Los cazadores catalanes defienden la caza en el Delta del Ebro frente a las restricciones que piden los ecologistas

Siete entidades ambientales piden restringir la caza de aves en declive y la Federación Catalana de Caza exige datos verificables antes de cualquier moratoria

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El Delta del Ebro (Tarragona) vuelve a ser escenario de un pulso que lleva años latente entre el mundo cinegético y el conservacionista. Siete organizaciones ambientales han pedido a la Generalitat restricciones para varias especies de aves acuáticas que consideran en retroceso, y la Federación Catalana de Caza ha respondido reclamando que cualquier decisión se apoye en datos verificables y en un diagnóstico que no se quede solo en la actividad cinegética. El cruce de comunicados, según recoge Jara y Sedal, sitúa el origen de la polémica el 8 de octubre, cuando SEO/BirdLife hizo público un escrito respaldado por Picampall, GEPEC-EdC, Cory’s, el Institut Català d’Ornitologia, DEPANA e IPCENA-Ecologistes de Catalunya, apenas unos días antes de que arrancara el periodo hábil de caza de octubre en el humedal.

El asunto no es solo una discusión de despachos: afecta directamente a las sociedades locales de cazadores, a los terrenos cinegéticos que gestionan arrozales y lagunas, y a la forma en que se van a tomar decisiones sobre qué se puede cazar y cuándo en uno de los humedales más importantes de Europa. La Federación Catalana de Caza respondió el 21 de octubre pidiendo que se aclare el origen y el alcance real de las cifras que se están manejando, y reivindicando el papel de los cazadores en el seguimiento de las aves desde hace más de un lustro.

Las especies señaladas y las modalidades bajo sospecha

Las organizaciones firmantes apoyan su petición en el informe «Estado de las poblaciones de anátidos invernantes de Cataluña», elaborado por la Dirección General de Políticas Ambientales y de Medio Natural de la Generalitat, y en el estudio «Anátidos en declive, las ocho especies no catalogadas» de SEO/BirdLife. Con esa base, señalan al pato colorado, el silbón europeo, el ánade rabudo, la cerceta común, el ánade friso y la focha común como especies cuya evolución en Cataluña sería más negativa que la media estatal. El caso más citado es el del pato colorado, para el que las entidades firmantes hablan de un declive anual en torno al -9,63% y de una población actual que no llegaría ni al 22,5% de la que había hace cinco años, pese a que se siguen registrando capturas anuales en torno al millar de ejemplares. Estas cifras proceden de los informes citados por los firmantes del comunicado y aún no han sido contrastadas de forma independiente con las series completas por tramos territoriales.

Las críticas de las organizaciones ambientales también apuntan a dos modalidades concretas: las tiradas de luna, que preocupan por el riesgo de confundir especies cinegéticas con protegidas en condiciones de poca visibilidad, y el barreig, una modalidad de caza de fochas en la que, según denuncian, resulta difícil distinguir la focha común —especie cazable— de la focha moruna, catalogada como protegida. La acusación de falta de selectividad en estas prácticas parte de las entidades firmantes del comunicado; no hay, por el momento, un pronunciamiento técnico independiente sobre el grado real de confusión entre especies durante estas cacerías ni sobre su encaje exacto en la normativa autonómica vigente.

Una cifra que no corresponde solo al Delta

Uno de los puntos de mayor fricción es la cifra de 46.406 capturas anuales que ha circulado asociada a la campaña ecologista. Aunque el comunicado centra su denuncia en el Delta del Ebro, la propia nota metodológica de las organizaciones indica que ese dato es la media de ocho especies para el conjunto de Cataluña entre 2018 y 2024, no el número de aves abatidas exclusivamente en el humedal. Usar una cifra autonómica para ilustrar una controversia localizada en un espacio concreto puede llevar a pensar que todas esas capturas se producen allí, algo que las propias entidades no sostienen cuando se revisa su metodología.

La Federación Catalana de Caza ha hecho de esta distinción uno de sus argumentos centrales: pide que se aclare la procedencia, la metodología y el alcance territorial real de cualquier cifra antes de usarla para justificar restricciones. La entidad rechaza de forma explícita la captura intencionada de especies protegidas y reclama que cualquier infracción se investigue de manera individual, no que se extienda la sospecha a todo el colectivo cinegético del Delta.

Agua, arrozales y migraciones: lo que pide la federación

Más allá de discutir las cifras, la respuesta federativa plantea ampliar el foco del diagnóstico. Reclama que se estudien también los niveles y la gestión del agua, el estado de las lagunas y los arrozales, la disponibilidad de alimento y los cambios en las rutas y pautas migratorias de las aves. Reivindica, además, el papel de los terrenos cinegéticos en el mantenimiento de recursos alimenticios para las aves durante su estancia invernal en el humedal.

Esta mirada coincide, en buena medida, con lo que ya apuntaba el proyecto de monitorización puesto en marcha en el Delta en 2019: que los cambios en la gestión hídrica, la agricultura y la subida de temperaturas podrían estar modificando el uso que las aves hacen del humedal como zona de invernada, con independencia de la presión cinegética. Son factores que deberían compararse con series de abundancia, superficie inundada y capturas en periodos equivalentes antes de atribuir el retroceso de una especie a una sola causa. La actividad y el arraigo de la caza de patos en este entorno quedan reflejados en el vídeo de Cazaflix «Patos en el delta del Ebro», grabado desde puesto fijo en uno de los hemideltas, aunque ese material documenta una jornada de caza y no sustituye a los censos técnicos.

Los censos con cazadores desde 2019 y el papel de Aquaves

La implicación de las sociedades de cazadores en el seguimiento científico de las aves del Delta no es nueva. En agosto de 2019 arrancó el proyecto «Propuesta metodológica para la integración de los cazadores del Delta del Ebro en el censo de las aves acuáticas cinegéticas», en el que colaboraron las sociedades locales, la Federación Catalana de Caza, el Parque Natural del Delta del Ebro, el proyecto Wildlife Estates y la Fundación Artemisan. El trabajo buscaba integrar el conocimiento de campo de los cazadores en el seguimiento poblacional a largo plazo, con jornadas formativas sobre identificación de especies, sexos y edades, y con la recogida de muestras alares procedentes de las propias jornadas de caza para estudiar la productividad reproductora.

Según los resultados publicados por la propia Fundación Artemisan, la gestión cinegética estudiada en el Delta parecía compatible con la conservación de las distintas especies de aves acuáticas, aunque el informe señaló que convenía prestar especial atención al pato colorado, la cuchara común, el ánade friso y la gallineta, bien por falta de información sobre parámetros demográficos clave, bien por valores que sin ser alarmantes merecían seguimiento. El propio estudio subraya que el Delta es un sistema muy sensible a los cambios en la gestión del agua, la agricultura y la subida de temperaturas, factores que podrían estar reduciendo el uso del humedal por parte de algunas especies invernantes. Se trata de conclusiones de una entidad que participó directamente en el proyecto, por lo que conviene tomarlas como un antecedente relevante y no como una evaluación externa e independiente.

A ese trabajo se suma ahora Aquaves, un proyecto de ámbito nacional impulsado por Mutuasport, con coordinación científica de la Fundación Artemisan y colaboración de la Real Federación Española de Caza, que prevé combinar censos, datos recogidos durante las jornadas de caza y muestras alares para estudiar la abundancia y la productividad de las aves acuáticas en varios de los principales humedales españoles. Como informó Cazaflix al dar cuenta de la puesta en marcha de Aquaves, el proyecto se encuentra todavía en su fase de despliegue sobre el terreno, con las primeras jornadas de presentación y formación para los cazadores participantes. No hay, por tanto, resultados poblacionales publicados que permitan citarlo como prueba a favor o en contra de las restricciones que se discuten en el Delta del Ebro; puede mencionarse como una herramienta de recogida de información en marcha, no como un diagnóstico cerrado.

El debate queda abierto. Las organizaciones ambientales insisten en que la urgencia del declive de varias especies justifica una moratoria inmediata; la Federación Catalana de Caza admite la posibilidad de restricciones, pero solo si se sustentan en evidencias contrastadas, separan lo que ocurre en el Delta de lo que ocurre en el resto de Cataluña y cuentan con la participación del sector cinegético en su diseño. Hasta que no se comparen las series completas por especie y territorio, y se conozca la normativa autonómica que finalmente se aplique, cualquier conclusión sobre el alcance real de las restricciones sigue siendo prematura.