La cefenemiosis se ha consolidado como uno de los principales problemas sanitarios que afectan al corzo en España. Así lo explica Néstor Martínez-Calabiug, investigador en medicina y sanidad animal de la Facultad de Veterinaria de Lugo y uno de los autores del estudio El corzo en España, impulsado por la Asociación del Corzo Español y la Fundación Artemisan.
La enfermedad está causada por las larvas de la mosca Cephenemyia stimulator, que se desarrollan en la cavidad nasofaríngea del corzo. Tras ser depositadas por la mosca, las larvas migran rápidamente a la cavidad nasal, donde permanecen durante meses prácticamente inapreciables. A finales del invierno reanudan su desarrollo hasta alcanzar varios centímetros de longitud y alojarse en los recesos faríngeos.
En esa fase provocan irritación, lesiones en la mucosa y obstrucción de las vías respiratorias, dificultando tanto la respiración como la alimentación del animal. En los casos más graves, la acumulación de larvas puede llegar a provocar asfixia.
La prevalencia se ha duplicado en poco más de una década
Actualmente la cefenemiosis está presente en toda España, aunque las mayores tasas de infestación se registran en el norte peninsular. En comunidades como Galicia, Asturias, La Rioja o el País Vasco la prevalencia supera el 75%.
Además, los investigadores constatan que la enfermedad continúa avanzando hacia nuevas zonas. Ya se han detectado casos en el norte de Castilla-La Mancha y en áreas del oeste peninsular, confirmando una expansión progresiva. Los datos reflejan un crecimiento significativo: en poco más de diez años la prevalencia ha pasado de alrededor del 16,5 % a situarse cerca del 40 %.

El impacto de la enfermedad depende directamente de la carga larvaria. Según explica el investigador, alrededor de 15 larvas maduras pueden provocar síntomas leves, mientras que infestaciones de entre 30 y 80 larvas comprometen seriamente la salud del animal.
Las larvas provocan lesiones en la mucosa nasal, procesos degenerativos y dificultades respiratorias y alimenticias, lo que se traduce en un deterioro de la condición corporal y una mayor vulnerabilidad frente a depredadores. Aunque no se ha observado una influencia directa sobre el desarrollo de la cuerna durante ese mismo año, una mala condición física mantenida en el tiempo puede afectar negativamente al desarrollo del trofeo en temporadas posteriores.
Cómo detectar un corzo afectado
Antes del disparo resulta complicado identificar un animal parasitado. No obstante, en infestaciones avanzadas pueden apreciarse signos como tos, estornudos, inquietud o una fatiga acusada tras esfuerzos breves.
Una vez abatido el corzo, la detección es mucho más sencilla entre los meses de abril y septiembre, cuando las larvas de segundo y tercer estadio, de hasta tres centímetros de longitud, pueden encontrarse agrupadas en la garganta o incluso saliendo por los ollares. Fuera de ese periodo, la ausencia de larvas visibles no descarta la infección, ya que las fases iniciales del parásito son prácticamente imperceptibles.
El estudio señala que la densidad de población constituye uno de los factores que más favorecen la expansión de la enfermedad. En zonas con elevadas densidades de corzo, la competencia por los recursos reduce la condición corporal de los animales y facilita la propagación del parásito.
También se ha observado que los machos presentan mayores cargas larvarias, probablemente debido a su mayor gasto energético, mientras que los ejemplares jóvenes son más vulnerables por su menor inmunidad.
Por ello, los investigadores insisten en la importancia de mantener una gestión equilibrada de las poblaciones, incluyendo machos, hembras y juveniles, evitando la sobrepoblación y conservando proporciones de sexos adecuadas.
El papel del cazador
La cefenemiosis continúa expandiéndose y ya está afectando de forma significativa a algunas poblaciones de corzo, especialmente en el norte de la Península. En determinadas zonas, su impacto se suma al de otros factores como la depredación o la presencia de otras parasitosis, contribuyendo al debilitamiento general de la especie.
En este contexto, el trabajo de los cazadores resulta esencial tanto para detectar nuevos casos como para colaborar en los estudios científicos que permitan conocer mejor la evolución de una enfermedad que ya condiciona el estado sanitario del corzo en España.
