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Jabalíes en la sombra | CON LA LUNA POR TESTIGO | Ep. 8 |

La noche vuelve a caer sobre el campo y, con ella, comienza una nueva partida contra uno de los animales más astutos y desconfiados del monte. Rubén lleva tiempo siguiendo los pasos de un viejo jabalí que conoce bien el terreno y parece saber cómo desaparecer cada vez que los cazadores creen tenerlo cerca. Sus huellas y movimientos confirman que continúa allí, refugiándose durante las horas de más calor y abandonando la espesura cuando la oscuridad se apodera del campo. Encontrarlo, sin embargo, será mucho más difícil que saber que existe.

Las primeras horas de espera vuelven a poner a prueba la paciencia. En mitad de la oscuridad, una figura comienza a acercarse lentamente y durante unos instantes parece que la noche puede ofrecer la oportunidad que llevan tanto tiempo buscando. El térmico termina desvelando la identidad del visitante: una jabalina acompañada de sus crías. No es el animal que buscan y la espera continúa. El viejo macho, una vez más, parece haber ganado la partida.

Los secretos que solo enseña el campo

Con las primeras luces del día llega el momento de abandonar el puesto y volver a leer el terreno. Israel y Marcos recorren el cazadero buscando rastros, pasos, zonas frescas, puntos de agua y cualquier señal capaz de revelar dónde pasan las horas de más calor los jabalíes. Es ahí, lejos de la tensión del disparo, donde aparecen algunas de las enseñanzas más importantes de este capítulo: aquellas que solo se adquieren después de pasar muchas horas caminando detrás de alguien que conoce el monte.

Marcos comienza a descubrir ese mundo de la mano de su padre. Aprende a fijarse en detalles que antes podían pasar inadvertidos y a comprender que la caza no empieza cuando aparece un animal delante del rifle. Una baña, una trocha o un árbol cubierto de resina pueden contar una historia para quien sabe interpretarlos. Son conocimientos transmitidos durante generaciones y que continúan siendo fundamentales incluso en una época en la que cámaras de fototrampeo, térmicos y telémetros permiten observar la noche como nunca antes había sido posible.

La relación entre padre e hijo adquiere así un protagonismo especial. Las primeras noches de espera, los sonidos del monte cuando desaparece la luz y esas horas compartidas en silencio construyen recuerdos difíciles de olvidar. Porque antes de aprender a cazar un viejo jabalí hay que aprender a observar, esperar y equivocarse.

Una oportunidad en mitad de la noche

Cuando vuelve a caer la tarde, los tres cazadores cambian de escenario. Los jabalíes están causando daños en los cultivos y saben que, tarde o temprano, terminarán abandonando sus refugios para buscar alimento. La espera comienza tranquila, pero todo cambia cuando una piara aparece en las terrazas de cereal. Rubén selecciona un ejemplar joven y se prepara para disparar desde unos 200 metros. La oportunidad parece clara, pero un pequeño error en el momento decisivo hace que el disparo se marche alto.

Podría parecer el final de la noche, pero quienes conocen a los jabalíes saben que el cereal puede ejercer una atracción demasiado poderosa. Los cazadores permanecen en su sitio mientras la oscuridad se cierra definitivamente sobre el campo. La paciencia acaba ofreciendo una segunda oportunidad. Los animales regresan pese al estruendo del disparo anterior y Rubén vuelve a preparar el rifle. Esta vez están todavía más lejos: unos 225 metros separan al cazador de su objetivo.

Ahora no puede repetir el mismo error. Respira, mantiene la referencia y comienza a apretar lentamente el gatillo hasta que el disparo rompe de nuevo el silencio de la noche.

Mientras tanto, en algún lugar de la oscuridad, el viejo jabalí que ha motivado tantas horas de búsqueda continúa jugando su propia partida. Un animal que ha sobrevivido durante años no lo ha conseguido por casualidad y cada noche que logra imponerse aumenta todavía más el deseo de encontrarlo. Su persecución termina convirtiéndose en una lucha contra el sueño, el cansancio, la impaciencia y la frustración. Una batalla silenciosa en la que cazador y jabalí esperan el mismo instante: ese pequeño error del contrario capaz de decidirlo todo.

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