Una perdiz cantando.

Extremadura activa el BIC para la perdiz con reclamo: la modalidad más identitaria de la caza tradicional

Extremadura vuelve a situarse en el centro de la actualidad cinegética tras publicar el DOE la resolución que inicia el expediente para declarar la caza de perdiz con reclamo como Bien de Interés Cultural, una decisión de gran relevancia para miles de cuquilleros y para un territorio donde esta tradición mantiene plena vigencia.

Arraigo histórico y transmisión generacional

La resolución destaca el profundo arraigo histórico de esta modalidad, cuyos orígenes se remontan a las primeras normativas de caza en España. No es solo un método cinegético, sino una práctica que ha modelado identidades, ritos familiares y una forma particular de relación con el medio natural. Su dimensión simbólica e identitaria es, según el texto, uno de los pilares de la protección.

El documento incide en la transmisión de saberes entre generaciones: conocimientos, liturgia, manejo y lenguaje del canto. Todo ello se interioriza dentro del ámbito familiar, reforzando una cosmovisión propia del cuquillero y garantizando la continuidad de un acervo cultural único. La práctica une a hombres y mujeres con su territorio, con los ciclos biológicos de la perdiz roja (Alectoris rufa) y con un calendario emocional que marca cada temporada.

PERDIZ-RECLAMO

Un valor biocultural y etnológico excepcional

Otro de los elementos centrales es el valor biocultural de esta modalidad. La relación entre el reclamo y el cazador exige un conocimiento exhaustivo de los ritmos reproductivos, los ecosistemas y el comportamiento del ave. La resolución subraya esa «doble dimensión espacio-temporal» en la que vive el reclamo: el cuidado continuo en casa y el lance en el campo, que se convierte en el momento culminante de una relación prolongada y minuciosa.

De esta convivencia nacen saberes esenciales: selección natural del ave, manejo orgánico, interpretación del canto y lectura del comportamiento. Son conocimientos que moldean un código ético y cultural propio, inseparable del modo en que los cuquilleros se reconocen como colectivo.
La Junta también subraya la riqueza patrimonial que acompaña a esta práctica: la jaula de reclamo, pieza artesanal con identidad propia; las pequeñas arquitecturas de manejo y caza; y un léxico especializado que actúa como vehículo de transmisión cultural. Todo ello conforma un universo que forma parte de la memoria viva del campo extremeño.

Con esta incoación, Extremadura da el primer paso hacia la protección oficial de una de las modalidades cinegéticas más representativas del suroeste español, cuyo futuro depende, precisamente, de la valoración de sus valores culturales, etnológicos y biológicos.

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