En un momento en el que muchas prácticas cinegéticas se juzgan sin contexto, Mutuasport recupera en un vídeo una de las tradiciones más desconocidas de la caza menor. Empatillar —o apiolar— una liebre no es maltrato ni una acción con el animal vivo, sino una técnica ancestral de transporte que hoy pocos saben explicar con propiedad.
Durante décadas, el lenguaje y los gestos de la caza se transmitieron de forma oral, en el campo y entre generaciones. Muchas de esas palabras hoy resultan ajenas incluso para algunos cazadores jóvenes. Empatillar una liebre es una de ellas. En el vídeo difundido por Mutuasport es Aureo Grande, miembro de la junta directiva de la Sociedad de Cazadores de Carrión de Calatrava, quien se encarga de mostrar cómo se hacía tradicionalmente esta técnica y explicar por qué tenía sentido en la caza de antes.
No habla desde la teoría ni desde un manual, sino desde la experiencia directa. Su explicación, clara y pausada, devuelve contexto a un término que a menudo se malinterpreta cuando se saca de su entorno natural.
Qué significa realmente empatillar (o apiolar) una liebre
Empatillar una liebre consiste en atar sus patas traseras una vez abatida, tradicionalmente utilizando sus propios tendones o una cuerda. De este modo, la pieza podía transportarse colgada, normalmente en un palo y junto a otras capturas, durante toda la jornada de caza.
Es importante subrayarlo: se trata de una práctica posterior al lance, sin relación alguna con el sufrimiento del animal. Forma parte de una forma de cazar ligada al desplazamiento a pie, a jornadas largas y a un aprovechamiento práctico de los medios disponibles en cada época.

Para qué se utilizaba esta técnica tradicional
La explicación de Aureo Grande en el vídeo deja claro que empatillar tenía una función muy concreta. Permitía facilitar el transporte, colgar varias piezas juntas y conservarlas mejor hasta el final del día, evitando que se deterioraran durante largas caminatas.
Términos como apiolar o empiolar, hoy prácticamente en desuso, eran habituales en el vocabulario del cazador. Su desaparición va de la mano del abandono del medio rural y de la pérdida de una cultura cinegética que se aprendía observando y haciendo, no leyendo.
Un conocimiento que también es patrimonio cultural
El vídeo de Mutuasport no solo muestra una técnica, sino que rescata un saber que forma parte del patrimonio cultural de la caza. Entender estas palabras es entender cómo se cazaba, cómo se vivía el campo y por qué muchas prácticas tenían una lógica incuestionable en su contexto histórico.
Recuperar este vocabulario no es mirar al pasado con nostalgia, sino conservar la memoria de una actividad que sigue viva y que necesita ser explicada con rigor para evitar juicios simplistas nacidos del desconocimiento.
📽️ Vídeo publicado por Mutuasport, con la participación de Aureo Grande, miembro de la junta directiva de la Sociedad de Cazadores de Carrión de Calatrava.






