Una jornada de rececho en las sierras áridas de Almería que combina tecnología, gestión cinegética y emoción contenida. Así arranca este segundo episodio de «Cazando con Pixfra», donde la caza se convierte en algo más que un lance: una experiencia compartida entre amigos, aprendizaje y responsabilidad.
Alberto López regresa al sur para reencontrarse con compañeros de caza en un entorno marcado por la escasez de vegetación, un escenario que exige precisión, paciencia y una lectura constante del terreno. Antes de salir al monte, la preparación del equipo se convierte en protagonista. El visor digital Pixfra, montado sobre un Blaser R8 en calibre 8,5×55, es ajustado con precisión milimétrica. La balística, los parámetros del proyectil y la puesta a cero a 100 metros marcan el punto de partida de una jornada donde la tecnología aplicada a la caza juega un papel clave.
Rececho de cabra montesa en Almería
Ya en el campo, el rececho de cabra montesa (Capra pyrenaica) comienza con la ayuda de prismáticos térmicos que permiten localizar varios ejemplares a distancia. La decisión es clara: se trata de una caza selectiva de hembras, una práctica fundamental para el control de poblaciones en zonas con sobreabundancia.
El terreno obliga a avanzar con cautela. Las pendientes, la roca y la visibilidad condicionan cada paso. Alberto, acostumbrado a disparos a larga distancia, se adapta a un lance más contenido, situándose en torno a los 200-300 metros. Desde una posición estable, apoyado en el terreno, ejecuta un disparo limpio. El impacto es inmediato. La cabra cae en seco.
El momento, lejos de la euforia desmedida, se vive con serenidad y respeto. Hay satisfacción, sí, pero también una conciencia clara del porqué de ese disparo. No es solo caza, es gestión del medio.
Al acercarse a la pieza, confirman que se trata de una cabra vieja, un ejemplar adecuado para la reducción poblacional. La conversación gira en torno a la importancia de abatir hembras para mantener el equilibrio entre sexos y evitar daños en cultivos cercanos. Aquí la caza muestra su cara más técnica y necesaria.
El equipo también es evaluado en condiciones reales. El visor digital demuestra su eficacia, ofreciendo buena definición y precisión dentro de distancias habituales. Sin necesidad de grandes inversiones, la tecnología se presenta como una aliada accesible para el cazador moderno.
La jornada concluye con un gesto que resume toda la filosofía del episodio: el aprovechamiento del animal. Los lomos serán destinados al consumo, cerrando el ciclo con respeto y coherencia.
En estas montañas de Almería, entre disparos medidos y decisiones conscientes, la caza se revela como lo que realmente es: una forma de entender el campo, donde cada lance tiene un sentido y cada jornada deja huella.






