Durante décadas, la lamprea marina (Petromyzon marinus) había desaparecido prácticamente del mapa en la cuenca del Guadalquivir. Los escasos registros acumulados desde finales del siglo XX llevaron a muchos especialistas a considerar que la especie estaba prácticamente extinguida en este sistema fluvial. Sin embargo, un hallazgo inesperado acaba de cambiar esa percepción.
Tal y como explican varios científicos españoles en un artículo publicado por The Conversation, un equipo de investigadores logró capturar y liberar posteriormente un ejemplar adulto de casi un metro de longitud en la Rivera de Huelva, uno de los principales afluentes del Bajo Guadalquivir. El descubrimiento supone una de las noticias más esperanzadoras para la conservación de esta especie catalogada en España como en peligro crítico de extinción.
Un hallazgo que nadie esperaba
Según relatan los investigadores en The Conversation, la lamprea fue localizada en un tramo de la Rivera de Huelva que todavía mantiene conexión directa con el estuario del Guadalquivir y, por tanto, con el mar, una condición imprescindible para completar el complejo ciclo biológico de estos animales.
Aunque la especie llegó a ser relativamente común en algunos puntos del Bajo Guadalquivir hace varias décadas, su presencia fue disminuyendo progresivamente tras la construcción de grandes infraestructuras hidráulicas que interrumpieron las rutas migratorias. Desde 2014 no existían registros confirmados de la especie en la cuenca.
La captura del ejemplar, que fue liberado inmediatamente tras su estudio, demuestra que la lamprea todavía utiliza este corredor fluvial y abre la puerta a futuras investigaciones sobre la posible existencia de una población reproductora.
Un pez prehistórico con un ciclo de vida fascinante
La lamprea marina pertenece a uno de los grupos de vertebrados más antiguos que existen actualmente sobre la Tierra. Carece de mandíbulas y posee una característica boca circular en forma de ventosa repleta de dientes córneos con la que se adhiere a otros peces durante su fase marina.
Su ciclo vital resulta especialmente complejo. Nace en los ríos, donde permanece enterrada en fondos arenosos durante varios años alimentándose mediante filtración. Posteriormente experimenta una metamorfosis completa antes de emigrar al mar.
Durante su estancia marina vive como parásito de grandes peces, a los que se fija mediante su ventosa. Después de dos o tres años deja de alimentarse y regresa nuevamente al río donde nació para reproducirse, completando así uno de los ciclos migratorios más espectaculares de la fauna europea.
Precisamente esa dependencia absoluta de la conexión entre ríos y mar convierte a la especie en una de las más vulnerables frente a la construcción de presas, azudes y otras barreras artificiales.
Las presas cambiaron para siempre el Guadalquivir
Los autores del trabajo recuerdan en The Conversation que la construcción de la presa de Alcalá del Río, inaugurada en 1931, supuso un punto de inflexión para los grandes peces migradores del Guadalquivir.
Desde entonces, especies emblemáticas como el esturión europeo prácticamente desaparecieron del río, mientras que otras como el sábalo o la propia lamprea iniciaron un acusado declive hasta quedar reducidas a observaciones muy puntuales.
Los investigadores consideran que la recuperación de estos peces pasa necesariamente por restaurar parte de la conectividad fluvial perdida durante el último siglo.
Un tramo clave para conservar la biodiversidad
El bajo curso de la Rivera de Huelva representa hoy uno de los espacios de mayor valor ecológico de toda la cuenca del Guadalquivir. En él conviven especies migradoras como la anguila con peces residentes, camarones de río y varias especies de náyades, unas grandes almejas de agua dulce consideradas entre los invertebrados más amenazados de Europa.

Sin embargo, este ecosistema también afronta importantes amenazas. Entre ellas destaca la expansión del siluro (Silurus glanis), un gran depredador invasor capaz de alimentarse tanto de anguilas como de lampreas y otras especies autóctonas especialmente sensibles.
Los científicos advierten de que conservar este tramo resulta fundamental para garantizar el futuro de los peces migradores del Guadalquivir, aunque reconocen que, por sí solo, probablemente no sea suficiente.
Recuperar los ríos para recuperar las especies
Los autores concluyen en The Conversation que el hallazgo de esta lamprea constituye una excelente noticia para la conservación de la biodiversidad española, pero recuerdan que la supervivencia de la especie dependerá de actuaciones mucho más ambiciosas.
Entre ellas destacan la eliminación o adaptación de antiguas presas con escasa utilidad energética, como las de Alcalá del Río o Cantillana, cuya presencia continúa bloqueando cientos de kilómetros de hábitat potencial para numerosas especies migradoras.
La aparición de este ejemplar demuestra que la lamprea aún resiste en el Guadalquivir. Ahora, sostienen los investigadores, el reto consiste en devolver a estos peces el río que durante décadas les fue arrebatado.
