Una patrulla del Puesto de Lanaja (Guardia Civil) rescató el 3 de septiembre a una cría de corzo que había caído al Canal Fluvial de los Monegros, a la altura de Cantalobos (Huesca), en el término municipal de Lanaja (Huesca). Tras varios intentos por reconducir al animal hacia la orilla, uno de los agentes se lanzó al agua y, con ayuda del resto, logró sacarlo. El corcino no presentaba lesiones aparentes y se internó por su cuenta en el monte.
Según la información difundida por medios locales y regionales, la intervención se produjo cuando la corriente y el nerviosismo del animal impedían su salida del canal. La secuencia del rescate quedó registrada en imágenes que la Guardia Civil ha compartido en su perfil oficial de Instagram, con el momento en el que el agente entra al agua para acercar a la cría a una zona segura.
Más allá de la anécdota, el episodio recuerda una pauta básica para cualquiera que encuentre fauna silvestre accidentada en acequias o canales: no manipular por cuenta propia, alejar curiosos y avisar de inmediato a las autoridades competentes. En la práctica, la vía adecuada pasa por activar los canales oficiales del territorio —112, Guardia Civil/SEPRONA o agentes ambientales— conforme al protocolo autonómico vigente para estos casos.
Así fue el rescate en Los Monegros
El suceso, ocurrido en el Canal Fluvial de los Monegros junto a Cantalobos (Huesca), movilizó a la patrulla del Puesto de Lanaja (Huesca) tras el aviso de que una cría de corzo estaba atrapada en el agua. Primero intentaron que el animal remontara por sus medios, pero la fuerza de la lámina de agua y su inquietud lo hicieron imposible.
En ese punto, uno de los guardias civiles se lanzó al canal para reconducir a la cría hacia un tramo accesible. No fue a la primera: tras varios intentos y con el apoyo de sus compañeros desde la orilla, consiguieron sujetarla con seguridad y extraerla sin dañarla, una maniobra breve pero exigente por la corriente y el estrés del animal.
El desenlace fue el mejor posible: sin lesiones aparentes, el corcino se alejó por la zona de ribera y se internó en el entorno agrícola y de monte bajo característico de Los Monegros.
Qué hacer si encuentras un animal silvestre accidentado
El instinto empuja a ayudar, pero con fauna silvestre es clave actuar con cabeza. Acercarse demasiado, intentar sujetar al animal o forzar su salida puede agravar las lesiones, provocar mordiscos o caídas y, además, interferir en actuaciones que corresponden a los servicios públicos. Lo prudente es mantener distancia y reducir el ruido para que el animal no se estrese aún más.
La recomendación práctica es avisar de inmediato a las autoridades competentes a través de los canales oficiales del territorio. Dicho claro: comunica la incidencia por las vías de emergencia y espera instrucciones. En Aragón, estos avisos canalizan la respuesta coordinada de cuerpos policiales y agentes ambientales, que conocen los puntos de acceso y los protocolos de seguridad.
Manipular por cuenta propia, aunque sea con buena intención, entraña riesgos para el animal y para la persona que intenta ayudar. Además, puede chocar con la normativa de fauna si la actuación no está amparada por la autoridad competente. Si la espera se prolonga, conviene vigilar a distancia y evitar que gente o perros se acerquen, sin bloquear caminos ni zonas de trabajo en canales.
Qué dice la ley: manipular fauna exige autorización
La Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y Biodiversidad prohíbe de forma general dar muerte, dañar, molestar intencionadamente o capturar animales silvestres, así como su posesión o transporte fuera de los supuestos regulados. Traducido al terreno: tocar o mover un animal silvestre sin cobertura legal puede acarrear sanciones. El texto completo puede consultarse en el BOE (arts. 54 y 57).
Esa misma ley prevé excepciones, pero solo con autorización de la administración competente y cuando no haya otra solución satisfactoria, por motivos como la seguridad de las personas, la prevención de daños importantes o razones de interés público de primer orden. En rescates como el de Cantalobos (Huesca), la intervención corresponde a cuerpos policiales y a los agentes ambientales, que actúan bajo ese paraguas legal.
Para el ciudadano —y para el cazador que se topa con un animal en apuros durante una jornada de campo— la pauta es clara: no intervenir directamente y avisar por los cauces oficiales. Así se garantiza la seguridad, se minimiza el estrés del animal y se cumple la normativa. En el caso de Los Monegros, el aviso rápido permitió una respuesta eficaz y una salida feliz para la cría de corzo.

