Una noche tranquila en el campo puede transformarse en un instante cargado de adrenalina. Eso es exactamente lo que ocurre en este primer episodio de “Cazando con Pixfra”, donde la cazadora Pilar Montero se enfrenta a una experiencia nueva: una espera nocturna de jabalí utilizando tecnología térmica avanzada. Lo que comienza como una simple jornada entre amigas termina convirtiéndose en un lance memorable en las tierras agrícolas del sureste español.
La historia arranca con la llegada de Pilar a una finca en la Región de Murcia, un territorio donde el campo, la agricultura y la caza conviven estrechamente. Allí se reúne con su anfitriona y con Eloy, agricultor de la zona, que explica cómo la presencia creciente de jabalíes (Sus scrofa) está causando graves daños en cultivos como sandías, almendros y frutales. Estas conversaciones iniciales sitúan al espectador en una realidad cada vez más frecuente en muchas zonas rurales: la gestión cinegética como herramienta para controlar poblaciones y proteger los cultivos.
Pero la jornada no gira únicamente en torno al problema de la fauna salvaje. También es una oportunidad para descubrir cómo la tecnología está transformando la caza moderna. Pilar, que reconoce no haber utilizado nunca visores térmicos para disparar, recibe una breve introducción a los dispositivos Pixfra: prismáticos, monoculares y visores capaces de detectar calor incluso en plena oscuridad. Para una cazadora acostumbrada a métodos más tradicionales, el reto es tan emocionante como desconocido.
Una espera nocturna en tierras murcianas
Cuando cae la noche, las dos cazadoras se sitúan en un puesto cercano a un cebadero preparado con maíz. Esta modalidad, conocida como espera nocturna, consiste en aguardar pacientemente la llegada de los animales al punto de alimentación. El silencio del monte se vuelve absoluto, roto únicamente por los sonidos lejanos del campo.
De pronto, el monte comienza a crujir. Entre los pinos, un grupo de jabalíes se aproxima al cebadero. Gracias al visor térmico, las siluetas aparecen con nitidez en la oscuridad, permitiendo distinguir tamaños y posiciones dentro de la piara.
Las pulsaciones se aceleran. Pilar sigue las indicaciones de su compañera mientras espera el momento adecuado. Finalmente, uno de los animales se cruza con claridad en el visor. El disparo resuena en la noche y el jabalí huye unos metros antes de desaparecer entre la vegetación.
El momento del lance y el encuentro final
La búsqueda comienza inmediatamente. En lugar de rastrear durante largo tiempo, las cazadoras recurren de nuevo a la tecnología térmica. En pocos segundos aparece un punto brillante en la pantalla: el calor del animal abatido.
Al acercarse descubren un gran jabalí que supera los 80 kilogramos, un ejemplar robusto que confirma la precisión del disparo. La emoción se mezcla con la satisfacción del trabajo bien hecho.
Para Pilar, la experiencia supone algo más que un lance exitoso. Es también un descubrimiento. El uso de visores térmicos, que inicialmente le generaba dudas, se revela como una herramienta eficaz y sorprendentemente intuitiva. Según explica después, la claridad de la imagen y la facilidad para medir distancias o grabar el lance convierten la experiencia en algo muy distinto a lo que imaginaba.
La jornada termina con fotografías, risas y una sensación compartida: la de haber vivido uno de esos momentos que solo quienes pasan horas en el campo pueden comprender. Porque la caza, más allá del disparo, es también convivencia, aprendizaje y emoción bajo el cielo nocturno.
En este primer episodio, Pilar Montero descubre que la tecnología puede abrir nuevas puertas a una pasión antigua. Y mientras la noche vuelve a cubrir el monte murciano, queda claro que esta aventura cinegética apenas acaba de comenzar.






