Las abruptas sierras de Alicante esconden una de las experiencias cinegéticas más exigentes de la península. Entre barrancos profundos, laderas imposibles y fuertes vientos, Azahara López y Pedro Tudela protagonizan un intenso rececho de arruí en Alicante que termina con el lance sobre un espectacular macho. La jornada, además, sirve para poner a prueba el nuevo rifle Sako 90 Adventure en uno de los escenarios más duros que puede afrontar un cazador de montaña.
Muy cerca de la imagen turística de Benidorm se extiende un territorio salvaje donde habita el arruí (Ammotragus lervia), un gran mamífero originario del norte de África que encontró en estas montañas un hábitat ideal. Allí, entre cortados rocosos y barrancos inaccesibles, se desarrolla una cacería marcada por la paciencia, la observación y la capacidad de adaptación al terreno.
Tras los pasos de un gran macho de arruí
La aventura comienza cuando Pedro Tudela, guía profesional y uno de los mayores conocedores de la especie, localiza una numerosa manada compuesta por más de 30 ejemplares. La falta de luz obliga a posponer la entrada hasta el día siguiente, confiando en que los animales permanezcan en la misma zona gracias a la estabilidad del viento.
Con las primeras luces del amanecer, Pedro y Azahara regresan al lugar. El viento sigue soplando con fuerza, una circunstancia que condiciona cada movimiento. Los arruíes buscan refugio en las laderas resguardadas mientras los cazadores intentan ganar posición sin ser descubiertos. En una especie tan vigilante, cualquier error puede provocar la huida instantánea de toda la manada.
La aproximación resulta lenta y exigente. Cada roca, cada cambio de pendiente y cada vistazo por encima de los cortados requiere máxima concentración. Finalmente, Pedro vuelve a localizar al grupo prácticamente en el mismo punto donde lo había observado el día anterior. Entre hembras y jóvenes comienza entonces la búsqueda del macho adecuado.
La observación se prolonga durante varios minutos. Algunos machos aparecen entre la vegetación, pero ninguno destaca claramente hasta que Pedro identifica un ejemplar de gran tamaño parcialmente oculto entre los arbustos. Aunque la cabeza no se muestra por completo, la experiencia del guía resulta decisiva. Azahara confía en su criterio y se prepara para el disparo.
Un disparo certero y una recuperación exigente
El momento culminante llega cuando el gran macho ofrece una oportunidad fugaz. Azahara aprieta el gatillo y el disparo impacta con precisión. El animal apenas recorre unos metros antes de desplomarse sobre la ladera.
La emoción del lance da paso inmediatamente a otra dificultad: llegar hasta el lugar donde ha quedado el arruí. El terreno obliga a escoger entre una larga vuelta o un descenso comprometido por una zona extremadamente escarpada. Finalmente optan por la ruta más directa, afrontando una bajada tan técnica como la propia cacería.
Al llegar al animal descubren un magnífico ejemplar de aproximadamente 150 kilos, con un trofeo que aspira a la medalla de plata. La recuperación de la carne supone un esfuerzo adicional, obligando a transportar buena parte del peso a la espalda a través de un terreno quebrado y exigente.
Durante toda la jornada, el rifle Sako 90 Adventure, equipado en calibre .308 Winchester, demuestra su eficacia en un entorno donde la ligereza, la precisión y la resistencia resultan fundamentales. Sin embargo, más allá del equipo empleado, el vídeo refleja el verdadero valor del rececho de montaña: la combinación de conocimiento del terreno, lectura del viento, capacidad física y trabajo en equipo.
El resultado es una historia que muestra por qué el arruí sigue siendo uno de los desafíos más apasionantes para los amantes de la caza de montaña, una experiencia donde cada paso cuenta y donde el éxito se construye mucho antes de apretar el gatillo.
La montaña pone las reglas, el viento marca el camino y solo quienes saben interpretar ambos pueden acercarse a un gran arruí en su propio territorio.
