Entre la alta montaña y la cocina: una jornada de caza con identidad propia
Cuando la caza se vive con pasión y respeto, el resultado es una experiencia total. En este capítulo de la serie con Hornady, seguimos a Iván Martínez, chef catalán de 38 años, y Hernández, ingeniero zaragozano de 41, en una aventura cinegética que combina el rececho de sarrio pirenaico (Rupicapra pyrenaica) en alta montaña con la cocina silvestre más auténtica.
El escenario es inmejorable: la Reserva Nacional de Alt Pallars, dentro del Parque Natural del Alt Pirineu, un santuario de más de 100.000 hectáreas donde conviven especies como el rebeco, el muflón, el ciervo o incluso el oso pardo. A más de 2.200 metros de altitud, y en contacto directo con las fronteras de Francia y Andorra, los protagonistas se enfrentan a un territorio exigente, técnico y lleno de belleza.
Un disparo impecable a 338 metros y un animal en claro declive
La jornada avanza entre valoraciones de grupos y recechos meticulosos. El objetivo es un sarrio selectivo, viejo y enfermo, y la oportunidad se presenta tras más de cuatro horas de caminata. Iván realiza un disparo impecable a 338 metros, corrigiendo con torreta balística y aprovechando la precisión del conjunto Merkel K5 y óptica Sig Sauer.
El animal, un macho de entre 13 y 14 años, cae seco. Su físico desgastado confirma que es un ejemplar perfecto para gestión, y el equipo no pierde tiempo: en el mismo monte despiezan la carne con respeto y agradecimiento, sabiendo que cada parte será aprovechada.
Costillas de sarrio con setas: el sabor de la caza auténtica
Ya de vuelta en el campamento, llega el turno del fuego y los fogones. Iván despliega su talento como cocinero en plena naturaleza: costillas de sarrio a la brasa, setas silvestres recolectadas en el entorno, y una salsa de miel y mostaza que resume el espíritu de la caza que alimenta. Cocina con identidad, con producto, y sobre todo con historia.
El día termina con satisfacción, cansancio y un objetivo cumplido. Pero queda más por venir: una nueva jornada al amanecer, con otro ejemplar en el punto de mira y el frío marcando el ritmo. Una historia que une técnica, naturaleza y emoción como pocas.






