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Los jabalíes y ciervos cazados en España podrían ayudar a detectar un parásito peligroso para la salud humana

Un jabalí.

Un jabalí. © Israel Hernández

Los cazadores españoles podrían desempeñar un papel todavía más relevante en la vigilancia sanitaria de la fauna silvestre gracias a una nueva propuesta científica que plantea utilizar las muestras obtenidas de jabalíes y ciervos abatidos durante las jornadas de caza para estudiar la presencia y distribución de Toxoplasma gondii. Este parásito, responsable de la toxoplasmosis, tiene importancia tanto para la sanidad animal como para la salud pública, especialmente por la posibilidad de transmitirse a las personas a través del consumo de carne infectada que no haya sido cocinada adecuadamente.

La propuesta ha sido presentada por David González-Barrio, investigador del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III, en una revisión científica publicada en el Boletín Epidemiológico Semanal. El trabajo analiza las posibilidades de incorporar la información obtenida de animales silvestres a los sistemas de vigilancia epidemiológica, aprovechando los recursos y las estructuras de control sanitario que ya funcionan en España.

El objetivo es utilizar determinadas especies cinegéticas como indicadores de la circulación del parásito en el medio natural. De esta manera, las muestras recogidas durante las jornadas de caza podrían proporcionar información sobre su presencia en diferentes territorios, ayudando a identificar aquellas zonas donde sería conveniente intensificar los controles y desarrollar nuevas investigaciones.

Los cazadores, fundamentales para vigilar las enfermedades de la fauna silvestre

El jabalí aparece como una de las especies más interesantes para desarrollar este tipo de seguimiento debido a su amplia distribución por buena parte de España y al importante número de ejemplares que se abaten anualmente. Los ciervos y otros cérvidos también podrían aportar datos valiosos sobre la presencia del parásito en diferentes hábitats, mientras que el zorro rojo figura entre las especies que podrían utilizarse como indicadores sanitarios.

La principal ventaja de esta propuesta es que permitiría aprovechar una actividad que ya se desarrolla de manera habitual en el territorio. En lugar de poner en marcha grandes campañas específicas de captura de animales, los investigadores podrían obtener muestras de ejemplares abatidos legalmente, incorporando información sobre su procedencia y otras características relevantes para los estudios epidemiológicos.

De hecho, existen experiencias que demuestran la utilidad de la actividad cinegética para controlar el estado sanitario de las poblaciones silvestres. Durante la temporada 2025/2026, la Junta de Andalucía recogió muestras de más de 1.000 ejemplares en diferentes eventos de caza dentro de su programa de vigilancia epidemiológica, aunque estos análisis no estuvieron necesariamente dirigidos a detectar la toxoplasmosis.

La revisión científica plantea que este modelo de colaboración entre cazadores, titulares de cotos, veterinarios y administraciones podría extenderse para mejorar el conocimiento de Toxoplasma gondii, utilizando como base el Plan Nacional de Vigilancia Sanitaria de la Fauna Silvestre del Ministerio de Agricultura.

Qué riesgos tiene este parásito y cómo afecta al consumo de carne de caza

La toxoplasmosis está causada por un parásito microscópico que puede infectar a numerosos animales de sangre caliente, incluidos los jabalíes y los ciervos. Aunque muchas infecciones pasan inadvertidas, su presencia tiene importancia desde el punto de vista sanitario porque las personas pueden contraer la enfermedad al consumir carne contaminada cruda o insuficientemente cocinada, entre otras vías de transmisión.

Por este motivo, los especialistas insisten en la importancia de adoptar medidas básicas de higiene durante la manipulación y preparación de la carne de caza. Cocinarla suficientemente, evitar la contaminación cruzada y limpiar correctamente cuchillos, superficies y utensilios son precauciones fundamentales para reducir los riesgos.

También conviene distinguir entre la detección de anticuerpos frente al parásito y la presencia de formas infectivas en una pieza concreta. Que un animal haya estado expuesto a Toxoplasma gondii no significa necesariamente que su carne contenga el parásito viable ni que represente automáticamente un riesgo para el consumidor.

Una propuesta científica que no supone nuevas restricciones para la caza

Por el momento, esta iniciativa no implica nuevas obligaciones para los cazadores ni exige realizar análisis adicionales a todos los jabalíes o ciervos abatidos. Se trata de una propuesta científica cuya posible aplicación dependería del desarrollo de protocolos de recogida de muestras, la coordinación entre organismos y la disponibilidad de recursos.

Sin embargo, sus conclusiones vuelven a poner de manifiesto la utilidad de la caza como herramienta de gestión y vigilancia sanitaria. La presencia de cazadores en amplias zonas del territorio nacional y su conocimiento directo de las poblaciones de fauna silvestre representan una oportunidad para obtener información que, de otro modo, resultaría mucho más difícil de recopilar.

La incorporación de estas muestras a los programas de seguimiento permitiría avanzar en el conocimiento de la distribución del parásito y contribuir a la prevención de posibles problemas sanitarios. Al mismo tiempo, reforzaría el reconocimiento de una actividad que, además de su importancia económica, social y ambiental, puede ofrecer una colaboración valiosa para la investigación científica y la protección de la salud pública.

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