Una jornada de ronca, gestión y respeto en el corazón de Sierra Morena
Finales de septiembre. El amanecer disuelve la penumbra en Sierra Morena, mientras el calor y la falta de lluvias retrasan la berrea. El monte, expectante, guarda silencio… hasta que los primeros ronquidos del gamo (Dama dama) rompen la calma. Es tiempo de rececho, un ritual antiguo donde cada paso exige respeto y conocimiento. En esta ocasión, Luis Fernando Villanueva, director de la Fundación Artemisan y presidente de APROCA, protagoniza una jornada que trasciende lo puramente cinegético: una declaración de principios sobre la caza como herramienta de conservación.
Un capítulo lleno de emoción y respeto
El rececho comienza entre jarales húmedos y encinares centenarios, en una de esas fincas que resumen la historia viva del monte mediterráneo: La Mancha en Medio, en la provincia de Jaén, un modelo de gestión donde el binomio caza-conservación demuestra su eficacia. Los venados (Cervus elaphus) están aún apagados, pero los gamos inician su particular batalla. Sus ronquidos y choques de palas resuenan por los barrancos mientras el equipo, acompañado por el propietario Fernando, avanza con cautela.
Una primera oportunidad se esfuma cuando un jabalí interrumpe la escena, levantándose del encame y haciendo huir al gamo seleccionado. Pero la jornada está lejos de acabar. Bajo el sol del mediodía, los cazadores replantean la estrategia. En la finca abundan muflones (Ovis orientalis musimon), ciervos, jabalíes y gamos, todos fruto de una gestión que combina rigor técnico y respeto por los ciclos naturales.
Ya por la tarde, cuando las sombras se alargan, un nuevo sonido alerta al grupo: dos gamos combaten con furia en un barranco cercano. Es el momento. Luis Fernando y Fernando aprovechan el estruendo para ganar metros. Cuando los machos se separan, uno de ellos —un ejemplar adulto, vencido y cojo— queda a tiro. El cazador se acomoda tras la torreta balística avanzada del visor Swarovski Z5 Plus (3,5-18×50), ajusta distancia con precisión y ejecuta un disparo limpio con munición SAX calibre .308 Winchester. El gamo cae sin sufrimiento, entre las encinas que lo vieron nacer.
Al acercarse, Luis Fernando observa el cuerpo del animal con una mezcla de respeto y gratitud. Cada pieza abatida forma parte de un engranaje de gestión, y sus datos —edad, peso, condición— se incorporan a los estudios científicos de la Fundación Artemisan, donde ciencia y campo se dan la mano.
La jornada es también una lección sobre el papel del rececho como herramienta de control poblacional y sanitario. A través de la gestión selectiva, las fincas mantienen el equilibrio entre densidad, alimento y calidad de trofeos, evitando el deterioro del ecosistema y fortaleciendo la biodiversidad.
Más que caza, una lección de vida
Cuando cae la tarde, Sierra Morena recupera su silencio. Los ronquidos cesan, los machos se dispersan y el monte respira. Para Luis Fernando Villanueva, este rececho no ha sido solo una jornada cinegética, sino una demostración práctica de que cazar es conservar. En sus palabras y en su gesto hay una convicción profunda: la caza, cuando se hace con ética y conocimiento, no solo respeta la naturaleza, sino que la protege.
