Octubre es uno de esos meses en los que el monte puede ofrecernos dos bandas sonoras completamente distintas con apenas unos kilómetros de diferencia. Mientras en algunas zonas todavía resuenan los últimos bramidos de los venados, en otras son los gamos los que comienzan a hacerse notar con ese sonido grave, seco y repetitivo que da nombre a la ronca. Ambos fenómenos pueden coincidir durante algunos días, especialmente entre finales de septiembre y comienzos de octubre, aunque generalmente el celo del gamo alcanza su mayor actividad algo más tarde que el del ciervo.
Berrea y ronca responden a una misma necesidad reproductiva, pero quien haya tenido la oportunidad de observar ambos fenómenos habrá comprobado que existen diferencias importantes en la forma de vocalizar, en el comportamiento de los machos y en la manera en la que utilizan el territorio. Incluso para quien no consigue ver a los animales, aprender a escuchar permite identificar rápidamente cuál de los dos grandes cérvidos está protagonizando la escena.
Dos sonidos completamente diferentes
La diferencia más evidente se encuentra precisamente en aquello que escuchamos. El venado emite durante la berrea un bramido profundo, potente y prolongado que puede propagarse a gran distancia cuando las condiciones son favorables. Durante las jornadas de mayor actividad es habitual escuchar varios machos respondiéndose desde diferentes puntos, de manera que una sierra aparentemente silenciosa durante el día puede transformarse por completo al caer la tarde. Los bramidos permiten a los machos hacerse notar ante las hembras y, al mismo tiempo, anunciar su presencia a otros competidores que se encuentran en las proximidades.
El sonido del gamo resulta bastante diferente. Su vocalización es más corta, áspera, gutural y repetitiva, semejante a un ronquido grave, de donde procede precisamente el nombre de ronca. Cuando varios machos se concentran en una misma zona, estos sonidos pueden repetirse de manera casi constante, creando una escena sonora perfectamente reconocible una vez que se ha escuchado por primera vez. La ronca suele adquirir especial protagonismo durante octubre, cuando el periodo más intenso de la berrea comienza ya a apagarse en muchos puntos de la Península.
Las diferencias tampoco terminan en el sonido. Durante la berrea, los grandes venados tratan de mantenerse próximos a las ciervas y permanecen constantemente pendientes de los movimientos de otros machos. Los bramidos, las carreras y las exhibiciones forman parte de una competencia que no siempre termina en un enfrentamiento físico, ya que muchas disputas se resuelven antes de que dos rivales lleguen a trabar sus cuernas. Cuando ninguno de los dos cede, entonces sí pueden producirse esos choques espectaculares que se han convertido en una de las imágenes más conocidas del otoño en nuestros montes.
Dos formas distintas de vivir el celo
El comportamiento del gamo presenta sus propias particularidades. Durante la ronca, los machos pueden concentrarse en determinados puntos o plazas de celo que utilizan de manera repetida, vocalizando insistentemente y mostrando su presencia ante las hembras y los demás competidores. En esos lugares es habitual encontrar una actividad extraordinaria durante varios días, con numerosos rastros sobre el terreno, suelo removido y señales producidas por el continuo movimiento de los animales. Los enfrentamientos también pueden producirse y las características palas de los machos adultos adquieren entonces un protagonismo evidente.
Esta diferencia entre ambas especies resulta especialmente interesante cuando comparten territorio. Podemos encontrar venados desplazándose tras grupos de ciervas mientras, no demasiado lejos, varios gamos permanecen asociados a sus zonas de celo y repiten sus característicos ronquidos durante buena parte de la noche y las primeras horas de la mañana. El objetivo final es el mismo, pero la manera de competir y organizar esa actividad reproductiva presenta diferencias que hacen de la berrea y la ronca dos espectáculos distintos.
También las cuernas permiten reconocer inmediatamente a sus protagonistas incluso cuando el celo ha terminado. El venado presenta unas cuernas cilíndricas y ramificadas que desarrollan diferentes puntas, mientras que el gamo adulto posee unas características cuernas ensanchadas y aplanadas en forma de pala. Durante estas semanas ambas adquieren una función fundamental en las exhibiciones y enfrentamientos entre machos, aunque su tamaño no debería utilizarse de manera aislada para establecer con exactitud la edad de un animal.

El campo queda lleno de señales
Cuando los animales desaparecen, la berrea y la ronca continúan dejando rastros fácilmente reconocibles para quien sabe dónde mirar. Huellas superpuestas, suelo removido, vegetación dañada, pequeñas ramas partidas o zonas utilizadas repetidamente pueden revelar una enorme actividad incluso horas después de que los animales hayan abandonado el lugar. En determinados puntos también pueden encontrarse zonas de barro o vegetación sobre la que los machos han dejado señales durante sus desplazamientos y exhibiciones.
Observar estos indicios permite comprender que el celo no se limita a aquello que escuchamos al amanecer o al anochecer. Durante varias semanas los machos reducen buena parte de su actividad habitual para concentrarse en reproducirse, competir y seguir los movimientos de las hembras, con el importante desgaste físico que todo ello implica. El monte cambia durante este periodo y muchos lugares que durante el resto del año pasan prácticamente inadvertidos se convierten durante unos días en auténticos puntos de concentración.
Las fechas, además, nunca pueden entenderse como una frontera exacta en el calendario. La berrea suele adelantarse respecto a la ronca y alcanza generalmente su momento más reconocible durante septiembre, pero puede prolongarse durante los primeros días de octubre dependiendo del territorio y de las condiciones de cada temporada. El celo del gamo comienza normalmente algo después y tiene en octubre su mes de referencia, lo que permite que durante unas semanas ambos fenómenos coincidan en aquellos lugares donde conviven las dos especies.
