El jabalí vuelve a estar en el punto de mira científico. Esta vez no por sus daños agrícolas ni por su expansión urbana, sino por su papel como hospedador de patógenos transmitidos por garrapatas, concretamente los causantes de la babesiosis y la anaplasmosis, enfermedades que pueden afectar tanto a fauna como a humanos. Así lo revela un estudio que recopila 15 años de investigaciones sobre jabalíes europeos.
El trabajo, liderado por investigadores rumanos, repasa decenas de estudios científicos sobre estas enfermedades emergentes. Aunque España aparece en verde en el mapa elaborado por los autores —sin casos detectados—, la creciente distribución del jabalí (Sus scrofa) y la presencia de garrapatas infectadas dibujan un escenario epidemiológico complejo en varias regiones del continente.

Un huésped ideal para enfermedades silenciosas
La proliferación del jabalí en Europa, desde la península ibérica hasta el este de Rusia, ha creado un contexto propicio para la propagación de enfermedades zoonósicas. Estos animales actúan como puentes entre fauna silvestre, animales domésticos y entornos humanos, facilitando la circulación de patógenos que, en determinadas circunstancias, pueden cruzar la barrera de especie.
Las garrapatas son el vector central en este proceso. Entre las especies más implicadas destacan Dermacentor marginatus y Rhipicephalus bursa, mientras que Ixodes ricinus, aunque más común, tiene un papel más secundario.
Babesiosis y anaplasmosis: dos amenazas poco visibles
La babesiosis, provocada por protozoos del género Babesia, causa síntomas como anemia, fiebre o hemoglobinuria. La anaplasmosis, causada por Anaplasma phagocytophilum, puede provocar fiebre, adelgazamiento e incluso la muerte. Ambas enfermedades son difíciles de diagnosticar, especialmente en países donde la prevalencia es baja y los síntomas pueden confundirse con otras patologías.
En el caso de España, los estudios muestran una prevalencia del 0 %, aunque los científicos advierten de que la metodología influye en los resultados. «Las diferencias entre países pueden deberse tanto a factores epidemiológicos reales como a variaciones en los métodos de muestreo y análisis», señala el estudio.

Uno de los hallazgos más interesantes es que detectar ADN de patógenos en garrapatas no implica riesgo inmediato. En muchos casos, las bacterias o protozoos no están en condiciones de ser transmitidos, o bien requieren varias horas de fijación al hospedador para completar la infección, lo que reduce las probabilidades de contagio si se actúa con rapidez.
Europa necesita protocolos homogéneos
Los autores subrayan la necesidad urgente de armonizar los protocolos de muestreo y diagnóstico en toda Europa. La diversidad actual de métodos y criterios impide comparar resultados entre países y dificulta la adopción de medidas sanitarias coordinadas.
«Estos datos ponen de relieve la necesidad de metodologías estandarizadas», concluyen. Solo con una base científica sólida será posible prevenir brotes y anticipar riesgos sanitarios derivados de la fauna silvestre, en un contexto donde la caza, la ganadería y la salud pública están cada vez más interconectadas.





