidas por garrapatas.

Entre ellos, describe dolor articular, cansancio extremo, alteraciones del sueño y una hipersensibilidad a estímulos como la luz, el ruido o los olores. También pueden aparecer episodios de ansiedad o molestias intermitentes de difícil diagnóstico.
Este cuadro encajaría con formas cronificadas de enfermedades como la provocada por la bacteria Borrelia burgdorferi, responsable de la enfermedad de Lyme, que en algunos casos puede reactivarse tras años sin síntomas evidentes.
Síntomas que pueden confundirse con una gripe
García Alonso también subraya que no todos los casos siguen ese patrón tardío. En ocasiones, la reacción del organismo es más inmediata y se manifiesta como un proceso agudo.
En estos casos, los síntomas pueden confundirse fácilmente con una gripe, con fiebre, malestar general y debilidad pocos días después de la picadura. Esta respuesta, explica, corresponde a la activación del sistema inmunitario frente a los microorganismos introducidos por el parásito.
Por ello, insiste en la importancia de no restar importancia a este tipo de síntomas si existe la posibilidad de haber sufrido una picadura, incluso si no se ha detectado en el momento.
Nuevos riesgos y factores que favorecen su expansión
Más allá de las infecciones, la experta recuerda que algunas especies como Ixodes ricinus pueden provocar alergia a la carne roja, una reacción vinculada al azúcar alfa-gal presente en mamíferos como la vaca, el cerdo o el venado. Esta alergia puede manifestarse horas después de ingerir estos alimentos con síntomas como urticaria, inflamación facial, problemas digestivos o incluso dificultad respiratoria.
Además, advierte de que los meses de abril, mayo y junio coinciden con la eclosión de las ninfas, garrapatas en fase juvenil especialmente activas y difíciles de detectar, que se sitúan en la vegetación esperando adherirse a animales o personas.

A este incremento estacional se suma un factor ecológico. La disminución de aves insectívoras, zorros o rapaces, junto al aumento de roedores —principales reservorios— está favoreciendo la proliferación de estos parásitos, lo que eleva el riesgo tanto para humanos como para animales domésticos.
La importancia de actuar a tiempo
La farmacéutica recalca que una actuación rápida es clave para evitar complicaciones. La retirada correcta de la garrapata, el seguimiento médico y, en algunos casos, la administración de tratamiento preventivo pueden marcar la diferencia en la evolución posterior.
Su mensaje no busca generar alarma, sino concienciar. García Alonso insiste en que la prevención, el conocimiento y el mantenimiento de hábitos saludables son fundamentales para reducir el impacto de este problema, cuya incidencia, según advierte, no deja de crecer en los últimos años.
