El corzo dispara los accidentes con fauna en Segovia al acaparar el 73% del total

Segovia bate récord con 1.575 siniestros con animales en 2025 y el corzo, con más de 1.100 casos, se convierte en el gran protagonista de las cunetas

Publicado:

Quien circula a diario por las carreteras segovianas lo sabe de sobra: el salto de un corzo entre los pinares o el cruce repentino de un jabalí junto a un cultivo se ha convertido en parte del paisaje cotidiano al volante. La provincia cerró 2025 con un nuevo récord de siniestros relacionados con fauna silvestre y, por primera vez con tanta claridad, una sola especie concentra el grueso del problema: el corzo, que según el balance de la Dirección General de Tráfico (DGT) recogido por El Norte de Castilla, estuvo implicado en más de 1.100 accidentes y se llevó el 73% del total registrado en la provincia a lo largo de 2025.

El dato no es un episodio aislado. Segovia contabilizó 1.575 siniestros con animales durante el año, 246 más que en el ejercicio anterior, lo que equivale a una media superior a cuatro percances diarios en sus carreteras. Es la cifra más alta de la serie reciente y confirma una tendencia que lleva varios años al alza, impulsada sobre todo por el crecimiento de la población de corzo en la provincia. Conviene matizar, eso sí, que el propio balance reconoce que el recuento podría quedarse corto, ya que una parte de los golpes con animales nunca llega a comunicarse a la Guardia Civil ni a otros servicios de emergencia y por tanto no figura en las estadísticas oficiales.

El jabalí pierde terreno frente al corzo

El jabalí, tradicionalmente señalado como el gran protagonista de este tipo de siniestros en buena parte de España, queda en Segovia en un distante segundo puesto. Estuvo implicado en 289 accidentes durante 2025, lo que supone un descenso cercano al 20% respecto al año anterior. El contraste entre ambas especies resulta llamativo: mientras el jabalí retrocede, el corzo se dispara hasta copar casi tres de cada cuatro registros provinciales.

Existe, sin embargo, una imprecisión en los propios datos difundidos que conviene señalar con honestidad: el reportaje original de El Norte de Castilla atribuye al corzo, en un párrafo, un incremento «cercano al 19%» respecto a 2024 y, unas líneas más abajo, eleva esa cifra al 41% para explicar el salto hasta superar los 1.100 siniestros. Esa discrepancia no se puede resolver sin consultar directamente el balance íntegro de la DGT, de modo que ambos porcentajes deben tomarse con prudencia hasta que se confirme la cifra exacta con la fuente oficial.

Carreteras y horarios de mayor riesgo, sin datos cerrados

El material disponible apunta a que el riesgo está presente en prácticamente todas las comarcas segovianas y durante todos los meses del año, con variaciones según la hora del día y la especie implicada. Sin embargo, no se dispone de un desglose oficial por vías y puntos kilométricos que permita confirmar con precisión cuáles son los tramos de la provincia con mayor concentración de atropellos, ni corroborar de forma fiable qué carreteras concentran más avisos. Tampoco hay una serie estadística pública por meses y franjas horarias que permita sostener, con el rigor que exige este medio, una relación directa entre los picos de otoño y los ciclos de cría o la actividad cinegética. Lo que sí es consistente con el conocimiento general del fenómeno —y lo confirman fuentes técnicas y de seguridad vial consultadas para contrastar el caso segoviano— es que el amanecer y el atardecer concentran los cruces de animales con los desplazamientos de los conductores, que las carreteras convencionales con arcenes próximos al monte o al cultivo son las más expuestas, y que la falta de iluminación y los accesos desde caminos rurales reducen el tiempo de reacción del conductor.

En Castilla y León el problema tiene además una dimensión que afecta de lleno al medio rural: la organización agraria COAG ha denunciado que la fauna silvestre provoca un accidente de tráfico cada 45 minutos en la comunidad, y que son precisamente las zonas rurales las más castigadas por esta siniestralidad. Es un aviso que conecta directamente con lo que vive cualquier titular de coto, agricultor o vecino de pueblo segoviano cuando sale a la carretera al anochecer.

Menos víctimas, pero el problema no desaparece

Pese al récord de siniestros, el balance apunta a un descenso de las víctimas respecto a 2024, ya que la inmensa mayoría de estos accidentes termina en daños materiales para el vehículo. No se ha podido confirmar, con los extractos disponibles, el desglose exacto entre fallecidos, heridos graves y heridos leves de los últimos ejercicios, ni tampoco si Segovia mantiene su historial sin siniestros mortales de este tipo desde 2016, un dato que debería contrastarse con la serie oficial completa antes de darlo por cerrado.

Que la mayoría de los golpes acabe en un parachoques abollado no significa que el riesgo sea menor. Un ejemplo reciente ilustra cómo el peligro puede ir más allá del primer impacto: en Valladolid, un conductor resultó herido tras chocar con un corzo y salirse de la carretera en la CL-600, a la altura de Tudela de Duero (Valladolid), cuando el animal apareció de forma inesperada en la calzada. Y no es un caso aislado: meses antes, un motorista sufrió heridas leves al colisionar con un corzo en Pamplona, otro recordatorio de que esta especie, pese a su aspecto discreto, protagoniza buena parte de los sustos en carretera en toda España.

Lo que dice el mapa nacional de la siniestralidad con fauna

El patrón segoviano no es, ni mucho menos, el que domina en el conjunto de España. Cazaflix ya contó cómo la DGT cifró en 36.138 los accidentes de tráfico con fauna silvestre en vías interurbanas durante 2024, con el jabalí y el corzo como protagonistas conjuntos del 74% de esos siniestros a escala nacional, sin que la fuente desglosara entonces qué especie encabezaba el recuento por separado en cada territorio. Posteriormente, otros estudios han situado la cifra de 2025 en casi 5.300 accidentes con animales a nivel nacional, la más alta desde 2013, aunque ese dato corresponde a un ámbito y metodología distintos a los del balance provincial de la DGT citado para Segovia, por lo que ambas cifras no son directamente comparables entre sí.

Lo que sí parece confirmarse con distintas fuentes consultadas es que el mapa de riesgo en España no es homogéneo: provincias de Galicia, Castilla y León, Castilla-La Mancha y la provincia de Girona destacan tradicionalmente por su frecuencia de atropellos, con el jabalí como especie dominante en buena parte de ese mapa. Que en Segovia sea el corzo quien marque la diferencia respecto a esa tendencia general resulta, precisamente, lo más llamativo del balance provincial de 2025.

Cómo reducir el riesgo al volante

La prevención empieza antes de ver al animal. En tramos de monte, zonas agrícolas y carreteras convencionales con poca visibilidad conviene moderar la velocidad, ampliar la distancia de seguridad y vigilar tanto la calzada como los márgenes, especialmente al amanecer y al atardecer, cuando la luz baja y rasante dificulta detectar a tiempo la silueta de un corzo o un jabalí. Mantener en buen estado los neumáticos, los frenos y el alumbrado del vehículo también marca la diferencia quedos metros antes de una frenada de emergencia.

Si el animal aparece de repente, la recomendación de los servicios de tráfico es frenar con firmeza sujetando el volante con fuerza y evitar el volantazo, un gesto reflejo que suele ser más peligroso que el propio impacto porque puede provocar una salida de vía o una colisión frontal con otro vehículo. Conviene recordar, además, que ver un animal cruzando no descarta que otros vayan detrás, algo especialmente frecuente en jabalíes, que suelen moverse en grupo.

Tras el choque, lo prioritario es la seguridad de las personas. Siempre que sea posible, el conductor debe apartar el vehículo de la calzada, activar las luces de emergencia, colocarse el chaleco reflectante y señalizar con los triángulos o el dispositivo luminoso homologado antes de llamar al 112 si hay heridos, el animal obstaculiza la vía o existe riesgo para otros conductores. No conviene acercarse ni manipular al animal herido, por el riesgo de una reacción brusca y por motivos sanitarios. Resulta útil también anotar la carretera, el punto kilométrico, la hora y las condiciones de luz y meteorología, fotografiar la escena solo si puede hacerse con seguridad y dar parte a la aseguradora cuanto antes.

La cuestión de quién responde económicamente por estos daños no tiene una respuesta automática. La Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial recoge desde 2005 una disposición específica sobre responsabilidad en accidentes por atropello de especies cinegéticas, que distingue distintos supuestos según el animal proceda de una acción de caza en curso, de un terreno cinegético cerrado o del estado de conservación y señalización de la vía. El régimen aplicable depende de las circunstancias concretas de cada siniestro, por lo que este medio no puede ofrecer aquí una orientación jurídica cerrada sin contrastar antes cada caso con la normativa vigente y, en su caso, asesoramiento legal.

El récord segoviano deja, en todo caso, una conclusión práctica para cualquiera que recorra sus carreteras: el corzo ha dejado de ser una anécdota rural para convertirse en un riesgo cotidiano. Prudencia al volante, velocidad adaptada a cada tramo y atención constante a los márgenes siguen siendo, con los datos disponibles, la mejor defensa mientras se aclaran los puntos negros exactos y se confirman las cifras oficiales con el detalle que merece un fenómeno que ya afecta a miles de conductores cada año.