Un rececho exigente en la montaña, en los últimos compases del celo, se convierte en una historia sobre esfuerzo, memoria y respeto por la fauna salvaje. En el interior montañoso de Alicante, lejos de la imagen turística de la costa, un cazador y taxidermista, Carlos Pérez, se enfrenta al terreno abrupto en busca de uno de los animales más esquivos de la caza mayor mediterránea. La experiencia termina siendo mucho más que un lance: es una conexión profunda entre el cazador, el animal y la montaña.
El final del otoño envuelve las sierras alicantinas en silencio. El muflón (Ovis orientalis musimon) aún permanece en grupos durante los últimos días del celo, con los machos vigilando a las hembras en terrenos elevados y difíciles. En este escenario comienza la jornada de Carlos, cazador, guía de caza y taxidermista que ha convertido su pasión en forma de vida.
La caza se plantea como un rececho de montaña, donde la observación y la paciencia resultan decisivas. Nada más llegar al cazadero, aparece la primera manada con varios machos jóvenes. Aunque la situación permite disparar, Carlos decide continuar buscando un ejemplar más maduro, reflejando una caza selectiva y consciente.
El terreno se vuelve protagonista. Barrancos profundos, laderas de piedra suelta y largas distancias obligan a moverse con precisión. Tras recorrer zonas que conoce bien, Carlos detecta otro grupo de muflones casi a 900 metros, en la línea de una cresta. Con prismáticos y telescopio analiza la situación antes de iniciar el acercamiento.
Un detalle curioso marca la diferencia: el cazador sincroniza sus movimientos con el paso de los aviones que sobrevuelan la zona desde el aeropuerto de Alicante, utilizando el ruido para ocultar sus pasos. Es una estrategia sencilla, aprendida tras años cazando en estas montañas.
Cuando la manada detecta algo extraño, llega el momento decisivo. Sin posibilidad de aproximarse más sin ser descubierto, Carlos se prepara para un disparo largo, de unos 300 metros, utilizando un rifle Howa M1500 Superlite con visor Vortex Viper HD. Tras un primer impacto y un segundo disparo, el muflón queda abatido.
El acceso al animal no es sencillo. La distancia obliga a descender y volver a subir un barranco empinado, entre piedras sueltas y pendientes peligrosas. Al llegar, el cazador contempla un macho adulto marcado por la vida en la montaña: cicatrices, golpes en la frente y daños en los cuernos que narran años de lucha.
Ese momento de encuentro con el animal resume el sentido de toda la jornada. El trofeo no es sólo la cornamenta, sino la experiencia vivida para conseguirlo.
Del rececho al recuerdo eterno
La historia continúa en el taller de taxidermia. Carlos explica el proceso de preparación de un trofeo de pecho y la importancia de trabajar la piel correctamente para conservar el recuerdo de la caza. La taxidermia aparece como una forma de honrar al animal y mantener viva la memoria del lance.
La cacería se cierra uniendo todos los elementos: la montaña, el esfuerzo físico, la precisión del disparo y la conservación del recuerdo. El equipo utilizado —rifle ligero, óptica y herramientas de observación— fue importante, pero lo esencial fue la experiencia completa.

