Hay jornadas de caza que se recuerdan por el trofeo conseguido y otras que permanecen para siempre por el camino recorrido hasta alcanzarlo. Este documental nos traslada a las montañas de Teruel para vivir un intenso rececho de macho montés de Beceite, donde la paciencia, la experiencia del guía y la capacidad de leer el comportamiento de la fauna terminan siendo decisivas. Dos días de incertidumbre, largas caminatas y emoción desembocan en uno de esos lances que cualquier cazador sueña con vivir alguna vez.
Dos jornadas siguiendo a un viejo rey de la montaña
La historia comienza en Manzanera (Teruel), punto de partida de una expedición organizada por Iberian Grand Slam y guiada por Lorenzo Fernández. Junto a él participa Manuel Menéndez, que afronta el reto de conseguir un gran ejemplar de macho montés (Capra pyrenaica), concretamente de la prestigiosa variedad de Beceite, una de las subespecies más codiciadas por los aficionados al rececho de montaña.
Las condiciones no son las habituales para mediados de noviembre. Las temperaturas son demasiado suaves y el celo todavía no ha alcanzado su máxima intensidad, lo que provoca que los machos permanezcan dispersos y dificulta enormemente su localización. A ello se suma un fuerte viento que obliga a modificar continuamente la estrategia de búsqueda.
Durante la primera jornada aparecen numerosos grupos de hembras acompañadas por jóvenes machos, pero el viejo ejemplar localizado el día anterior parece haberse esfumado. Lorenzo analiza cada movimiento de los animales, explica cómo el viento condiciona su comportamiento y decide cambiar constantemente de escenario para aprovechar las zonas más protegidas de la montaña.
El documental ofrece una interesante visión del comportamiento de la especie en estas circunstancias. Los animales buscan barrancos, cortados y laderas resguardadas para minimizar la pérdida de información sensorial causada por el viento, mientras los machos veteranos ocupan posiciones elevadas desde las que controlan visualmente su entorno. Esta lectura del terreno convierte el vídeo en un contenido especialmente interesante para quienes disfrutan del rececho de cabra montés y quieren comprender mejor la biología de la especie.
La tarde tampoco resulta sencilla. Un buen macho aparece inesperadamente a escasos metros de los protagonistas, pero desaparece entre la vegetación antes de que puedan preparar el disparo. Lejos de precipitarse, ambos deciden retirarse sin presionar más la zona, convencidos de que todavía habrá una nueva oportunidad.
El lance que recompensa la paciencia
La segunda mañana comienza con la misma ilusión. Tras revisar diferentes grupos de animales, un impresionante macho emerge desde un barranco. Lorenzo reacciona con rapidez y conduce a Manuel por una pequeña silleta que les permite acercarse sin ser detectados.
A unos 267 metros, el cazador espera inmóvil mientras el guía controla el movimiento del macho y del resto de cabras. La tensión aumenta cuando varios animales se cruzan continuamente delante del objetivo, obligando a retrasar el disparo durante unos segundos que parecen eternos. Finalmente llega el instante esperado y Manuel ejecuta un disparo certero que pone fin a dos intensas jornadas de búsqueda.
La emoción aflora inmediatamente. El pulso acelerado, los abrazos y la incredulidad dan paso al respeto hacia un animal extraordinario. Al acercarse al trofeo, Lorenzo confirma que probablemente se trata del viejo macho que habían localizado anteriormente en otra vertiente y estima una edad cercana a los 11 o 12 años, con un trofeo de categoría oro, resultado de una larga vida sobreviviendo en uno de los entornos montañosos más exigentes de España.
El documental concluye transmitiendo una idea que va mucho más allá del propio trofeo. El auténtico valor del rececho de macho montés de Beceite reside en la preparación, en la observación constante, en el conocimiento del terreno y en el respeto hacia un viejo ejemplar que ha logrado sobrevivir durante más de una década en libertad. Cuando finalmente cazador y guía contemplan juntos el animal, queda claro que el recuerdo de esos dos días permanecerá intacto mucho después de abandonar las montañas turolenses.

