Charlie Mellor lleva más de dos décadas dedicando su vida a recuperar una de las aves más emblemáticas de las campiñas británicas. Su trabajo demuestra que la gestión del hábitat, el control de depredadores y el compromiso de los propietarios pueden revertir el declive de la biodiversidad.
La recuperación de la perdiz pardilla (Grey Partridge) en algunas fincas del Reino Unido se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de cómo la gestión cinegética puede beneficiar a todo un ecosistema. Así lo explica Charlie Mellor, guarda de caza y responsable de conservación en una finca inglesa, que ha dedicado su carrera profesional a devolver esta especie a unos campos de los que prácticamente había desaparecido.
Mellor recuerda que su pasión nació siendo apenas un niño, cuando vio cómo las perdices pardillas dejaban de estar presentes en la pequeña explotación familiar donde había crecido, en Suffolk. Aquella desaparición despertó en él una vocación que hoy se ha convertido en una referencia dentro de la conservación de aves agrícolas.
Mucho más que salvar una especie
Aunque la perdiz pardilla es el motor del proyecto, Mellor explica que pronto comprendió que protegerla suponía recuperar mucho más que una única especie.
«Cuando la perdiz está bien, también lo están los avefrías, los zarapitos, los escribanos trigueros, las alondras y muchas otras especies», resume durante el documental.
La filosofía de trabajo consiste en restaurar las condiciones que existían antes de la intensificación agrícola de la segunda mitad del siglo XX, cuando el uso masivo de herbicidas y pesticidas redujo drásticamente las plantas arvenses y los insectos, base de la cadena alimentaria de las aves de medios agrícolas.
Hábitat para la fauna sin renunciar a la producción
El modelo aplicado en la finca combina agricultura productiva y conservación. Aproximadamente un 15 % de la superficie se destina a márgenes florales, cubiertas invernales y refugios para la fauna, mientras que el resto continúa explotándose de forma intensiva para mantener una elevada producción de cereal.
Las franjas florales se sitúan estratégicamente en las orientaciones más soleadas tras realizar estudios entomológicos que permiten maximizar la presencia de insectos, fundamentales para la supervivencia de los pollos durante sus primeras semanas de vida.
El control de depredadores, una labor diaria
Entre febrero y principios de agosto el equipo realiza una intensa campaña de control de depredadores. Durante esos meses se revisan diariamente las trampas y se controla la presencia de zorros y córvidos para proteger a las aves durante el periodo de incubación y crianza.
Según Mellor, se trata de un trabajo constante que no admite descansos y que resulta imprescindible para que las poblaciones de perdiz pardilla puedan recuperarse. Sin embargo, ni siquiera una gestión impecable garantiza el éxito. Las bajas temperaturas y las lluvias durante la eclosión de los pollos siguen siendo el principal factor de mortalidad.
Durante el documental, Mellor muestra un pollo muerto tras una noche especialmente fría y recuerda que, mientras el hábitat y la depredación sí pueden gestionarse, la meteorología continúa siendo el único elemento completamente fuera del control humano. Para el conservacionista británico, la perdiz pardilla es una de las aves más fascinantes del campo europeo. Destaca especialmente el papel del macho durante la reproducción, acompañando a la hembra, protegiendo el nido y participando activamente en el cuidado de los pollos, un comportamiento poco habitual entre las aves.
La especie también destaca por el enorme tamaño de sus puestas. En la finca llegaron a registrar en 2014 una pareja que consiguió sacar adelante nada menos que 24 pollos, un dato excepcional que ilustra el enorme potencial reproductivo de la especie cuando encuentra las condiciones adecuadas.
La clave: propietarios comprometidos
Mellor insiste en que nada de esto sería posible sin el apoyo decidido del propietario de la finca. Considera que disponer de financiación, una visión compartida y la voluntad de invertir durante años en conservación resulta tan importante como el propio trabajo de campo.
A su juicio, la recuperación de la perdiz pardilla demuestra que la caza y la conservación no solo pueden convivir, sino que, cuando la gestión se orienta a mantener poblaciones silvestres saludables, ambas se convierten en aliadas para devolver la biodiversidad al medio rural.
