Una cueva prehistórica localizada junto a la localidad de Fureidis, al sur de Haifa, en Israel, ha conservado durante cientos de miles de años las huellas de algunos de los cazadores más antiguos que habitaron esa zona del planeta. Entre los descubrimientos realizados hasta ahora aparecen huesos de gamo, gacela, caballo antiguo y bóvidos salvajes, además de numerosas herramientas de piedra relacionadas con el despiece de animales y el aprovechamiento de sus pieles.

La cavidad fue ocupada entre hace aproximadamente 400.000 y 250.000 años, durante la fase final del Paleolítico inferior. Su techo terminó derrumbándose y enormes bloques, tierra y vegetación sellaron buena parte del depósito, protegiendo los restos de alteraciones posteriores. Esta circunstancia ha llevado a los investigadores a describir el enclave como una auténtica «cápsula del tiempo».

Un centenar de raspadores para trabajar carne y pieles

Uno de los hallazgos más destacados es un conjunto de alrededor de 100 raspadores laterales de sílex. Según Kobi Vardi, responsable de la sección de Prehistoria de la Autoridad de Antigüedades de Israel, estas piezas tenían diferentes aplicaciones, entre ellas retirar carne de los huesos y limpiar las pieles de los animales.

Junto a ellos han aparecido pequeñas y afiladas hachas de mano y hojas de piedra. La combinación de estas herramientas es característica del complejo achelense-yabrudiense, una tradición tecnológica que se desarrolló en esta región durante una etapa de transición anterior al predominio de los neandertales y los humanos modernos.

Los arqueólogos consideran que sus fabricantes fueron cazadores muy experimentados, capaces de capturar tanto animales relativamente pequeños como presas de gran tamaño. Los huesos recuperados presentan indicios de explotación humana y constituyen una prueba especialmente valiosa debido a su extraordinario estado de conservación.

La entrada de la cueva. ©Emil Aladjem/Israel Antiquities Authority

El yacimiento no permite determinar todavía si los animales fueron abatidos junto a la cueva o si sus cuerpos —o determinadas partes de ellos— fueron transportados hasta el campamento para ser procesados. El análisis de las marcas de corte, fracturas y distribución de los restos podrá ayudar a reconstruir esa cadena de aprovechamiento.

Agua, caza y un lugar estratégico

Los sedimentos encontrados indican que probablemente existió un manantial en las inmediaciones. La presencia permanente de agua habría atraído a gamos, gacelas, équidos y bóvidos, convirtiendo el lugar en un punto favorable para observar o interceptar a los animales.

Para aquellos grupos de cazadores-recolectores, la cueva ofrecía así tres recursos esenciales: refugio, agua y acceso a la fauna. Los útiles hallados muestran, además, que la actividad cinegética no terminaba con la captura. Las presas proporcionaban carne, grasa, pieles y posiblemente tendones, materiales esenciales para la alimentación y la supervivencia del grupo.

La excavación también puede aportar información sobre una importante transformación social. Los investigadores creen que durante este periodo los homininos comenzaron a reunirse en grupos más numerosos y a permanecer durante más tiempo en determinados campamentos, favoreciendo la cooperación y la transmisión de conocimientos como la talla del sílex o el procesamiento de los animales.

Un diente de gamo encontrado en el yacimiento. ©Emil Aladjem/Israel Antiquities Authority

La identidad de los cazadores continúa siendo un misterio

A pesar de la abundancia de herramientas y huesos de fauna, todavía no se han recuperado restos humanos que permitan identificar a los habitantes de la cueva. Por ello, no resulta correcto hablar de una civilización o de una especie «anterior a la humana». El término achelense-yabrudiense describe una tradición arqueológica reconocible por sus herramientas, no un pueblo concreto.

Tampoco se ha confirmado todavía la presencia de hogares o de huesos quemados en Fureidis. Aunque el uso habitual del fuego está documentado en otros yacimientos levantinos de esta época, los arqueólogos mantienen abierta la posibilidad de encontrar nuevas evidencias durante las próximas campañas.

La construcción de la carretera que amenazaba el enclave se realizará finalmente mediante un puente, lo que permitirá conservar la cueva y continuar excavándola. Los investigadores esperan que los trabajos futuros revelen cómo se organizaban aquellos cazadores, qué partes de las presas llevaban hasta el campamento y, sobre todo, quiénes fueron los homininos que dejaron allí sus herramientas hace cientos de miles de años.

Carlos Vignau

Redactor especializado en caza mayor y contenidos audiovisuales.

Es la voz de Cazaflix. Licenciado en Periodismo, ha trabajado en medios relacionados con el mundo taurino, la pesca y la caza. Su perfil combina experiencia en prensa escrita con sensibilidad por la narrativa visual, lo que lo convierte en una pieza esencial en la producción de reportajes y documentales de Cazaflix.