Hay coches que pasan por el mercado y otros que terminan formando parte del paisaje. El Mitsubishi Montero pertenece al segundo grupo. Durante décadas ha recorrido pistas, dehesas, sierras y caminos al servicio de cazadores, agricultores, ganaderos y profesionales del medio rural, hasta ganarse un hueco en el imaginario cinegético español que pocos modelos pueden presumir de tener.
Su historia incluye una coincidencia que no ha pasado desapercibida entre los aficionados a la caza: internacionalmente el vehículo se llama Pajero, pero en España se comercializó como Montero. Esa denominación conecta de inmediato con el lenguaje de la montería, donde el montero es una figura central de la cacería tradicional. Según ha explicado el propio fabricante, adoptó históricamente ese nombre por las connotaciones que tiene la palabra japonesa original en nuestro idioma, de modo que el cambio respondió a un motivo lingüístico, no a una estrategia comercial pensada para el mundo de la caza. Aun así, la casualidad hizo el resto: un coche robusto con nombre de cazador terminó siendo, con los años, el coche de los cazadores.
De Japón a los montes españoles
La primera generación del Pajero apareció en 1982 y llegó a España cinco años después bajo la denominación Montero, con un éxito notable desde el primer momento. A lo largo de cuatro generaciones, Mitsubishi comercializó el modelo en más de 170 países, acumulando unas ventas superiores a los 3,25 millones de unidades en todo el mundo.
La segunda generación amplió espacio y confort y popularizó sistemas de tracción como el Super Select, que permitía adaptar la transmisión a distintas superficies sin bajar del coche. Para un cazador, esa combinación resultaba especialmente práctica: podía recorrer carretera hasta el coto y continuar por una pista embarrada sin cambiar de vehículo. Las generaciones posteriores incorporaron más electrónica y comodidad, pero también modificaron la arquitectura del chasis: la tercera generación, nacida en 1999, abandonó el bastidor de largueros tradicional por una carrocería autoportante, y dos años antes el Montero Evolution ya había estrenado suspensiones traseras independientes. Esa diferencia técnica importa a la hora de comprar: no todos los Montero se comportan igual en terreno duro ni se preparan de la misma manera.
La producción internacional del modelo se detuvo en 2021, después de casi cuarenta años en el mercado. Buena parte de su prestigio se forjó en el Rally Dakar, donde Mitsubishi sumó doce victorias, incluidas siete consecutivas, con la familia Pajero. Aquellos triunfos construyeron una reputación de resistencia que terminó trasladándose de la competición al mercado civil, y que explica en buena medida por qué el modelo sigue generando tanta fidelidad entre quienes lo usan a diario en el campo.
Por qué se ganó un sitio entre los cazadores
Un coche de caza no se elige por su apariencia. Tiene que avanzar despacio sobre terreno roto, mantener tracción en pendiente, cargar perros y material, y aguantar barro y polvo sin convertir cada salida en una visita al taller. El Montero reunió esas condiciones en distintos momentos de su historia gracias a la reductora, presente en numerosas versiones, que permite circular a baja velocidad multiplicando la fuerza en las ruedas; resulta decisiva para afrontar una subida complicada, bajar con control o mover un remolque sin castigar el embrague.
Las carrocerías cortas ofrecían una batalla contenida y más facilidad para maniobrar en caminos estrechos, mientras que las largas aportaban espacio para pasajeros, botas, herramientas y material de monte. Esa variedad permitió que el modelo se adaptase tanto al cazador que buscaba un coche manejable como a cuadrillas y profesionales que necesitaban más capacidad de carga.
La guía de Cazaflix sobre cómo comprar un todoterreno de segunda mano para cazar sitúa precisamente al Montero entre los vehículos con bastidor independiente —junto al Nissan Patrol, el Toyota Land Cruiser o el Santana— que mejor resisten los esfuerzos propios de la actividad cinegética, y recomienda revisar los bajos en busca de óxido o reparaciones mal hechas antes de comprar una unidad usada, un consejo que cobra especial sentido en un modelo cuya arquitectura cambió a mitad de su trayectoria.
Qué revisar antes de meterlo en el monte
La edad no condena por sí sola a un Montero, pero obliga a comprar con cuidado. Conviene inspeccionar los bajos buscando corrosión, golpes o fugas, y probar la tracción total y la reductora comprobando que realmente trabajan, porque que la palanca se mueva no garantiza que el sistema esté funcionando. Antes de una jornada de caza es prudente revisar la presión de los neumáticos en frío según las especificaciones del fabricante, llevar la rueda de repuesto comprobada y el gato en condiciones, y elegir una cubierta acorde al uso real del coche, porque una rueda muy orientada al barro puede empeorar el comportamiento y la frenada en carretera.
Otro hábito útil consiste en limpiar los bajos después de circular por barro y comprobar que no han quedado ramas o piedras atrapadas junto a elementos calientes o piezas móviles. Conviene también respetar los intervalos de mantenimiento del motor, la transmisión y los diferenciales según el manual de cada versión, y si el vehículo trabaja habitualmente en polvo o terreno exigente, consultar en un taller si corresponde aplicar el programa de mantenimiento previsto para uso severo. Las modificaciones —suspensión elevada, cabrestante, ruedas sobredimensionadas— exigen comprobar antes sus implicaciones en la inspección técnica y la homologación, porque pueden complicar más de lo que ayudan si no se instalan con criterio.
Mercado de segunda mano: un clásico que sigue circulando
El Montero lleva varios años sin comercializarse como modelo nuevo en España, lo que ha desplazado todo el interés hacia el mercado de ocasión. Según los datos de Coches.net, el precio medio de un Mitsubishi Montero de segunda mano rondaba los 12.978 euros sobre más de 400 anuncios publicados en la plataforma a mediados de octubre de 2026, aunque el rango real es mucho más amplio: unidades antiguas con alto kilometraje se anuncian por debajo de los 8.000 euros, mientras que ejemplares recientes, con pocos kilómetros y acabados cuidados, superan los 30.000 euros. El rastreador de anuncios AlertaCoches, que cruza varios portales, registraba en septiembre de 2026 más de 1.100 anuncios activos en toda España con una horquilla de precios igualmente dispersa.
Conviene no confundir al Montero clásico con el Montero Sport, una denominación distinta ligada a otro producto según mercado y año. Para quien busque un ejemplar destinado al monte, lo razonable es fijarse menos en el año de matriculación y más en el estado de bajos y suspensión, el historial de mantenimiento y si la unidad ha trabajado en el campo de forma coherente, tal y como recomienda la propia guía de compra de todoterrenos usados de Cazaflix.
El Montero vuelve: Mitsubishi confirma su regreso para 2026
La noticia que ha devuelto al Montero a la actualidad reciente es su resurrección. Mitsubishi presentó el pasado 2 de septiembre de 2026 la nueva generación del Pajero, el mismo modelo que en España volverá a llamarse Montero si finalmente se comercializa aquí. El nuevo todoterreno recupera un bastidor de largueros y travesaños —la construcción clásica sobre chasis separado, abandonada en 1999 a favor de la carrocería autoportante— y estrena el sistema de tracción integral S-AWC, heredado de la pick-up Triton, sobre cuya base mecánica se ha desarrollado el nuevo modelo.
Por el momento, Mitsubishi no ha confirmado si el nuevo Montero llegará a España ni en qué fecha, y las primeras informaciones apuntan a que la fabricación se realizará en Tailandia. El fabricante tampoco ha cerrado las motorizaciones, aunque todo apunta a una base diésel biturbo de 2.4 litros similar a la del Triton, con una posible variante híbrida todavía por confirmar. Para los cazadores que llevan años esperando ver de nuevo un Montero nuevo en el concesionario, la noticia es una buena señal, aunque conviene no precipitarse: ni el desembarco en Europa ni los plazos están garantizados todavía.
La normativa: no todo monte está abierto al 4×4
Tener un todoterreno capaz no da permiso para circular por cualquier pista. En España, la Ley de Montes 43/2003 establece como norma general que la circulación de vehículos a motor fuera de carreteras, caminos o pistas habilitadas está prohibida, y cada comunidad autónoma desarrolla su propia regulación sobre montes, vías pecuarias y espacios protegidos. En Castilla y León, el Decreto 4/1995 permite con carácter general la circulación en montes y vías pecuarias, pero prohíbe circular por sendas o campo a través, exige silenciador y contempla multas de hasta 6.000 euros. En Aragón, el Decreto 96/1990 también admite la circulación por los montes autonómicos salvo en caminos señalizados como prohibidos, con un límite de velocidad de 30 km/h y restricciones para circular en grupos de más de cinco vehículos. Cataluña, por su parte, aprobó la pionera Ley 9/1995 de acceso motorizado al medio natural, que prohíbe circular por pistas de menos de cuatro metros de ancho, campo a través o por cauces de agua, con multas que van de 60 a 30.000 euros; esa norma fue posteriormente modificada por la Ley 12/2006 y la Ley 10/2011. Andalucía, sin una ley específica para la circulación recreativa, prohíbe en su Reglamento Forestal circular campo a través, por cortafuegos o por vías pecuarias, con un límite de 40 km/h.
La consecuencia práctica para quien lleva el Montero al coto es sencilla: antes de entrar hay que comprobar la señalización, la titularidad del camino, las reglas del propio coto y la normativa autonómica correspondiente. Circular campo a través o interpretar la ausencia de una barrera como autorización puede acarrear sanciones que, según la comunidad, llegan a varios miles de euros. Cuando exista duda, lo más prudente es preguntar al titular del terreno o a la administración competente antes de meter el coche entre jaras y matorral.
El Mitsubishi Montero se ganó su sitio en el campo español por una combinación poco habitual: nombre, capacidad todoterreno y utilidad cotidiana. Su legado sigue vivo en las unidades que todavía trabajan en cotos y fincas, y puede que pronto tenga continuidad en un modelo completamente nuevo. Pero mientras llega esa confirmación, lo que mantiene a un Montero en servicio no es la fama, sino el mantenimiento constante, una compra bien revisada y el mismo respeto por los caminos que exige el resto del monte.
