El Proyecto Zorzales ha arrancado su séptima temporada con 2.500 cazadores

Fundación Artemisan y Mutuasport reactivan la red de cazadores que aporta censos, jornadas y anillas para estudiar los zorzales en España

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Cada otoño, cuando los zorzales empiezan a bajar hacia el sur y los puestos fijos se llenan de cazadores esperando el paso, miles de colaboradores anónimos rellenan a la vez un formulario o una libreta de campo. Esa rutina, que lleva seis temporadas repitiéndose, vuelve a arrancar en toda España con el inicio de la séptima edición del Proyecto Zorzales, la iniciativa de ciencia ciudadana que convierte cada jornada de caza en un dato útil para gestionar la especie.

La red, impulsada por Mutuasport bajo la dirección científica de la Fundación Artemisan y con la colaboración de la Real Federación Española de Caza y las federaciones autonómicas, ya suma más de 2.500 cazadores de 740 municipios de todo el país. Según detalla la propia Fundación Artemisan, esa colaboración ha permitido reunir datos de más de 12.000 jornadas de caza y 6.000 conteos desde puesto fijo, además de 3.000 censos a pie realizados en 41 provincias españolas con unos 12.000 kilómetros recorridos. A esa cifra se suma la recuperación de información de más de 900 anillas de zorzales, un material que aporta pistas directas sobre cómo y hacia dónde se mueve la especie.

Siete años convirtiendo el monte en laboratorio

El proyecto nació para tapar un vacío que cualquier aficionado al zorzal conoce de sobra: pese a la pasión que despierta esta caza menor en España y en el resto de Europa, los estudios científicos sobre la especie han sido tradicionalmente escasos, mientras las capturas venían registrando una tendencia a la baja en los últimos años. Para corregir esa falta de información nació esta iniciativa, coordinada por la Fundación Artemisan junto a la Unidad de Investigación en Recursos Cinegéticos y Piscícolas de la Universidad de Córdoba y la Asociación de Zorzaleros Españoles.

Los primeros cuatro años del proyecto ya dejaron un balance propio, con 1.436 transectos a pie registrados en 33 provincias, 5.991 jornadas de caza desde puesto fijo, 1.697 jornadas de conteo en días no hábiles y 723 anillas recuperadas, además de once zorzales comunes marcados con GPS que permitieron seguir sus rutas de migración hasta zonas de cría en Finlandia. Aquel trabajo, según resultados difundidos por Mutuasport, sirvió para constatar que las poblaciones de zorzal común y zorzal alirrojo presentan un estado de conservación favorable en España, aunque con fluctuaciones propias de cada temporada. Las cifras actuales del séptimo año amplían ese histórico, aunque ambos balances no siempre comparten exactamente las mismas categorías de medición, así que conviene tomar el crecimiento como una tendencia general más que como una comparación cerrada cifra a cifra.

En España hay cuatro especies de zorzales con aprovechamiento cinegético: el común, el alirrojo, el charlo y el real. No todas corren la misma suerte. El real y el alirrojo son especies completamente migratorias e invernantes que no crían en la Península, mientras que el charlo y el común mantienen población estable durante todo el año. Según los datos manejados por los propios técnicos del proyecto, el alirrojo es la única de las cuatro catalogada como casi amenazada y con tendencia a la baja en Europa, frente a la situación de preocupación menor del resto.

Del cuaderno de campo al formulario del móvil

La mecánica de recogida de información se apoya en tres niveles de colaboración. El primero funciona a través del Observatorio Cinegético y la aplicación CensData, con la que se realizan censos a pie de entre cuatro y seis kilómetros durante el otoño y el invierno. El segundo nivel corresponde a los llamados cotos zorzaleros, fincas con especial interés por la especie donde se recopilan conteos desde líneas de puestos o frentes de caza. El tercero es el que aporta quizá el dato más valioso para la ciencia: la comunicación de las anillas recuperadas en ejemplares abatidos, información imprescindible para conocer las rutas migratorias y la supervivencia real de la especie.

Esta temporada llega con una novedad que agradecerán quienes llevan años rellenando partes en papel al volver del puesto: como ya ocurrió el año pasado, los cazadores podrán enviar sus conteos y jornadas de caza mediante un formulario digital, aunque los manuales de campo tradicionales siguen siendo válidos para quien prefiera ese método. La verdadera mejora llega en el apartado de las anillas, que hasta ahora se comunicaban por vías separadas y que esta temporada se podrán remitir también a través del propio sistema digital, agilizando el envío y reduciendo el margen de error o pérdida de información entre que el cazador encuentra la anilla y el dato llega al equipo científico.

Trece cotos bajo lupa y datos que llegan a Europa

Desde hace dos temporadas, el proyecto mantiene además un seguimiento mucho más fino en 13 cotos piloto repartidos por el país. Allí se realizan censos mensuales, se recopila información detallada sobre el aprovechamiento cinegético y se analiza la estructura de la población mediante muestras de alas procedentes de zorzales cazados, un método que permite estimar la proporción de ejemplares jóvenes y adultos en cada zona y temporada. La fuente consultada no precisa cuántas muestras concretas se han analizado hasta ahora en estos cotos, de modo que ese detalle queda pendiente de una memoria técnica más desglosada.

Para los promotores, el proyecto es un ejemplo del compromiso del sector cinegético con la conservación y demuestra que los cazadores pueden ser actores fundamentales en la generación de conocimiento científico aplicado a la gestión. Aseguran que esos datos ya se tienen en cuenta, tanto en España como en el resto de Europa, en decisiones que afectan a la fauna silvestre y a la actividad cinegética, aunque la comunicación no detalla documentos administrativos concretos en los que se hayan incorporado, algo que convendría contrastar con informes técnicos o normativos específicos antes de darlo por acreditado punto por punto.

Esa aspiración choca, de momento, con un terreno jurídico movido. La caza del zorzal depende de la orden de vedas de cada comunidad autónoma, que fija cada año periodos hábiles, cupos y modalidades propias, y la temporada 2026-2027 ha traído un terremoto inesperado en Madrid: el Tribunal Superior de Justicia de la región suspendió cautelarmente, mediante un auto del 6 de octubre de 2026, la caza de nueve especies de aves, entre ellas el zorzal alirrojo y el zorzal real, tras un recurso presentado por SEO/BirdLife contra la orden autonómica de vedas. La medida afecta a la época hábil comprendida entre el 8 de octubre de 2026 y el 31 de enero de 2027 y a los pasos tradicionales del 15 de octubre al 15 de noviembre, y deja fuera de la prohibición al zorzal común y al zorzal charlo, que sí pueden seguir cazándose en la región mientras se resuelve el fondo del recurso. En otras comunidades la temporada sigue su curso habitual: en Extremadura el zorzal común se caza en puesto fijo entre el 1 de noviembre y el 10 de febrero con un cupo de 40 ejemplares entre todas las especies, mientras que en Castilla y León la paloma torcaz y los zorzales en pasos tienen periodo hábil del 1 de octubre al 14 de febrero sin límite semanal de días para esa modalidad concreta. Conviene recordar que estas fechas pueden variar por provincia y quedar condicionadas a recursos judiciales como el madrileño, así que cada cazador debe confirmar el calendario vigente en su comunidad antes de salir al campo.

Una red que crece junto a otros proyectos similares

El Proyecto Zorzales no es un caso aislado dentro del paraguas de Mutuasport y Fundación Artemisan. La misma fórmula de ciencia ciudadana se ha extendido a otras especies, como demuestra la experiencia acumulada en ediciones anteriores de esta misma iniciativa o el trabajo del Observatorio Cinegético, que en su última campaña de aves migratorias invernantes logró movilizar a más de 160 cazadores voluntarios que recorrieron 2.740 kilómetros y realizaron 599 censos, un 30% más que el año previo. Un modelo parecido se ha aplicado también a otras especies, como recoge la experiencia del proyecto AQUAVES para el seguimiento de aves acuáticas en humedales españoles.

Quienes quieran sumarse al Proyecto Zorzales esta temporada, ya sea para colaborar con censos, remitir información de sus jornadas de caza o comunicar una anilla recuperada, pueden contactar directamente con el equipo científico a través del correo electrónico zorzales@fundacionartemisan.com o mediante WhatsApp en el número 639 714 368, los mismos canales que la organización lleva utilizando desde el inicio del proyecto.

El reto, como en cualquier esfuerzo de ciencia ciudadana, sigue siendo el mismo: que la cantidad de datos no se traduzca solo en cifras más grandes de un año para otro, sino en información lo bastante sólida y homogénea como para que gestores y administraciones puedan apoyarse en ella a la hora de fijar fechas, cupos y criterios de aprovechamiento. De momento, la apuesta de miles de cazadores por rellenar un formulario cada vez que vuelven del puesto sigue siendo la base de todo el edificio.