Este es el yacimiento que reescribe la caza de mamuts hace 30.000 años

Huesos con marcas de corte hallados en Alemania sugieren que los cazadores de Breitenbach no solo recogían marfil fósil, sino que también cazaban mamuts

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Hace más de 30.000 años, un grupo de cazadores-recolectores levantó su campamento junto a un curso de agua en lo que hoy es Sajonia-Anhalt (Alemania). Lo que dejaron allí, bajo capas de sedimento, ha vuelto a salir a la luz este año y está obligando a repensar cómo se relacionaban aquellas comunidades con el animal más imponente de su entorno: el mamut. Las excavaciones realizadas entre julio y octubre de 2026 en el yacimiento de Breitenbach, dirigidas por el centro de investigación MONREPOS/LEIZA y la Oficina Estatal de Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt, sacaron a la luz una concentración de huesos de mamut, fragmentos de grandes colmillos y piezas de marfil trabajado. Según confirma el propio organismo arqueológico regional, se trata de la primera gran acumulación de restos de este tipo documentada en el lugar desde 1927, casi un siglo después de las primeras excavaciones sistemáticas.

Marcas de corte que cambian la hipótesis

La clave de todo está en algunos huesos que presentan posibles marcas de corte. Esas señales apuntan a que los animales fueron procesados en el propio asentamiento, lo que abre una puerta que hasta ahora permanecía cerrada: la posibilidad de que sus habitantes cazaran mamuts directamente, en lugar de limitarse a aprovechar restos de ejemplares ya muertos. Olaf Jöris, director del proyecto por parte de MONREPOS/LEIZA, resume así el giro de interpretación: «Sin embargo, los nuevos hallazgos sugieren que los cazadores de Breitenbach no solo utilizaron marfil fosilizado, sino que también pudieron haber matado mamuts en el lugar». La prudencia en el verbo no es casual. Las marcas de despiece demuestran que hubo procesamiento de los animales, pero no bastan por sí solas para certificar cómo murieron. Establecer si fueron cazados de forma activa o si los cazadores aprovecharon ejemplares abatidos por otras causas exigirá nuevos análisis sobre los propios cortes, la posición de los restos y su relación con las herramientas de sílex encontradas junto a ellos. Hasta ahora, la lectura dominante sobre Breitenbach sostenía que sus habitantes trabajaban sobre todo marfil fósil, procedente de mamuts muertos mucho antes de que los humanos llegaran a ocupar el enclave. En el yacimiento se habían documentado cuentas perforadas, puntas de proyectil y pequeños fragmentos de figuras talladas en esa materia prima. Los nuevos huesos no descartan ese uso del marfil antiguo, pero añaden una capa de complejidad: junto a esa recogida de material fósil, parece que también hubo acceso directo a mamuts recién muertos.

Un siglo de historia desde el diente de un escolar

La historia arqueológica de Breitenbach arrancó de forma casual en 1924, cuando un escolar encontró un diente de mamut durante unas obras junto a un aserradero de la zona. Tres años después, en 1927, el arqueólogo sueco Nils Niklasson dirigió la primera gran campaña de excavación, en la que se exploraron cerca de 400 metros cuadrados y se recuperaron importantes acumulaciones de huesos de mamut. Las investigaciones modernas retomaron el yacimiento en 2009, dentro de un proyecto conjunto entre MONREPOS/LEIZA y la Oficina Estatal de Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt, que desde entonces ha ampliado la superficie estudiada con técnicas actuales de documentación. La campaña de 2026 ha devuelto al mamut al centro de la interpretación del asentamiento, con hallazgos que no se veían en cantidades comparables desde los trabajos de Niklasson. Este tipo de pesquisas conecta con otros avances recientes sobre las capacidades cinegéticas de los humanos del Pleistoceno. En España, por ejemplo, el yacimiento catalán de Abric Romaní ha permitido documentar lanzas de madera de hasta 2,45 metros fabricadas por neandertales miles de años antes de la ocupación de Breitenbach, una prueba más de que el dominio técnico de la caza mayor se fue gestando mucho antes de lo que se pensaba.

Un campamento al aire libre fuera de lo común

Breitenbach-Schneidemühle ocupa aproximadamente 10.000 metros cuadrados y está considerado el mayor yacimiento al aire libre conocido del Auriñaciense en toda Eurasia occidental, según los datos difundidos por el propio Landesamt. Este periodo del Paleolítico superior, situado aproximadamente entre hace 42.000 y 32.000 años, está ligado a la llegada y expansión de los primeros humanos anatómicamente modernos por Europa. La condición de asentamiento abierto es justamente lo que da un valor añadido al enclave. La mayoría de los yacimientos europeos de esta etapa se conservan en cuevas o abrigos rocosos, espacios reducidos que condicionan de entrada cómo se distribuían las actividades cotidianas. En Breitenbach, la amplitud y el buen estado de conservación del terreno permiten estudiar, a una escala mucho mayor, cómo se organizaba la vida en un campamento prehistórico. Los arqueólogos han identificado lo que parecen ser áreas de trabajo especializado dentro del propio asentamiento. Marcel Weiß, responsable del proyecto por parte de la institución arqueológica de Sajonia-Anhalt, lo explica así: «En Breitenbach, había zonas específicas para el tallado de marfil o el procesamiento de pieles de liebre de las nieves y zorro ártico». Esa distribución del espacio sugiere que las tareas no se hacían al azar por todo el campamento, sino que existía cierta planificación, aunque de ahí no puede deducirse todavía con certeza cómo se repartían esos trabajos entre los miembros del grupo.

Renos, caballos y mamuts: el menú de los cazadores del Auriñaciense

Según detalla Jöris, la base de la alimentación de estas comunidades eran los renos, complementados con caballos con menor frecuencia y, de forma ocasional, ciervos rojos. A ese conjunto se sumaban zorros y liebres, probablemente apreciados sobre todo por sus pieles frente al frío extremo de la última glaciación. El mamut añade ahora una pieza distinta al conjunto. Más allá de su posible aportación a la dieta mediante carne y grasa, sus colmillos ofrecían una materia prima resistente y versátil, con la que se fabricaban tanto objetos prácticos como piezas de valor simbólico. La presencia conjunta de huesos con marcas de corte, colmillos fragmentados y marfil ya trabajado permite reconstruir buena parte de esa cadena de aprovechamiento: desde la obtención del animal hasta la transformación de sus restos en herramientas y adornos. Para quien se mueve en el monte y conoce de primera mano lo que supone acercarse a una pieza de gran tamaño, este tipo de hallazgos tiene un atractivo especial: habla de estrategia, de conocimiento del terreno y del animal, y de una organización de grupo que no dista tanto, en su lógica básica, de la que exige hoy una batida bien planificada. La diferencia, claro, es la escala de riesgo que suponía enfrentarse a un mamut con herramientas de piedra y madera. Breitenbach no cierra todavía el debate sobre si aquellos cazadores mataban directamente a los mamuts o aprovechaban sobre todo animales ya muertos, pero sí debilita con fuerza la idea de que se limitaban a recoger marfil antiguo. La respuesta definitiva dependerá del estudio detallado de los cortes óseos, de la datación precisa de los restos y de su contexto exacto dentro del yacimiento, trabajos que los investigadores de MONREPOS/LEIZA y del Landesamt de Sajonia-Anhalt tienen previsto continuar en próximas campañas.