Cinco años después de prohibir toda actividad cinegética, el Parque Nacional de Monfragüe vuelve a recurrir a la caza para controlar la superpoblación de ungulados. La Consejería de Agricultura ha aprobado dos nuevas resoluciones —publicadas en el Diario Oficial de Extremadura (DOE)— que modifican el Plan y el Programa de acción selectiva de ungulados, adaptándolos al nuevo Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG).
El objetivo es claro: frenar el daño ambiental causado por el exceso de ciervos y jabalíes, cuya población se ha disparado desde la prohibición de 2020. La vegetación, los suelos y la fauna menor del parque han sufrido un deterioro progresivo que ya amenaza la integridad de este emblema natural de Extremadura.
Casi mil animales y tres batidas con rehalas
El plan autoriza tres batidas con rehalas entre octubre y diciembre, en las que se prevé abatir unos 600 jabalíes y 300 ciervos. Además, se permitirá el uso de arco y armas de fuego en modalidades como el rececho, el aguardo y las actuaciones de emergencia ante daños o riesgos sanitarios.
Por primera vez, el arco se incorpora como herramienta de control de precisión y bajo impacto ambiental, una práctica que ya ha demostrado su eficacia en otros espacios naturales. En paralelo, se contempla que a partir del cuarto año se sumen propietarios privados a la gestión del territorio, para dar continuidad al plan de control poblacional iniciado en 2021.

Las medidas suponen, en la práctica, el regreso de la caza a un parque donde estaba vetada desde 2020, año en que la normativa estatal eliminó toda actividad cinegética en los parques nacionales.
Cuando la “no gestión” destruye lo que pretende proteger
La sobrepoblación de ungulados no es exclusiva de Monfragüe. Otros parques, como Cabañeros, han experimentado un grave deterioro ecológico desde la prohibición de la caza. En 2024, la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo instó a Bruselas a investigar posibles incumplimientos de las directivas comunitarias de Hábitats y Aves por el abandono de la gestión activa.
Gerardo Arroyo, delegado de la Real Federación Española de Caza en FACE, ya alertó de que la «no gestión» impuesta por la prohibición vulneraba la Directiva 92/43/CE, destinada a proteger los hábitats naturales y la fauna silvestre. «La ausencia de gestión está llevando a la destrucción del parque», advirtió entonces.
La reapertura de Monfragüe a la gestión cinegética controlada se interpreta como un paso necesario para restaurar el equilibrio ecológico y evitar que la superpoblación siga dañando uno de los enclaves naturales más emblemáticos de la península.






