Por qué algunos ciervos apenas berrean y otros no paran de hacerlo: esto es lo que ocurre en el monte

Durante la berrea podemos escuchar machos que braman insistentemente durante largos periodos mientras otros permanecen mucho más discretos. La presencia de hembras y competidores, el momento del celo, la edad o las condiciones ambientales ayudan a explicar por qué no todos los venados se comportan de la misma manera.

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Estamos en plena berrea y estos días basta acercarse al amanecer o al atardecer a muchos de nuestros montes para escuchar uno de los sonidos más característicos del otoño. Los bramidos pueden sucederse prácticamente sin descanso cuando la actividad es intensa, pero quien dedique un rato a observar a los venados descubrirá algo curioso: no todos participan de la misma manera. Mientras algunos machos parecen empeñados en hacerse escuchar por toda la sierra, otros permanecen sorprendentemente silenciosos incluso cuando se encuentran relativamente cerca.

La explicación es que la berrea no funciona como un interruptor que se enciende simultáneamente en todos los ciervos. El comportamiento de cada macho responde a lo que está ocurriendo a su alrededor, a su estado, a la presencia de hembras y rivales y al propio momento en el que se encuentre el periodo reproductor.

Ciervo en berrea
Ciervo en berrea. © Shutterstock

Berrear también es enviar un mensaje

El bramido no es simplemente el sonido que acompaña al celo. Forma parte de la comunicación entre los animales y permite que los machos hagan notar su presencia en el territorio.

Otros venados pueden escuchar esas vocalizaciones y responder. De esta forma, mucho antes de encontrarse frente a frente, los animales ya disponen de información sobre la presencia de competidores.

Para las hembras, toda esta actividad también forma parte del escenario reproductivo. Por eso una zona donde se concentra un buen número de ciervas puede transformarse durante estos días en uno de los puntos acústicamente más activos del monte.

Donde hay hembras cambia la situación

La presencia de ciervas constituye una de las claves para entender por qué determinados machos mantienen una actividad tan intensa. Un venado que se encuentra acompañando a un grupo de hembras tiene motivos para permanecer pendiente tanto de ellas como de los posibles competidores que intenten acercarse. Los bramidos forman parte de ese despliegue.

En otra zona del mismo monte puede haber machos con una situación completamente distinta. Por eso resulta perfectamente posible escuchar una actividad extraordinaria en una ladera y encontrar mucho más silencio unos cientos de metros más allá.

Por otro lado, cualquiera que haya escuchado una buena berrea conoce esas secuencias en las que un venado brama y, pocos segundos después, otro responde desde otro punto. La presencia de competidores puede incrementar notablemente la actividad vocal. Cuando varios machos ocupan una misma zona, sus interacciones pueden generar auténticos diálogos que se prolongan durante un buen rato.

No todas esas situaciones terminan en un enfrentamiento físico. La comunicación y las exhibiciones forman parte del sistema mediante el cual los animales interactúan y valoran a sus competidores.

Un gran venado también puede permanecer callado

Uno de los errores que podemos cometer cuando escuchamos el monte consiste en pensar que los animales que más suenan son necesariamente los únicos machos importantes de la zona.

Un venado puede permanecer temporalmente en silencio por multitud de razones. Puede estar desplazándose, descansando, acompañando a hembras o simplemente encontrarse en un momento de menor actividad.

Un ciervo.
Un ciervo. © Shutterstock.

Por eso el silencio nunca demuestra por sí solo que en una zona no haya buenos ejemplares. Quienes pasan muchas horas observando la berrea saben perfectamente que algunos venados pueden aparecer casi sin haber anunciado previamente su presencia.

La actividad tampoco permanece constante durante todas las semanas del celo. Existe una evolución y puede haber jornadas especialmente intensas seguidas de otras aparentemente mucho más tranquilas. El número de hembras receptivas en cada momento influye en la actividad de los machos. Tampoco todas las zonas alcanzan necesariamente su máximo al mismo tiempo.

Por eso comparar lo escuchado un día concreto con otra jornada celebrada una semana antes puede conducir a conclusiones equivocadas.

Amanecer y atardecer, los grandes momentos

La berrea suele hacerse especialmente evidente durante las horas de menor luz. Amanecer y atardecer son momentos magníficos para escuchar la actividad de los venados.

Durante las horas centrales, especialmente cuando las temperaturas son elevadas, el comportamiento puede cambiar y la actividad que percibimos disminuir considerablemente. Esto explica algunas de esas jornadas en las que llegamos al campo al caer la tarde y parece completamente muerto hasta que, con la bajada de la luz y de la temperatura, comienzan a escucharse los primeros bramidos

Las condiciones meteorológicas también afectan a nuestra percepción de la berrea y al comportamiento de los animales. Las temperaturas elevadas pueden reducir la actividad durante determinados periodos, mientras que jornadas más frescas favorecen que el movimiento resulte más perceptible. El viento, además, modifica extraordinariamente nuestra capacidad para localizar los sonidos.

La orografía añade otra dificultad. Una vaguada o una pared rocosa pueden hacer que un bramido parezca proceder de un lugar diferente o que estimemos mal su distancia.

Berrear mucho no significa necesariamente ser el mayor

Este es otro de los errores que conviene evitar. La potencia o frecuencia de los bramidos no debería utilizarse como un método infalible para determinar la edad o el tamaño de un venado. La voz puede proporcionar información y un observador experimentado aprenderá a reconocer diferencias, pero valorar correctamente un animal requiere verlo y estudiar el conjunto de sus características. En el monte pocas cosas funcionan mediante una única regla.

Quizá una de las cosas más interesantes de observar el celo del ciervo sea descubrir que la berrea es mucho más que una sucesión de bramidos. Hay desplazamientos, vigilancia, persecuciones, aproximaciones entre machos y largos periodos durante los que aparentemente no ocurre nada.

Por eso dos venados situados en una misma sierra pueden comportarse de maneras completamente diferentes. La próxima vez que escuches un macho bramando sin descanso mientras otro permanece callado, recuerda que ambos están viviendo la misma berrea. Simplemente, la situación que tienen delante no tiene por qué ser la misma.