Antes de entender cómo protegernos de las garrapatas conviene conocer mejor a estos artrópodos hematófagos. La investigadora Estrella Montero, científica titular del Instituto de Salud Carlos III especializada en enfermedades transmitidas por garrapatas, recuerda que estos parásitos tienen como hospedadores habituales a los animales salvajes, aunque «los humanos entramos en contacto con ellas de forma accidental cuando invadimos su entorno natural».

Existen tres grandes familias de garrapatas: Ixodidae, conocidas como «garrapatas duras», y Argasidae y Nuttalliellidae, denominadas “garrapatas blandas”. Entre todas suman cerca de 800 especies repartidas por todo el planeta.

Esa enorme diversidad ha favorecido que numerosos microorganismos patógenos hayan evolucionado utilizando a las garrapatas como vehículo de transmisión. Según explica Ricardo Molina, responsable del Laboratorio de Entomología Médica del Instituto de Salud Carlos III, «muchos de los patógenos más importantes para la salud pública necesitan a las garrapatas para completar su ciclo y propagarse».

Dónde viven y por qué cada vez es más fácil encontrarlas

Las garrapatas están presentes prácticamente en todo el mundo, salvo en grandes zonas desérticas. Habitualmente permanecen ocultas entre la vegetación, en zonas de matorral, hierba alta o incluso bajo tierra.

Algunas especies esperan inmóviles a que pase un hospedador al que engancharse, mientras que otras permanecen cerca de madrigueras o zonas frecuentadas por animales. En los últimos años, además, determinadas especies han comenzado a adaptarse a entornos periurbanos e incluso urbanos.

Una garrapata enganchada a la piel. © Shutterstock.

La mayor actividad de estos artrópodos se concentra entre primavera y otoño, especialmente durante los meses más cálidos. «El aumento de temperaturas y determinados cambios ambientales están favoreciendo la expansión de algunas especies», advierte Montero, que insiste en extremar las precauciones durante actividades al aire libre.

Las enfermedades que pueden transmitir

Las garrapatas se alimentan exclusivamente de sangre. Para localizar a sus hospedadores detectan el calor corporal, el movimiento y determinadas sustancias químicas presentes en la piel y el sudor.

Cuando una garrapata está infectada puede transmitir enfermedades tanto a animales como a personas. En España, varias especies tienen especial relevancia sanitaria.

La especie Ixodes ricinus está relacionada con la transmisión de la enfermedad de Lyme, la babesiosis y la anaplasmosis. Rhipicephalus sanguineus puede provocar la fiebre botonosa mediterránea; Dermacentor marginatus, la tularemia; y Hyalomma marginatum actúa como vector del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.

Según señala Ricardo Molina, científico titular de Organismos Públicos de Investigación del Instituto de Salud Carlos III, «aunque no todas las garrapatas transmiten enfermedades, algunas especies representan un importante problema de salud pública».

Cómo evitar una picadura

Los expertos recomiendan extremar las precauciones cuando se transita por zonas con vegetación abundante. El uso de manga larga, pantalones largos y botas cerradas reduce considerablemente el riesgo de picadura.

También aconsejan vestir ropa clara para detectar más fácilmente las garrapatas adheridas y caminar por el centro de los senderos evitando el contacto con arbustos y hierba alta. En el caso de las mascotas, es recomendable utilizar antiparasitarios externos prescritos por veterinarios.

Las picaduras suelen pasar desapercibidas porque normalmente no producen dolor. Además, las larvas y ninfas pueden tener un tamaño mínimo, similar a la cabeza de un alfiler. Por ello, tras regresar del campo conviene revisar cuidadosamente todo el cuerpo, especialmente zonas cálidas y húmedas como axilas, ingles, cuello, cuero cabelludo, cintura u orejas.

Extracción de garrapatas en la piel de un perro con pinzas. Shutterstock.

Qué hacer si encontramos una garrapata adherida

La rapidez es fundamental. Para transmitir muchos patógenos, la garrapata necesita permanecer adherida durante varias horas alimentándose de sangre.

Los especialistas desaconsejan totalmente remedios caseros como aplicar aceite, alcohol, petróleo o calor. «Esos métodos pueden aumentar el riesgo de transmisión de patógenos», explica Montero. La forma correcta de retirarla es utilizar unas pinzas finas, sujetándola lo más cerca posible de la piel y tirando suavemente hacia arriba sin aplastarla ni retorcerla.

Después debe limpiarse bien la zona con agua y jabón o con un antiséptico y vigilar posibles síntomas posteriores como fiebre, erupciones cutáneas o malestar general. Los expertos recuerdan que informar al médico de una picadura reciente puede ser decisivo para lograr un diagnóstico rápido y adecuado.

Un problema ligado a la relación entre humanos y naturaleza

Las enfermedades transmitidas por garrapatas reflejan la estrecha relación entre salud humana, fauna silvestre y medio ambiente. Los investigadores insisten en la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica y mejorar la información pública sobre estos artrópodos.

Para Ricardo Molina, «la prevención y la divulgación siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir el riesgo y detectar precozmente estas enfermedades».

Carlos Vignau

Redactor especializado en caza mayor y contenidos audiovisuales.

Es la voz de Cazaflix. Licenciado en Periodismo, ha trabajado en medios relacionados con el mundo taurino, la pesca y la caza. Su perfil combina experiencia en prensa escrita con sensibilidad por la narrativa visual, lo que lo convierte en una pieza esencial en la producción de reportajes y documentales de Cazaflix.