La caza volvió a ocupar espacio en un medio generalista gracias a la intervención de Pedro Ampuero, cazador, documentalista y colaborador habitual de Jara y Sedal, en el programa de Alberto Herrera en COPE. Durante una extensa conversación, Ampuero abordó algunos de los asuntos más controvertidos que rodean a la actividad cinegética y defendió una imagen de la caza alejada de los estereotipos que, a su juicio, siguen muy presentes en buena parte de la sociedad.
«La gente piensa que vamos al campo a pegar tiros y no es verdad», aseguró durante la entrevista. Una frase que resume gran parte del mensaje que quiso trasladar a los oyentes: que la caza no consiste únicamente en abatir animales, sino en conocer el medio natural, comprender el comportamiento de la fauna y participar en la gestión de los ecosistemas.
Según explicó, el cazador pasa la mayor parte del tiempo observando, siguiendo rastros, estudiando animales y seleccionando ejemplares adecuados para una extracción sostenible. «Observamos mucho y matamos poco», afirmó en otro momento de la conversación.
La caza como herramienta de conservación
Uno de los temas centrales de la entrevista fue el papel que desempeña la actividad cinegética en la gestión de las poblaciones silvestres. Ampuero defendió que la naturaleza tiene una capacidad limitada para soportar animales y que, cuando se supera esa carga, aparecen problemas sanitarios, daños en la vegetación y desequilibrios ecológicos.
Por ello, recordó que la caza está sometida a planes de gestión, cupos, temporadas y criterios técnicos que buscan mantener poblaciones saludables. En este sentido, rechazó la idea de que exista una contradicción entre cazar y conservar.
«La caza es necesaria», afirmó con rotundidad al explicar que la intervención humana forma parte de la gestión de muchos espacios naturales, especialmente en territorios donde los grandes depredadores han desaparecido o donde determinadas especies alcanzan densidades excesivas.
Ampuero también se refirió a algunos parques nacionales donde la prohibición de la caza ha obligado posteriormente a realizar controles poblacionales mediante sacrificios ejecutados por profesionales, sufragados además con fondos públicos.
El valor de la carne y el respeto por el animal
Otro de los aspectos que centró la conversación fue la relación del cazador con la carne de caza. El documentalista defendió que quienes participan activamente en la obtención de alimento desarrollan una conexión mucho más profunda con lo que consumen.
«Un cazador que se pega tres años persiguiendo una cabra jamás tiraría un gramo de esa carne», señaló. Para Ampuero, el esfuerzo invertido en localizar, cazar, despiezar y aprovechar un animal genera un respeto que difícilmente puede existir cuando el producto llega directamente envasado desde un supermercado.
Durante la entrevista también reflexionó sobre la creciente desconexión entre la sociedad urbana y la naturaleza. Según explicó, muchos niños desconocen de dónde proceden los alimentos y han desarrollado una visión idealizada del mundo animal.
En ese contexto, defendió la necesidad de acercar el campo a las nuevas generaciones y mostrar la realidad de los ecosistemas, incluidos aspectos tan inevitables como la muerte, la depredación o las enfermedades que afectan a la fauna salvaje.
Aventuras por todo el mundo con arco y cámara
A lo largo de la conversación, Ampuero compartió algunas de las experiencias que ha vivido durante sus viajes cinegéticos por diferentes continentes. Conocido por ser la única persona que ha conseguido completar la denominada colección de las 20 cabras salvajes del mundo con arco, explicó que su motivación nunca ha sido acumular trofeos, sino disfrutar del proceso, de la montaña y de las culturas que ha conocido gracias a la caza.
Relató episodios vividos en Mongolia, los Alpes franceses o los Picos de Europa, donde llegó a permanecer inmóvil durante más de nueve horas esperando que un ciervo se levantara para poder realizar un disparo ético con arco.
También aprovechó para diferenciar claramente la figura del cazador de la del furtivo. «El furtivo no es cazador», afirmó, recordando que la actividad cinegética legal está sujeta a normas, controles y principios éticos que nada tienen que ver con quienes actúan al margen de la ley.
La entrevista concluyó con una reflexión sobre la importancia de transmitir el amor por la naturaleza a los más jóvenes. Para Ampuero, más allá de que sus hijos sean o no cazadores en el futuro, lo verdaderamente importante es que aprendan a valorar el campo, comprendan cómo funcionan los ecosistemas y mantengan un vínculo real con el mundo natural.

