Viajamos hasta la finca San Gregorio, en Cáceres, para participar en una montería benéfica organizada por Emilio de Navascués y la peña La Retranca. Una jornada de agua, barro y emocionantes lances a favor de Harambee y Rescatadores.
Algunas monterías permanecen en la memoria por un lance extraordinario. Otras, por las dificultades que hubo que superar para llegar al puesto. La que protagoniza el sexto episodio de «Días de Montería» reúne ambos ingredientes, pero añade uno que convierte esta cita en algo especialmente valioso: la posibilidad de ayudar a quienes más lo necesitan a través de nuestra afición.
El nuevo capítulo de la serie de Cazaflix, que llega de la mano de Browning, nos lleva hasta la finca San Gregorio, en la provincia de Cáceres, para vivir la cuarta edición de la montería benéfica impulsada por Emilio de Navascués y la peña La Retranca. Allí, un grupo de cazadores comparte una jornada en la que el esfuerzo de todos tiene un destino solidario.
Una montería pasada por agua
La lluvia se convierte pronto en una de las protagonistas del episodio. Los caminos quedan impracticables para los vehículos y es necesario colocar todas las armadas andando. Alcanzar las posturas supone recorrer un terreno quebrado, con barro, pendientes resbaladizas y arroyos que bajan cargados de agua.
En estas condiciones, acompañamos a Carlos Vignau e Ignacio Ruiz Poveda en sus puestos, desde los que dominan algunos de los pasos utilizados por los jabalíes para abandonar la mancha. Las primeras ladras anuncian que la montería está en marcha y devuelven la emoción a una mañana especialmente exigente.
Los cochinos encuentran refugio entre jaras, vaguadas y barrancos, mientras las rehalas trabajan sobre un terreno que exige un esfuerzo extraordinario. El capítulo permite vivir de cerca esa labor y varios lances en los que el agua, el viento y la propia orografía complican las oportunidades de los monteros.
Dos causas que dan sentido al esfuerzo
La recaudación de la jornada está destinada a Harambee y Rescatadores. La primera impulsa proyectos de educación, sanidad y desarrollo en África subsahariana. La segunda ayuda a familias con hijos enfermos o con discapacidad a afrontar necesidades como terapias, adaptaciones y equipamiento.
Sus historias explican por qué merecía la pena seguir adelante pese al temporal. También dan un significado especial al trabajo de organizadores, colaboradores, monteros y rehaleros, unidos para sacar adelante esta cuarta edición.
El resultado es un capítulo con emoción, compañerismo y una de esas jornadas que dejan huella mucho después de secar la ropa y limpiar las botas.
