Icono del sitio Cazaflix | Noticias de caza y vídeos cinegéticos

El viejo jabalí y el aprendiz | CON LA LUNA POR TESTIGO | Ep. 7 |

Portada de la nueva temporada de la serie 'Con la luna por testigo'.

Portada de la nueva temporada de la serie 'Con la luna por testigo'.

Corre el mes de junio y la sierra sur de Albacete se convierte en el escenario de una jornada de caza que es, en realidad, mucho más que eso: es la transmisión de un oficio, de una mirada sobre la naturaleza que pasa de padres a hijos desde tiempos inmemoriales. Israel viaja al monte junto a su hijo Marcos y a Rubén, guía y rastreador experimentado, con dos objetivos entrelazados: realizar esperas de jabalí y poner a prueba nuevos equipos de visión térmica de la marca Knckpixs. Pero bajo la superficie de la cacería late algo más profundo: la iniciación de un joven en los códigos silenciosos del monte.

El aprendizaje de un cazador novel

Durante la mañana, Israel se convierte en maestro. Le enseña a Marcos a leer las señales que el monte deja para quien sabe observar: cómo las hembras desentierran raíces de pino cuando llega la primavera, cómo funciona un cebadero automático de maíz, y sobre todo, un truco reservado a los esperistas más veteranos: el barro que los jabalíes dejan al frotarse contra los troncos después de bañarse en las charcas. La altura de esa mancha en el árbol es una firma inconfundible, un dato que revela con precisión el tamaño del animal que la dejó. Padre e hijo aprenden también a usar puestos elevados, los treestands, una estrategia clave para que el viento no delate su presencia ante el olfato certero de los jabalíes.

Mientras tanto, Rubén sigue su propia cacería paralela: la de un gran macareno, un jabalí viejo y curtido al que lleva meses rastreando sin éxito. Es un animal que ha aprendido a desconfiar de los comederos artificiales, así que Rubén decide jugar en el terreno del animal, en lo más cerrado del monte, respetando sus tiempos y sus reglas.

Antes del mediodía, Rubén conduce a Israel y Marcos hasta un sembrado de cereal gravemente dañado por los jabalíes. Siguiendo sus indicaciones, padre e hijo se apostan allí por la tarde. No tardan en ver recompensado el esfuerzo: una piara completa entra a alimentarse, y en pleno cumplimiento de su papel de ayudar al agricultor y de mantener el equilibrio de la especie, Israel logra abatir a uno de los ejemplares, en un lance disputado a plena luz del día.

Vínculo familiar y el acecho final de Rubén

Más allá de la acción cinegética, el episodio se detiene a reflexionar sobre lo que realmente está en juego: el vínculo que se teje entre un padre y un hijo cuando comparten la caza. Israel lo expresa con claridad: esta pasión compartida construye un punto de encuentro que dura toda la vida, cimentado en los silencios compartidos, los madrugones y el respeto profundo por el animal. Frente a una sociedad urbanita dominada por las pantallas y las redes sociales, Israel reivindica la caza como una forma honesta y natural de obtener alimento sano, una conexión directa con la tierra que pocas experiencias modernas pueden ofrecer.

Cuando el día declina, es Rubén quien toma el protagonismo en solitario. Se adentra en la oscuridad para su propia espera, armado únicamente con su binocular térmico Quest H50R. A través de él detecta un movimiento entre la espesura: algo se aproxima. La silueta termina entrando al prado, pero el desenlace del lance queda suspendido, reservado para el próximo capítulo. El episodio se cierra con un mensaje que resume su espíritu: aprender a cazar es, ante todo, aprender a conocer de verdad la naturaleza y los trucos tradicionales del monte, más allá de cualquier avance tecnológico.

Salir de la versión móvil