Un hombre de 63 años, investigado en un caso de supuesto furtivismo en Navarra

Guardia Civil y Guarderío de Navarra destapan tres años de furtivismo en los Robledales de Ultzama, espacio de la Red Natura 2000

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Un hombre de 63 años y nacionalidad española está siendo investigado por un presunto delito contra la flora y la fauna tras una operación conjunta del SEPRONA de la Guardia Civil y el Guarderío de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra. El caso, conocido el 27 de octubre, se centra en terrenos del paisaje protegido de los Robledales de Ultzama y Basaburua, un espacio incluido en la Red Natura 2000 donde se habrían desarrollado actividades de caza furtiva con dispositivos prohibidos, entre ellos un visor nocturno y un silenciador.

Tres años de vigilancia hasta dar con el presunto furtivo

La investigación no nace de una denuncia puntual, sino de un trabajo de campo sostenido. Según la información facilitada por los dos cuerpos, las primeras actuaciones se remontan a marzo de 2023, cuando personal del Guarderío de Medio Ambiente, durante sus labores habituales de vigilancia, detectó indicios de actividad cinegética irregular en la zona. A partir de ahí se desplegaron vigilancias discretas que permitieron documentar la presencia de personas en puntos utilizados para atraer fauna silvestre. Ese material, las imágenes obtenidas sobre el terreno, pasó después a manos del SEPRONA de Pamplona, que asumió la parte de investigación policial propiamente dicha. El resultado de juntar ambas patas del trabajo —el ojo entrenado del guarda que conoce cada sendero y cada majano del valle, y la capacidad de instrucción del instituto armado— fue clave para llegar a identificar al presunto autor. Es el mismo patrón que se repite en otros operativos recientes contra el furtivismo, como el que dejó detenidos a dos presuntos furtivos en la Sierra de Gredos con un arma manipulada, un silenciador y visores térmicos en el coche.

Con autorización judicial se practicaron dos entradas y registros en inmuebles vinculados al investigado, además de una inspección en una explotación ganadera de su propiedad. El balance del operativo fue contundente: cuatro armas largas —dos rifles y dos escopetas—, dos silenciadores, un visor térmico, munición abundante, linternas, cuchillos, reclamos y prendas de camuflaje. Entre el material destacaba una escopeta con el cañón recortado y un rifle del calibre .22 con un silenciador acoplado. Los agentes detectaron además posibles irregularidades en las condiciones de almacenamiento de varias de las armas. Las diligencias han pasado a la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Pamplona.

Un valle de robles milenarios con fauna protegida

Los Robledales de Ultzama y Basaburua no son un monte cualquiera. El espacio fue declarado paisaje protegido en 2006 y forma parte de la Red Natura 2000 como Zona Especial de Conservación desde ese mismo año, con una superficie protegida que ronda las 8.237 hectáreas repartidas entre Ultzama, Basaburua, Odieta y otros términos municipales. En su núcleo más estricto, el lugar de importancia comunitaria ocupa 2.274,65 hectáreas donde conviven robledales de roble pedunculado, hayedos acidófilos y bosques aluviales, hábitats que la normativa europea protege de forma expresa. La fauna que cobija el espacio incluye, según los datos de designación del lugar, especies como el murciélago de bosque o la mariposa doncella, además de aves rapaces como el milano real y el milano negro, que utilizan los robledales para criar y la campiña circundante para alimentarse. Es precisamente esa combinación de bosque maduro, pastizal y presencia de piezas de caza menor lo que convierte a la zona en un punto sensible para cualquier actividad cinegética fuera de control: donde hay refugio de fauna silvestre, cualquier intrusión con medios prohibidos pesa el doble, tanto en términos legales como de daño al equilibrio del entorno.

Silenciadores, visores nocturnos y rifles recortados: qué dice la ley en Navarra

La Ley Foral 17/2005, de Caza de Navarra, dedica su artículo 39 a enumerar los medios prohibidos para cazar, y ahí aparecen con nombre propio los elementos intervenidos en Ultzama. El texto prohíbe expresamente las armas provistas de silenciador o de visor para el disparo nocturno, igual que los rifles de calibre .22 de percusión anular o las armas semiautomáticas con cargador superior a dos cartuchos. Cazar con cualquiera de estos medios sin autorización administrativa está tipificado como infracción grave, y la simple tenencia o utilización sin permiso de armas con silenciador o visor nocturno constituye, además, una infracción específica recogida en el régimen sancionador foral. El silenciador, en concreto, tiene un problema añadido que va más allá de la normativa cinegética: el Reglamento de Armas estatal lo incluye directamente entre los objetos prohibidos con carácter general, no solo para cazar. La norma veta su publicidad, compraventa, tenencia y uso salvo para funcionarios especialmente habilitados, de modo que llevarlo acoplado a un rifle no es una simple infracción administrativa de caza, sino que puede suponer también una conducta perseguible penalmente. No conviene confundir, en cualquier caso, visor nocturno y visor térmico: el primero amplifica la poca luz disponible, el segundo detecta diferencias de temperatura, pero ambos están vetados cuando se usan para disparar de noche sobre un animal. La escopeta con el cañón recortado añade otra capa de complejidad técnica. Una modificación de ese tipo puede alterar la clasificación reglamentaria del arma y su correspondencia con la guía de pertenencia, el documento que acredita legalmente su titularidad y características. Si el cañón recortado no coincide con lo declarado, el arma deja de estar amparada por esa guía y pasa a un terreno mucho más delicado desde el punto de vista penal.

Cuando el armero no cumple: la custodia también es ley

El episodio de Ultzama no solo habla de medios de caza prohibidos; también apunta a presuntas irregularidades en cómo se guardaban las armas. El Reglamento de Armas exige que las armas de las categorías que requieren licencia se almacenen en armarios o cajas metálicas con cerradura de seguridad, habitualmente armeros homologados anclados a pared o suelo, y recomienda mantener la munición separada del arma. La Guardia Civil puede inspeccionar esas condiciones en el domicilio, ya sea de forma rutinaria al tramitar una guía de pertenencia o a raíz de una denuncia o incidencia como esta. Un armero inadecuado, visible desde el exterior o sin anclar no es un detalle menor: puede abrir, por sí solo, un expediente distinto al de la propia investigación por furtivismo.

Lo que debe recordar el cazador que cumple las reglas

Para el cazador que sale al monte con la licencia en regla y el seguro al día, casos como este son un recordatorio incómodo pero útil. No basta con tener la documentación del arma en orden: conviene revisar antes de cada jornada que el plan de ordenación del coto permite la modalidad y la especie que se persigue, que no se pisa una zona de refugio de fauna como las que protege este paraje navarro, y que ningún accesorio del equipo —óptica, munición, silenciador— roza alguna de las prohibiciones del artículo 39. También conviene recordar que guardar mal un arma, aunque sea legal, puede acarrear su propio expediente administrativo, independiente de cualquier otra infracción. El uso de medios prohibidos puede derivar en sanciones administrativas que, en casos graves, se acompañan de la retirada de licencias y armas; y cuando concurren los elementos que marca el Código Penal, en una investigación por delito contra la fauna, como ocurre ahora en Ultzama. Nada de esto tiene que ver con la caza legal, ordenada y vigilada que practica la inmensa mayoría de cazadores forales, que son además los primeros interesados en que el furtivismo no empañe la imagen de un aprovechamiento que, bien gestionado, convive con la conservación del monte. La investigación deberá determinar ahora qué uso se dio realmente al material intervenido y qué autorizaciones, si las había, amparaban al investigado, cuya condición de tal no implica culpabilidad mientras no se resuelva el procedimiento.