La caza fue mucho más compleja de lo que se pensaba desde los albores de nuestra especie. Un equipo internacional de investigadores ha encontrado en Sudáfrica la primera prueba directa del uso de venenos vegetales aplicados a puntas de flecha hace aproximadamente 60.000 años, una práctica que hasta ahora se situaba miles de años después en la cronología prehistórica.

El descubrimiento se ha producido en el refugio rocoso de Umhlatuzana, situado en la región de KwaZulu-Natal, al este de Sudáfrica. Allí, los científicos analizaron diez puntas de flecha de cuarzo correspondientes al Pleistoceno tardío y detectaron restos de sustancias tóxicas en cinco de ellas. La investigación, publicada en la revista científica Science Advances, aporta una evidencia excepcional sobre las capacidades tecnológicas y cognitivas de los primeros Homo sapiens, que ya combinaban conocimientos sobre armas, comportamiento animal y propiedades de las plantas para aumentar el éxito de sus capturas.

El veneno procedía de una planta que aún utilizan cazadores africanos

Los análisis químicos realizados sobre las puntas identificaron la presencia de buphanidrina y epibuphanisina, dos alcaloides altamente tóxicos característicos de Boophone disticha, una planta conocida localmente como gifbol.

Vista de las Monk’s Cowl, en la provincia de KwaZulu Natal. © Wikipedia

Se trata de una especie extremadamente venenosa que todavía hoy forma parte del arsenal tradicional de algunos pueblos cazadores del sur de África. La aplicación de este compuesto sobre las puntas permitía que incluso heridas relativamente pequeñas acabaran resultando letales para las presas, aumentando considerablemente la eficacia de la caza.

Según explicó la investigadora Marlize Lombard, los resultados muestran que aquellos grupos humanos «no solo inventaron el arco y la flecha mucho antes de lo que se pensaba, sino que también sabían aprovechar la química presente en la naturaleza para mejorar el rendimiento de sus armas». El hallazgo supone la primera evidencia directa de esta práctica en la prehistoria, ya que hasta ahora los investigadores solo disponían de indicios indirectos relacionados con residuos orgánicos difíciles de interpretar.

Una tradición cinegética transmitida durante miles de generaciones

Uno de los aspectos más sorprendentes del estudio es la continuidad cultural que revela. Los científicos compararon los residuos hallados en las flechas prehistóricas con restos encontrados en armas de apenas 250 años de antigüedad conservadas en colecciones europeas.

Las muestras mostraron la utilización del mismo veneno vegetal, lo que apunta a una tradición transmitida durante decenas de miles de años. Para Sven Isaksson, coautor de la investigación, esta coincidencia fue determinante para confirmar que el conocimiento sobre estas sustancias se mantuvo vivo generación tras generación.

Además, los investigadores comprobaron que los alcaloides presentes en la planta poseen una extraordinaria estabilidad química, permitiendo que aún puedan identificarse tras permanecer enterrados durante milenios.

Mucho más que una simple innovación tecnológica

La utilización de venenos en la caza requiere una cadena de conocimientos mucho más compleja de lo que podría parecer. Implica reconocer las especies vegetales adecuadas, saber procesarlas, comprender sus efectos sobre los animales y planificar estrategias de caza teniendo en cuenta el tiempo necesario para que las toxinas actúen.

Por ello, el descubrimiento refuerza la teoría de que los primeros Homo sapiens del sur de África ya poseían capacidades cognitivas plenamente modernas. Lejos de ser cazadores primitivos equipados con herramientas rudimentarias, estos grupos demostraban una notable capacidad para combinar tecnología, observación de la naturaleza y transmisión cultural del conocimiento.

Para los arqueólogos, el hallazgo abre una nueva ventana al estudio de la evolución humana. Para los cazadores actuales, constituye además un recordatorio de algo que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes: la caza fue uno de los grandes motores de innovación, adaptación y conocimiento del medio natural mucho antes del nacimiento de las primeras civilizaciones.

Carlos Vignau

Redactor especializado en caza mayor y contenidos audiovisuales.

Es la voz de Cazaflix. Licenciado en Periodismo, ha trabajado en medios relacionados con el mundo taurino, la pesca y la caza. Su perfil combina experiencia en prensa escrita con sensibilidad por la narrativa visual, lo que lo convierte en una pieza esencial en la producción de reportajes y documentales de Cazaflix.