Cinco jornadas en uno de los escaparates más grandes del planeta para la comida y la bebida. Eso ha sido para Cárnicas DIBE su paso por SIAL París 2026, la feria agroalimentaria que reunió del 17 al 21 de octubre en el recinto de París-Nord Villepinte a miles de expositores de todo el mundo. La compañía extremeña, con planta en El Gordo (Cáceres), ha hecho balance de su presencia en el Pabellón 6, estand 6F169, donde mostró su oferta de carne de caza silvestre y de vacuno español ante compradores de la gran distribución, el canal HORECA, importadores y mayoristas de Europa, Asia y otros mercados.
Para quien sigue de cerca el sector cinegético español, la cita no es un detalle menor. SIAL es, junto con Alimentaria, uno de los grandes termómetros de hacia dónde se mueve la demanda internacional de alimentos, y que una empresa de carne de caza española ocupe estand propio en esa feria dice algo sobre el recorrido que está tomando un producto que durante años se quedó casi exclusivamente en el circuito regional y en la temporada de monterías.
Ciervo, jabalí, corzo y gamo en el escaparate mundial
La propuesta de DIBE combinó carne de caza ibérica —ciervo, jabalí, corzo y gamo— con cortes de vacuno y elaborados curados, todo bajo su marca «Sabor con Origen». La empresa defiende esta carne silvestre como un producto natural, magro y sostenible, una línea de mensaje que coincide con lo que vienen repitiendo otras iniciativas del sector: ferias como el Ciclo Gastronómico de Carne de Caza de FEDEXCAZA o el propio Congreso Internacional de Gastronomía Cinegética de Ciudad Real insisten también en situar el ciervo y el jabalí como alternativa gastronómica seria, no solo como curiosidad de temporada.
Que ese discurso cale fuera de España es otra cuestión, y ahí es donde entra el verdadero valor de una feria como SIAL: poner el producto delante de compradores que no tienen el vínculo cultural con la caza que sí existe en Extremadura, Castilla-La Mancha o Andalucía. DIBE no es una recién llegada a este tipo de escaparates: la empresa, dirigida por Raúl Castro, colabora habitualmente con certámenes y eventos del sector, desde el Premio Huellas de la Federación Andaluza de Caza hasta el Beer & Hunt de Badajoz, lo que da una idea de hasta qué punto su actividad está entrelazada con el tejido cinegético español.
La alianza con PROVACUNO para el vacuno español
Para la parte de vacuno, DIBE no fue sola: acudió respaldada por PROVACUNO, la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Vacuno de Carne, una entidad que ya tiene experiencia organizando este tipo de acciones conjuntas de promoción exterior. De hecho, un convenio publicado en el Boletín Oficial del Estado recoge la colaboración entre ICEX España Exportación e Inversiones y PROVACUNO para organizar misiones inversas de compradores internacionales a ferias como Meat Attraction o Alimentaria, una muestra de que este tipo de alianzas sectoriales forman parte de una estrategia más amplia de internacionalización del vacuno español, no de un gesto puntual en París.
Según defiende la propia DIBE, acudir de la mano de la interprofesional permitió poner en valor la calidad, la terneza y los estándares de producción del modelo español de vacuno ante un público que busca proveedores capaces de responder a volúmenes y formatos distintos. La compañía habla de un «hito clave» en su estrategia de expansión, tanto en caza como en vacuno, aunque conviene decirlo con prudencia: hablamos de un balance propio, hecho en caliente al cierre de la feria, sin cifras concretas de acuerdos cerrados ni de países de destino confirmados.
Certificaciones y trazabilidad, el argumento ante el comprador extranjero
Uno de los puntos que DIBE destaca ante sus interlocutores comerciales es su paquete de certificaciones: IFS Food y SAE, a las que suma también la certificación Halal en su documentación corporativa. Conviene explicar qué es cada cosa, porque no son sinónimos. IFS Food es un estándar internacional de seguridad alimentaria reconocido en la gran distribución europea. El SAE, Sistema de Autocontrol Específico, es un mecanismo regulado en España por el Real Decreto 993/2014 y gestionado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación: permite a un establecimiento productor solicitar certificados veterinarios de exportación y figurar en las listas de plantas autorizadas que exigen determinados terceros países cuando sus requisitos sanitarios van más allá de lo que ya exige la normativa comunitaria. Dicho de forma sencilla: dentro de la Unión Europea el comercio se rige por normas comunes, pero fuera de ella cada país puede pedir garantías adicionales, y el SAE es el sistema español para demostrar que una planta las cumple.
A esto se añade la planta industrial de El Gordo, equipada con envasado al vacío y termoformado, pensada para alargar la vida útil del producto y mantener la trazabilidad desde el origen. Todo este andamiaje técnico tiene una traducción muy práctica para quien vive del monte: cuantas más puertas sanitarias abra una empresa transformadora, más fácil le resulta a esa empresa seguir comprando pieza de caza mayor a cotos, sociedades y cazadores, porque hay salida comercial real para ese producto. Eso sí, estas certificaciones acreditan procesos y plantas, no garantizan automáticamente que un producto concreto pueda enviarse a cualquier país: cada destino tiene sus propias exigencias sanitarias y acuerdos bilaterales, algo que debe verificarse caso por caso con las autoridades competentes.
De una charcutería familiar a referente del sector cinegético
La historia de DIBE empezó en 1979, cuando Dionisio Sánchez Ferreras y Beatriz de Castro Carballo montaron una charcutería familiar. Más de cuatro décadas después, el grupo dice operar en la recepción, transformación y comercialización de carne de caza silvestre, carne brava, vacuno, ovino y embutidos, con una planta de más de 8.000 metros cuadrados en El Gordo. Ese recorrido explica por qué la empresa lleva años apareciendo asociada a buena parte de la actividad gastronómica cinegética extremeña y andaluza: desde el aporte de ciervo y jabalí al Premio Huellas de la Federación Andaluza de Caza hasta su respaldo a jornadas divulgativas organizadas por FEDEXCAZA.
Esa trayectoria también explica por qué una empresa de este tamaño decide ir a SIAL no solo a vender producto, sino a mostrar capacidad de abastecimiento y control sanitario ante potenciales socios internacionales. La carne de caza española lleva tiempo intentando dar el salto de ser un producto de nicho, ligado a la temporada y al consumo local, a convertirse en una materia prima con recorrido en mercados exigentes. Encuentros como las jornadas «Big Five» de la Federación Europea para la Caza y la Conservación celebradas en Almagro han puesto sobre la mesa precisamente esa discusión: cómo dar salida comercial a la carne silvestre sin perder de vista que detrás hay un modelo de gestión cinegética que necesita que el aprovechamiento de la pieza tenga sentido económico.
Para el cazador y el titular de coto, el fondo de la cuestión es sencillo: cuantos más canales de venta tenga la carne de caza, mejor se sostiene el precio de la pieza y más fácil resulta rentabilizar la gestión cinegética sin depender solo de la actividad deportiva. Si los contactos que DIBE dice haber tejido en París se traducen en pedidos reales de ciervo, jabalí, corzo o gamo, el efecto debería notarse, con el tiempo, en la demanda de canal que llega desde las salas de despiece hasta los cotos de caza mayor de media España.
