Paralela, superpuesta o semiautomática: ¿qué escopeta saco del armero esta temporada?

La nueva temporada general está a punto de comenzar y llega una de esas decisiones que muchos cazadores repiten cada otoño frente al armero. ¿Recuperamos la vieja paralela, apostamos por la superpuesta o volvemos a confiar en la comodidad de la semiautomática? Las tres tienen argumentos a favor y también algunas desventajas que conviene conocer.

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Octubre ya está aquí y, mientras se acercan las primeras jornadas de perdices, conejos, liebres, zorzales y otras especies de menor, llega el momento de revisar el equipo y volver a abrir el armero. Para algunos no habrá ninguna duda porque llevan toda la vida cazando con la misma escopeta. Otros, sin embargo, tendrán delante una paralela que lleva meses esperando, una superpuesta que utilizan también para tirar al plato y esa semiautomática que probablemente sea la más cómoda cuando se presenta una jornada con muchos disparos. Y entonces aparece la pregunta: ¿cuál saco este año?

La respuesta no es tan sencilla como elegir cuál es más moderna o cuál permite disponer de un disparo adicional. Cada sistema proporciona sensaciones diferentes y tiene ventajas concretas dependiendo de la modalidad, el terreno, las horas que vayamos a caminar y, sobre todo, de cómo nos encontremos con ella al encarar. Una escopeta que nos cae bien y con la que tenemos confianza puede resultar mucho más eficaz en nuestras manos que otra aparentemente superior sobre el papel.

La paralela: ¿sigue teniendo sentido cazar con ella?

Por supuesto. Y para determinados cazadores, entre los que me incluyo, nunca dejó de tenerlo. La paralela o yuxtapuesta representa probablemente la imagen más clásica de la escopeta de caza menor española. Dos cañones situados horizontalmente, una báscula generalmente estilizada y, en multitud de modelos tradicionales, dos gatillos. Durante generaciones fue la compañera inseparable de perdiceros, conejeros y cazadores que recorrían kilómetros de monte detrás de sus perros.

Una de sus grandes virtudes puede encontrarse precisamente en su sencillez. Abrimos el arma y podemos comprobar inmediatamente su estado. Disponemos de dos cañones que pueden tener diferentes grados de estrangulamiento y, en las escopetas de dos gatillos, podemos elegir instantáneamente cuál utilizar.

Esto tiene una aplicación práctica evidente. No siempre necesitamos la misma configuración para un conejo que rompe a pocos metros que para una perdiz que se marcha larga. Tener dos cañones diferentes proporciona una versatilidad que un único tubo no puede ofrecer simultáneamente.

Escopeta paralela y zorzales. © Carlos Vignau

Ligera y rápida cuando hay que caminar

Otra de las características que ha mantenido vivas a muchas buenas paralelas es su manejabilidad. Existen modelos extraordinariamente ligeros que se agradecen después de varias horas subiendo y bajando laderas.

Esa sensación cambia además la forma de encarar. Una paralela ligera puede subir al hombro con enorme rapidez y adquirir vida en las manos cuando aparece repentinamente una perdiz, una becada o un conejo.

Precisamente esa ligereza tiene también una contrapartida. Cuanto menor sea el peso, más puede hacerse notar el retroceso, especialmente si utilizamos cargas elevadas. Una escopeta deliciosa durante kilómetros puede resultar menos agradable cuando acumulamos muchos disparos.

Hay una razón difícil de introducir en una tabla comparativa: cazar con una paralela proporciona unas sensaciones particulares. Abrirla, cargar dos cartuchos, cerrarla y caminar detrás de un perro forma parte de una estética de la caza menor que continúa teniendo miles de seguidores. Y no todo tiene que reducirse a prestaciones.

Eso sí, si vamos a recuperar una paralela antigua o heredada que lleva tiempo sin utilizarse, conviene asegurarnos de que se encuentra en buenas condiciones y de que la munición empleada es compatible con sus características. No todas las escopetas fabricadas hace décadas fueron concebidas para los mismos cartuchos y prestaciones actuales.

La superpuesta: dos cañones con otra manera de mirar

La superpuesta mantiene las principales ventajas conceptuales de disponer de dos cañones, pero los coloca verticalmente. Esta disposición ofrece una línea de visión diferente a la de la paralela y resulta especialmente familiar para muchos cazadores que practican también tiro deportivo. Es precisamente en campos de tiro donde las superpuestas se han convertido en una presencia absolutamente habitual.

En el campo pueden ser igualmente magníficas. Son armas robustas, generalmente equilibradas y capaces de proporcionar una sensación de control extraordinaria cuando sus medidas se adaptan correctamente al cazador. Al igual que ocurre con la paralela, una de las grandes virtudes de una superpuesta es disponer de dos cañones que pueden ofrecer configuraciones diferentes.

Podemos afrontar el primer disparo con una apertura determinada y disponer de otra configuración para un segundo lance potencialmente más lejano. Dependiendo del arma, un selector permite escoger además qué cañón queremos utilizar primero.

Esta posibilidad resulta especialmente interesante en modalidades donde la distancia del segundo disparo puede cambiar rápidamente respecto a la del primero.

Un cazador con su escopeta.
Un cazador con su escopeta superpuesta. © Ángel Vidal.

¿Dónde está su contrapartida?

Una superpuesta de campo puede resultar algo más pesada que determinadas paralelas o semiautomáticas ligeras, aunque las diferencias dependen enormemente de cada modelo. Ese peso no es necesariamente negativo. Puede aportar estabilidad y suavizar las reacciones del arma, pero empieza a tener otra importancia cuando llevamos cinco horas caminando por un terreno duro.

También transmite el retroceso de manera directa, al no existir un mecanismo de funcionamiento que utilice parte de la energía del disparo como ocurre en determinadas semiautomáticas.

Por eso volvemos siempre al mismo punto: una superpuesta extraordinaria sobre el papel puede no ser nuestra escopeta si no nos cae correctamente.

La semiautomática: la gran polivalente

Llegamos probablemente al tipo de escopeta que más ha cambiado el paisaje cinegético durante las últimas décadas. Un único cañón, un sistema capaz de realizar automáticamente el ciclo necesario para preparar el siguiente disparo y una enorme variedad de modelos han convertido a las semiautomáticas en compañeras habituales de cazadores de prácticamente todas las modalidades de menor.

Su primera gran ventaja es evidente: permite efectuar disparos sucesivos sin tener que abrir el arma entre ellos y, dentro de los límites legales aplicables, disponer de una capacidad superior a la de una escopeta de dos cañones. Pero reducir su atractivo a ese disparo adicional sería injusto.

Una de las razones por las que muchos cazadores se sienten especialmente cómodos con una semiautomática es el retroceso percibido. Dependiendo del sistema de funcionamiento, parte de la energía interviene en el propio ciclo del arma y la sensación sobre el hombro puede resultar más progresiva que con una escopeta basculante.

Esto adquiere especial importancia en jornadas con numerosos disparos. Quien haya pasado una mañana intensa de zorzales o palomas sabe que la acumulación de retroceso termina notándose. También puede resultar interesante para cazadores especialmente sensibles al golpe sobre el hombro.

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Un cazador apunta con su escopeta semiautomática. © Israel Hernández

Un solo cañón significa también una renuncia

La semiautomática cuenta con un único cañón y, por tanto, no podemos disponer simultáneamente de dos configuraciones diferentes como ocurre con una paralela o una superpuesta. Los chokes intercambiables ofrecen una enorme versatilidad, pero tendremos que escoger antes de comenzar qué configuración queremos utilizar.

Además, su funcionamiento incorpora más elementos móviles. Dependiendo del sistema, la limpieza y el mantenimiento adquieren especial importancia para conservar un funcionamiento fiable. Y hay un pequeño detalle que conoce cualquiera que haya cazado con una: las vainas salen expulsadas. Encontrarlas posteriormente entre hierba alta, monte o rastrojo puede resultar bastante más incómodo que sacar directamente los dos cartuchos de una basculante. Dejarlas en el campo nunca debería ser una opción.

La escopeta que mejor te queda puede estar ganando la discusión

Podemos comparar pesos, cañones, chokes, sistemas de funcionamiento y retroceso durante horas. Pero existe un factor que termina imponiéndose sobre casi todos ellos: cómo nos cae el arma. Cuando una escopeta tiene unas medidas adecuadas, la culata se adapta a nosotros y llevamos años utilizándola, el encare se vuelve prácticamente instintivo.

Por eso cambiar de arma continuamente tampoco tiene por qué mejorar nuestros resultados. La confianza y la familiaridad cuentan muchísimo cuando un lance dura apenas unos segundos. Quizá la respuesta a la pregunta esa de cuál saco del armero esté precisamente en dejar de buscar una vencedora.

La paralela continúa siendo una extraordinaria escopeta de caza menor: sencilla, elegante, rápida y, en muchos modelos, tremendamente ligera. La superpuesta aporta dos cañones, equilibrio y una línea de visión que muchos cazadores encuentran especialmente natural. La semiautomática ofrece comodidad, un retroceso generalmente más llevadero y la posibilidad de disponer de un disparo adicional.

Ninguna reúne todas las ventajas sin aceptar alguna contrapartida. Así que, cuando abras el armero antes de la primera jornada de esta temporada, quizá la pregunta no deba ser cuál de las tres es mejor. Mira esa paralela con la que llevas años cazando, la superpuesta que parece subir sola al hombro o la semiautomática que nunca te abandona durante las jornadas más largas. La verdadera pregunta es mucho más sencilla: ¿con cuál de ellas tienes más ganas de volver al campo?