La edad de un corzo (Capreolus capreolus) sigue siendo uno de los aspectos que más dudas generan entre los aficionados al rececho. Muchos cazadores intentan determinarla fijándose en la cuerna, una práctica muy extendida que, según Rafael Centenera, conduce a errores frecuentes. El experto lo explica de forma tajante en la segunda entrega de los Seminarios de corzos con Hornady: «Pretender saber la edad de un corzo por sus cuernos es una mentira».
La afirmación llega durante una completa ponencia dedicada a la evolución de la cuerna, la madurez de los machos y los criterios que realmente permiten valorar un animal en el campo. A lo largo del vídeo, Centenera insiste en que las rosetas, su forma, el perlado o el número de puntas pueden servir como orientación, pero nunca son pruebas definitivas para calcular la edad de un corzo vivo.
El cuerpo y la actitud dicen más que la cuerna
Según explica el especialista, los verdaderos indicadores están en la morfología y el comportamiento del animal. El cuello, la proporción entre pecho y ancas, la inserción del cuello o incluso la forma de caminar aportan mucha más información que el trofeo.
Los corzos jóvenes suelen mostrar cuerpos ligeros, cuellos finos y un comportamiento más confiado. A medida que envejecen, el pecho gana protagonismo, el cuello se engrosa y el animal adopta una actitud mucho más desconfiada y territorial. Los ejemplares viejos, además, se vuelven extremadamente difíciles de observar en campo abierto.

Centenera advierte de que muchos errores de gestión nacen precisamente de fijarse primero en la cuerna. «Si miramos primero cuerna, ya nos va a enganchar la cuerna y si es buena se nos va el dedo», explica durante el seminario.
Cuándo alcanza un corzo su mejor trofeo
El vídeo también aborda otro de los temas clave para cualquier gestor o recechista: el momento óptimo para abatir un macho. Basándose en estudios y seguimientos realizados en distintas poblaciones europeas, el experto señala que el mejor trofeo suele alcanzarse entre los 4 y 6 años, aunque puede variar según la calidad del hábitat y la alimentación.
Durante la charla desmonta además algunos tópicos históricos, como la creencia de que los corzos del norte desarrollan peores cuernas por falta de calcio. Para Centenera, el factor decisivo es la disponibilidad real de alimento de calidad y la presión cinegética sobre los machos.
El seminario se convierte así en una auténtica lección de gestión cinegética aplicada al corzo, donde la paciencia y la capacidad de observación pesan mucho más que el tamaño aparente del trofeo.
