Una espera al jabalí en pleno invierno que trasciende el propio lance. En los montes del sur de Albacete, donde el silencio pesa más que cualquier ruido, esta jornada refleja algo más profundo: la decisión de vivir de lo que ofrece la tierra y recuperar una conexión real con la naturaleza.

Un cambio de vida en la Sierra de Segura

En las estribaciones de la Sierra de Segura, en un territorio marcado por la despoblación y el abandono de muchos pueblos, Rubén ha decidido empezar de nuevo. Ha dejado atrás la ciudad para adoptar un ritmo distinto, más pausado, más ligado al ciclo natural.

Aquí, cada estación marca las tareas: el huerto en verano, la recolección en otoño y la caza en invierno. En este contexto, la caza en espera al jabalí (Sus scrofa) no es solo una afición, sino una herramienta para abastecerse de alimento y mantener el equilibrio en el entorno.

Preparativos y lectura del monte

La jornada comienza mucho antes del disparo. Rubén llega al cebadero que preparó días atrás y encuentra señales claras: el suelo removido y la ausencia de maíz confirman la presencia habitual de jabalíes.

El puesto está estratégicamente situado cerca del huerto, una zona donde los animales acuden con frecuencia. No es casualidad: responde a una lógica de control y aprovechamiento.

Para esta espera, utiliza un rifle Anschütz 1782 Blackline en calibre .30-06, equipado con un visor Nikko Stirling Octa 1-8×24, una combinación pensada para rendir en condiciones de baja luz y garantizar un disparo preciso.

La espera: silencio, tensión y decisión

A medida que cae la tarde, el monte se sumerge en una calma absoluta. La caza a la espera exige paciencia y control. Rubén permanece inmóvil, atento a cualquier señal.

El momento llega de forma casi imperceptible. Un leve ruido rompe el silencio y, poco después, una piara de jabalíes aparece entre la vegetación. Se acercan con cautela al comedero.

Rubén observa sin precipitarse. Sabe que, en ocasiones, tras la piara puede aparecer un gran macho. Pero hoy no busca trofeo. Hoy busca carne.

Selecciona un ejemplar joven, de unos 30 kilogramos, adecuado para consumo. Espera el instante preciso, cuando el animal se presenta limpio. Entonces ejecuta un disparo certero, que abate al jabalí en el acto, sin sufrimiento.

Más allá del disparo: respeto y aprovechamiento

Tras el lance, el monte recupera su silencio. Rubén se acerca al animal con serenidad. No hay euforia, solo respeto. Es consciente de lo que implica el acto de cazar: tomar una vida para obtener alimento.

Comienza entonces el proceso de eviscerado, una fase fundamental que determina la calidad de la carne. La caza no termina con el disparo; continúa en cada paso posterior, desde el cuidado del animal hasta su aprovechamiento.

Aquí se revela una idea clave: la caza entendida como responsabilidad, no como espectáculo.

El sentido de cazar para vivir

En esta jornada no hay artificios ni excesos. Solo un cazador, el monte y una decisión coherente con su forma de vida. Rubén regresa con lo necesario: carne para su familia, equilibrio en su entorno y la certeza de estar en el lugar adecuado.

Carlos Vignau

Redactor especializado en caza mayor y contenidos audiovisuales.

Es la voz de Cazaflix. Licenciado en Periodismo, ha trabajado en medios relacionados con el mundo taurino, la pesca y la caza. Su perfil combina experiencia en prensa escrita con sensibilidad por la narrativa visual, lo que lo convierte en una pieza esencial en la producción de reportajes y documentales de Cazaflix.