Aventura extrema – Batidas en la frontera II

Un encuentro que une generaciones, montañas y pasiones

Una jornada de batida en alta montaña que va mucho más allá de la caza. En este segundo capítulo de «Batidas en la Frontera» vivimos una experiencia intensa en el municipio de Bielsa, corazón del Pirineo aragonés, donde las tradiciones rurales y la pasión por el monte resisten frente a un entorno repleto de restricciones.

Con 20.000 hectáreas de terreno, gran parte del término municipal está sujeto a distintas figuras de protección: desde el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido hasta zonas ZEPA o reservas del urogallo (Tetrao urogallus) y el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). En este contexto, los cazadores locales se agrupan en cuadrillas pequeñas para mantener viva la modalidad de batida al jabalí (Sus scrofa), adaptándose a los años buenos y malos según la disponibilidad de alimento.

Subiendo a los puestos entre nieve y emoción

Los protagonistas de esta aventura vienen desde distintos puntos del país: Ávila, Zamora, Madrid, Benavente… Todos ellos se integran en un equipo diverso y entusiasta, con historias personales muy distintas pero una misma pasión compartida: la caza como vínculo, cultura y reto físico. La subida a los puestos es exigente, con zonas de nieve acumulada, cuerdas y neveros que ponen a prueba la resistencia de todos.

Una vez arriba, comienza la espera. El sonido de los sabuesos rompe el silencio de las laderas, y los nervios se disparan. Los cazadores comentan con sinceridad lo que significa cazar con cámara, la dificultad de grabar en plena acción y los malentendidos que pueden surgir al compartir vídeos de tiros ajustados con perros cerca.

Gestión colectiva y respeto por los perros de caza

Uno de los aspectos más relevantes del vídeo es la gestión comunitaria de los perros de rastro: sabuesos, grifones y podencos mantenidos por la sociedad local, que costea colectivamente su alimentación, vacunas y cuidados veterinarios. Un modelo que refleja el compromiso de todo un pueblo con una caza responsable, sostenible y bien organizada.

La primera batida deja sentimientos encontrados: algunos tienen lance, otros no ven un solo animal, pero todos coinciden en la grandeza del paisaje y el valor del compañerismo. Desde la canal del Yeso hasta las trochas más tupidas, la acción se desarrolla entre sonidos de ramas rotas, tiros a lo lejos y la esperanza de ver aparecer algún cochino entre la vegetación.

Una lección de monte y de vida

El vídeo cierra con reflexiones honestas y emocionantes: aunque no todos cumplan su objetivo, la experiencia en estas montañas compensa con creces el esfuerzo invertido. Se agradece a los organizadores, al equipo de grabación y al entorno que los acoge. Y se lanza una promesa: mañana será otro día, y volverán a intentarlo con la misma ilusión.

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