En el límite natural entre Ciudad Real y Albacete, en pleno corazón de la Sierra albaceteña, la finca La Mina vuelve a convertirse en escenario de una jornada de caza intensa y auténtica. Esta montería de jabalíes organizada por Montería Riquelme reúne a un reducido grupo de cazadores dispuestos a vivir un día de caza salvaje y natural, en una mancha conocida como La Cantera que promete emociones desde el primer momento.
El vídeo, publicado por el canal Sol Montero, recoge cada instante de esta jornada, desde los preparativos hasta el plantel final, mostrando la esencia de la montería española.
La mañana comienza con el sorteo de puestos y la explicación del plan de caza. El protagonista será el jabalí (Sus scrofa), abundante en la mancha, mientras que los pocos venados (Cervus elaphus) presentes se reservan para otros puestos. Con sólo doce monteros en la finca, el ambiente es cercano y expectante. El monte está en silencio, pero la sensación de que será un gran día se percibe en cada conversación.
Lances de jabalí en la mancha de La Cantera
Cuando las rehalas entran al monte, la montería cobra vida. Desde torretas situadas junto a sembrados y zonas de monte espeso, los cazadores observan atentos cualquier movimiento. Los primeros jabalíes aparecen de forma repentina, obligando a reaccionar con rapidez. Los disparos se suceden en distintos puestos, mientras los perros mantienen la presión en el interior de la mancha.
Uno de los momentos más intensos llega cuando un gran jabalí recibe varios impactos antes de caer definitivamente entre la vegetación. La tensión del lance, la confirmación del tiro y la emoción compartida reflejan la esencia de la montería: adrenalina, incertidumbre y satisfacción tras el esfuerzo.
La jornada también deja escenas más tranquilas, como la decisión de dejar pasar gorrinos pequeños, un gesto que demuestra la gestión responsable de la caza. En otro puesto, un montero disfruta del día acompañado de su hijo, recordando que la montería no es sólo acción, sino también familia, aprendizaje y continuidad de la tradición cinegética.
A lo largo de la mañana se suceden los lances, algunos acertados y otros fallidos, pero todos forman parte de la experiencia. La finca La Mina confirma su fama como un lugar donde el monte manda y la caza se vive con autenticidad.
Al terminar la jornada, llega el momento del plantel, las fotografías junto a los animales abatidos y la comida compartida en la casa de la finca. La calidad de los jabalíes abatidos demuestra el potencial de la mancha y el buen desarrollo de la montería. Las conversaciones repasan cada lance, cada disparo y cada emoción vivida durante el día.
La luz cae lentamente sobre la sierra y el silencio vuelve al monte. En la finca La Mina queda el recuerdo de una montería intensa, de esas que se guardan en la memoria durante años, porque en lugares así la caza no termina cuando acaba el día: permanece en quienes la han vivido y en el monte que siempre invita a regresar.

