En los últimos años, cada vez que se abre en España un nuevo frente contra la caza hay un nombre que vuelve a aparecer: Beatriz Arroyo. Para la mayor parte de la sociedad cinegética es una completa desconocida, pero el nombre de la actual directora del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) acompaña a los episodios que más preocupación generan en el sector: la presión para prohibir la caza de la codorniz, la de la tórtola europea, el silvestrismo o el impulso a la prohibición total del plomo en la caza. Campañas que, a su vez, nacen desde el sector anticaza más activo de nuestro país: SEO/BirdLife. ¿Casualidad?

Su perfil no es menor. Según la información facilitada por el propio IREC, Arroyo es directora del instituto desde 2023 y, además, figura como miembro del Comité Científico de la Sociedad Española de Ornitología, es decir, SEO/BirdLife. Esa doble presencia, en un organismo de investigación de enorme peso para la caza y en una de las organizaciones ecologistas más activas contra distintas prácticas cinegéticas, es lo que explica que su nombre cada vez esté siendo más cuestionado desde diferentes sectores.

No se trata de una aparición puntual ni de una coincidencia aislada. En el caso de la codorniz, en el de la tórtola y también en el debate europeo sobre el silvestrismo o el plomo, su firma, su coordinación científica o su adhesión aparecen ligadas a iniciativas que reclaman más restricciones, moratorias o prohibiciones. Y eso ha hecho que en buena parte del mundo rural y cinegético se la vea ya como una figura decisiva en los movimientos que están marcando el futuro de varias especies y modalidades.

El plomo y la presión para eliminarlo sin excepciones

Uno de los episodios más recientes tiene que ver con el plomo, cuya prohibición en la caza menor ha anunciado la Unión Europea. El 20 de junio de 2025 se hizo pública una carta respaldada por más de 130 científicos en la que se instaba al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación a apoyar un cese total del uso de plomo en la caza, sin moratorias amplias ni excepciones para el control poblacional, a pesar de que un estudio científico publicado en 2019 concluyó que la presencia de plomo en aves cinegéticas no acuáticas es residual y no representa una amenaza significativa para estas especies ni para el entorno terrestre.

Entre los firmantes de esa carta figura también Beatriz Arroyo, la cual no solo dio difusión de la misiva a través del propio instituto sino que además la almacenó en el servidor web del propio IREC. El texto respaldaba el borrador de restricción impulsado tras el informe de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) y rechazaba las alegaciones del MAPA, especialmente la posibilidad de alargar entre cinco y diez años la implantación y la excepción para seguir usando plomo en controles de jabalí. El texto era rotundo al defender que la aplicación debía hacerse «sin moratorias a su aplicación ni, sobre todo, excepciones como la del uso en control poblacional».

Ese posicionamiento coincide, una vez más, con la campaña orquestada por SEO/BirdLife desde hace años contra el plomo. Hay que recordar que la asociación anticaza ha reclamado al Gobierno español que lidere en Europa una eliminación completa de este tipo de munición «sin nuevas excepciones ni retrasos». De nuevo, la secuencia se repite: una campaña pública impulsada por SEO/BirdLife, una ofensiva para endurecer la regulación en contra del sector cinegético y, en paralelo, la presencia de Arroyo entre los respaldos científicos que apuntalan esa misma dirección.

Aunque haya evidencias científicas que desmontan el relato ecologista.

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Codorniz. © Shutterstock

La codorniz, el último foco de conflicto

Hay más ejemplos recientes, como el de la codorniz común. La polémica estalló hace apenas unos meses tras conocerse un informe remitido a Europa desde España y coordinado por Beatriz Arroyo, titulado Population update and model for Common Quail. En él se plantean restricciones a su caza pese a que el propio documento reconoce importantes carencias de información. Un planteamiento que vuelve a coincidir con la línea que viene defendiendo SEO/BirdLife.

Fundación Artemisan alertó el 18 de marzo de 2026 de un aspecto especialmente grave: ese informe no tuvo en cuenta los resultados del proyecto Coturnix, el mayor estudio científico realizado hasta la fecha sobre la codorniz (Coturnix coturnix) en España. Es decir, se estaban proponiendo medidas que podrían condicionar el futuro de la especie sin incorporar los datos más completos y recientes disponibles.

Aun así, ese modelo podría servir de base para decisiones europeas con un impacto directo sobre su aprovechamiento cinegético. Y pocos días después se produjo un movimiento que reforzó aún más las sospechas en el sector: SEO/BirdLife reclamó públicamente una moratoria. En una nota del 24 de marzo, la organización aseguró haber pedido «la suspensión de la caza de la codorniz a la Comisión Europea y al Gobierno de España» y respaldó las recomendaciones científicas elaboradas en ese mismo marco comunitario, donde se encuadra el informe coordinado por Arroyo.

La secuencia vuelve a repetirse. Un informe científico que apunta hacia restricciones, la ausencia de datos clave como los de Coturnix y, en paralelo, una campaña de SEO/BirdLife reclamando limitar la caza. Todo ello con la misma figura en el centro del proceso. Para buena parte del sector, no se trata de hechos aislados, sino de un patrón que refuerza un mismo relato.

La tórtola y la gestión adaptativa

La tórtola europea (Streptopelia turtur) es otro de los casos que más han preocupado al sector. Y de nuevo, el nombre de Beatriz Arroyo está estampado en la misma parte del papel. En febrero de 2023, el IREC difundió un trabajo científico sobre esta especie en el que participaban investigadores del CTFC, del propio instituto, de la Universidad de Extremadura y de la RSPB/BirdLife del Reino Unido.

El estudio concluía que, para mantener un aprovechamiento sostenible, las administraciones deberían limitar su caza. En esa información, Arroyo aparecía citada expresamente como «investigadora del IREC y coordinadora científica del Plan europeo de gestión de caza adaptativa de la tórtola». El propio trabajo incorporaba datos sensibles para el debate, como que la mortalidad derivada de la caza estaba infraestimada en al menos un 9,6% por los ejemplares abatidos o heridos y no recuperados, o que se cazaban más juveniles que adultos, especialmente al comienzo de la temporada. Son argumentos que han servido para reforzar el discurso restrictivo sobre la especie en los últimos años y que han acompañado al proceso que terminó con la prohibición de su caza en media veda en amplias zonas.

Por supuesto, para entonces SEO/BirdLife ya había coronado a la tórtola como «ave del año» y había culminado una minuciosa estrategia pidiendo el fin de su caza.

El silvestrismo y la ofensiva contra el mayor estudio de fringílidos

La misma dinámica se ha repetido recientemente en el debate sobre el silvestrismo. La publicación en Ecological Indicators del mayor estudio realizado en España sobre poblaciones de fringílidos —jilguero (Carduelis carduelis), pardillo (Linaria cannabina) y verderón (Chloris chloris)— activó de inmediato una respuesta coordinada desde el entorno de SEO/BirdLife para tratar de desacreditarlo.

El trabajo, basado en más de 9.500 puntos de muestreo durante seis años y más de 11.000 jornadas de campo, no se limitaba a analizar tendencias, sino que intentaba responder a una cuestión clave: cuántos ejemplares hay realmente. Un dato fundamental para determinar si las capturas tradicionales podían encajar o no dentro del concepto de «pequeñas cantidades» que contempla la Directiva Aves. Precisamente por eso, el estudio reabría un debate que el sector ecologista daba por cerrado.

La reacción no se hizo esperar. Casi una treintena de científicos firmaron una carta dirigida a la revista para cuestionar el trabajo. En ella aseguraban no tener «ningún interés ni relación» que pudiera influir en su posicionamiento. Sin embargo, muchos de esos firmantes estaban vinculados directa o indirectamente a SEO/BirdLife, la misma organización que lleva años impulsando la prohibición del silvestrismo. Entre las firmas de ese estudio, de nuevo, apareció también Beatriz Arroyo. Y lo hizo sin explicitar de forma clara su conexión con SEO/BirdLife, la entidad que, además, había construido durante años la deficiente base científica utilizada para justificar el llamado “silvestrazo”.

De nuevo, el patrón se repite. Un estudio científico que introduce datos nuevos y potencialmente incómodos, una reacción coordinada para cuestionarlo y una misma red de actores vinculados al entorno ecologista tratando de marcar el relato. En esta ocasión, también involucrando al Instituto de Recursos Cinegéticos en ese ecosistema de respuesta.

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Jilguero © Shutterstock

El papel del IREC y el choque con el sector

Más allá de estos cuatro frentes concretos, la crítica que se extiende en el sector cinegético va un paso más allá y apunta directamente al papel del IREC. Este instituto nació con el objetivo de aplicar ciencia a la gestión de la caza como recurso renovable y sostenible, pero distintas voces consideran que su orientación ha cambiado, y algunas voces del sector consideran que su orientación ha cambiado, alejándose de ese enfoque original. El propio José María Gallardo, presidente de la Federación Extremeña de Caza, fue especialmente duro durante su intervención en el I Foro Nacional sobre la Codorniz, donde señaló en esta dirección al criticar la capacidad de Arroyo para influir en los informes que acaban definiendo la postura de Europa en cuestiones clave para los cazadores.

Ese malestar se ha visto reforzado por posicionamientos públicos del propio IREC. En publicaciones recientes, el instituto ha señalado públicamente a medios como Jara y Sedal por no compartir determinados enfoques sobre la caza, en textos en los que se apelaba a «más ciencia y menos dogma» o se acusaba de ignorar datos científicos en el debate sobre la codorniz. Estos pronunciamientos han sido interpretados por parte del sector como una toma de posición que va más allá del papel técnico que se le presupone a un organismo de investigación.

Al final, más allá de las peculiaridades de cada caso, hay un patrón que resulta evidente para buena parte del sector cinegético. Silvestrismo, codorniz, tórtola y plomo. Cuatro debates distintos en los que aparecen de forma recurrente los mismos actores, interconectados y alineados siempre en la misma dirección. ¿Es casualidad?

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