Icono del sitio Cazaflix

De la pana al GORE-TEX: así cambió la ropa de caza desde los noventa

Bota con membrana Gore-Tex

Bota con membrana Gore-Tex. © Elaboración propia

Una fotografía de cuadrilla de los años noventa basta para reconocer un vestuario que todavía asoma en muchos armarios: pantalones de pana, camisas de franela, jerséis gruesos, chaquetas enceradas y botas de cuero. Era ropa pensada para aguantar años de monte, dar abrigo y resistir un uso duro. Su límite aparecía cuando el tiempo se torcía: algunas prendas ganaban peso al empaparse, tardaban en secar o protegían de la lluvia a costa de dejar al cazador empapado por dentro de su propio sudor.

El cambio no llegó de golpe ni lo trajo una sola marca. La evolución de tejidos, diseños y procesos de fabricación fue sumando membranas, cremalleras protegidas, refuerzos y sistemas de capas. Entre todas esas novedades, GORE-TEX se convirtió en uno de los nombres más reconocibles para quien buscaba protegerse del agua y del viento sin renunciar a evacuar el sudor con un impermeable completamente cerrado.

Una tecnología que no nació en los noventa

Conviene aclarar una cuestión que suele pasarse por alto: GORE-TEX no es un invento de aquella década. Según la cronología publicada por la propia marca con motivo de su 50 aniversario, en 1976 la empresa estadounidense Early Winters lanzó el primer producto de consumo fabricado con un laminado GORE-TEX: una tienda de campaña. Poco después llegaron las primeras chaquetas, anoraks, polainas y pantalones. La demostración que convenció a los primeros fabricantes fue tan sencilla como contundente: cubrieron una taza de café caliente con el laminado y comprobaron que el vapor la atravesaba mientras el líquido se quedaba fuera.

La relación con los años noventa está, por tanto, en su incorporación progresiva a sucesivas generaciones de equipo y en la familiaridad creciente del cazador con la ropa técnica, no en el nacimiento de la membrana. Una década antes, en 1978, los alpinistas Reinhold Messner y Peter Habeler ya habían coronado el Everest sin oxígeno con una tienda y una chaqueta fabricadas con esta tecnología, una prueba de que la protección transpirable funcionaba incluso en los entornos más hostiles. Lo que faltaba todavía era que esa protección bajara del alpinismo de élite al armario de cualquier cazador, algo que sucedió con el abaratamiento de los laminados y la entrada de marcas especializadas en caza y montaña durante los años noventa y dos mil.

Qué es realmente el GORE-TEX y cómo funciona

Aunque en una conversación de cuadrilla se diga que unas botas o una chaqueta «son de GORE-TEX», el nombre identifica una tecnología integrada en el producto, no la prenda entera. Su elemento central es una membrana muy fina que se combina con tejidos exteriores, forros y otros componentes, como explica la web oficial de GORE-TEX. La función buscada es doble: impedir que el agua líquida del exterior atraviese esa barrera y, al mismo tiempo, dejar salir parte de la humedad corporal en forma de vapor. A eso se suma la protección frente al viento. La membrana casi nunca es la superficie que tocamos: forma parte de una construcción en la que también cuentan las costuras, el tejido exterior, el forro y el diseño general de la prenda.

Esta diferencia se nota al compararla con un impermeable sencillo y completamente cerrado. Ese tipo de prenda frena la lluvia, pero dificulta la salida del vapor que genera el cuerpo. El resultado, sobre todo al caminar con intensidad detrás de los perros, puede ser terminar húmedo por dentro aunque el agua exterior no haya penetrado ni una gota.

Transpirable no significa que una prenda impida sudar, ni que evacúe cualquier cantidad de humedad. La temperatura, el ritmo de marcha, la humedad ambiental y lo que se lleve debajo condicionan el resultado. Si el cuerpo genera vapor más deprisa de lo que el conjunto puede transportarlo, habrá condensación y sensación de humedad, por mucho que la etiqueta prometa lo contrario. Tampoco debe confundirse impermeabilidad con aislamiento térmico: una chaqueta puede frenar perfectamente el agua y el viento y abrigar poco si carece de relleno o forro. Dos prendas con la misma tecnología pueden estar pensadas para usos muy distintos.

La pana, la lana y el cuero siguen teniendo sitio

La gran transformación no consiste en sustituir sin más la pana por un tejido sintético, sino en disponer de más posibilidades para combinar prendas según la actividad, el terreno y el tiempo previsto. Ahí entra el sistema por capas: una primera junto al cuerpo que gestione la humedad, una intermedia que aporte abrigo y una exterior que proteja de la lluvia, el viento y el roce de la vegetación.

La ropa tradicional conserva virtudes reales. La pana ofrece resistencia y comodidad, aunque un pantalón convencional de este material no está pensado como barrera impermeable para atravesar horas de vegetación empapada. La lana abriga y conserva buena parte de su capacidad aislante incluso húmeda, pero necesita protección añadida cuando la lluvia o el viento aprietan de verdad. El cuero sigue siendo un material valioso para el calzado, siempre que la bota esté bien construida y reciba los cuidados que le corresponden.

La convivencia entre tradición y tecnología es más habitual que la sustitución total. Un jersey de lana puede usarse como capa de abrigo bajo una chaqueta técnica, y una bota puede tener exterior de cuero con una membrana impermeable integrada por dentro. El mercado actual lo demuestra con lanzamientos recientes como el Supertrack 1200 de Solognac, un conjunto con refuerzos y piezas reemplazables que combina resistencia frente a zarzas y espinos con una membrana impermeable orientada a la lluvia y a la vegetación húmeda. Esa variedad obliga a mirar más allá del nombre comercial: una prenda adecuada es la que responde al movimiento, al clima y al tipo de jornada de quien la lleva puesta.

Botas, chaquetas y pantalones: dónde se nota y dónde falla

En el calzado, la utilidad de una membrana se entiende desde los primeros pasos sobre una siembra con rocío o hierba empapada. La barrera incorporada a la bota busca evitar que la humedad exterior llegue al pie y, a la vez, dejar salir el vapor. Su aportación resulta especialmente apreciable cuando el contacto con el agua es continuo, como persiguiendo becadas entre vegetación húmeda o buscando perdices tras una noche de lluvia.

Pero una bota con membrana no es una bota de agua de altura ilimitada: si el agua supera la caña y entra por arriba, la barrera interior no puede detenerla. Tampoco debe atribuirse a la membrana el agarre de la suela, la estabilidad del tobillo o la comodidad de la horma; esas cualidades dependen del diseño completo y del ajuste al pie. En condiciones cálidas y secas, un calzado sin membrana puede resultar incluso más ventilado, así que la elección debe responder al terreno, la temperatura y la duración de la jornada.

Con chaquetas y pantalones ocurre algo parecido. En un rececho con desplazamientos exigentes interesa gestionar el calor y disponer de ventilación; durante una espera larga en montería, la protección exterior necesita acompañarse de aislamiento suficiente; y en caza menor al salto pesan más la movilidad y la gestión del calor generado al caminar. Los pantalones merecen tanta atención como la chaqueta, porque la vegetación puede mojar las piernas aunque haya dejado de llover, y caminar entre jaras o helechos cargados de agua somete al equipo a un contacto constante con la humedad. El ruido del tejido al rozar, la resistencia frente a la vegetación y el corte en los hombros tampoco dependen de la membrana: el cazador compra una prenda completa, no solo una tecnología.

En jornadas colectivas conviene recordar, además, que la elección de ropa no es solo cuestión de comodidad. Varias comunidades autónomas, entre ellas Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón, exigen en monterías, ganchos y batidas el uso de prendas de alta visibilidad, normalmente en naranja o amarillo fluorescente, para cazadores, batidores y perreros. Los detalles concretos —colores admitidos, prendas válidas o distancias entre puestos— varían de una comunidad a otra, así que conviene revisar la normativa vigente de cada territorio y la orden de vedas correspondiente antes de salir al monte.

El mantenimiento también forma parte del equipo

La ropa técnica necesita cuidados, pero lavarla correctamente no equivale a estropearla; lo que de verdad perjudica sus prestaciones es guardarla sucia o húmeda de forma indefinida. Conviene respetar las instrucciones de cada fabricante sobre lavado, aclarado y secado, porque no todas las prendas admiten el mismo programa ni los mismos productos.

Muchos tejidos exteriores incorporan un tratamiento repelente al agua conocido como DWR, cuya función es que las gotas formen pequeñas bolas y resbalen en lugar de empapar la superficie. El DWR no es la membrana impermeable: cuando pierde eficacia, el exterior puede saturarse de agua y transmitir una sensación fría y húmeda aunque la barrera interior siga funcionando con normalidad. Según el producto, ese tratamiento puede reactivarse con un secado determinado o renovarse con un producto específico, sin recurrir a soluciones improvisadas que podrían alterar la transpirabilidad o los materiales de la prenda.

Las botas deben limpiarse después de retirar el barro y secarse a temperatura moderada, nunca acercándolas a una estufa o una fuente intensa de calor para acelerar el proceso, algo que puede dañar adhesivos, pieles y otros componentes del calzado. Si el exterior es de cuero, conviene emplear un producto compatible con ese material siguiendo siempre las indicaciones del fabricante.

Desde los años noventa, la principal ganancia no ha sido la desaparición de la ropa tradicional, sino la ampliación de las opciones disponibles. La pana, la lana y el cuero siguen teniendo argumentos, y las membranas permiten afrontar de otra manera la lluvia, el viento y la vegetación mojada. Elegir bien exige conocer tanto las ventajas como los límites de cada material: ninguna etiqueta sustituye al ajuste correcto, a las capas adecuadas ni a una valoración realista del terreno y del tiempo que toque esa jornada.

Salir de la versión móvil