Hay una idea muy extendida entre quienes conviven con gatos: si el animal está bien alimentado, dejará de cazar. La lógica parece sencilla, pero la ciencia vuelve a demostrar que no funciona así. Un amplio estudio internacional concluye que los gatos domésticos continúan capturando fauna silvestre aunque reciban alimento diariamente y no necesiten cazar para sobrevivir.
La investigación revisa cientos de trabajos científicos realizados en distintos países y confirma que el gato doméstico (Felis catus) mantiene intacto su comportamiento como depredador incluso cuando vive en condiciones de bienestar. El resultado es un impacto mucho mayor de lo que suele imaginarse sobre aves, pequeños mamíferos, reptiles y otras especies que forman parte de la biodiversidad.
Más de 2.000 especies documentadas entre sus presas
Los investigadores recopilaron información procedente de más de quinientos estudios publicados durante el último siglo y elaboraron el inventario más completo realizado hasta la fecha sobre la dieta de los gatos con acceso al exterior.
El resultado identifica 2.084 especies diferentes consumidas por estos felinos, de las cuales 347 se encuentran catalogadas con algún grado de amenaza para su conservación. Entre las presas aparecen aves, mamíferos, reptiles, anfibios e insectos, lo que confirma el carácter oportunista de un depredador capaz de adaptarse prácticamente a cualquier ecosistema.
Aunque muchas capturas corresponden a especies abundantes como ratones o gorriones, la revisión también recoge ataques sobre conejos, liebres, aves esteparias y numerosos endemismos insulares especialmente vulnerables.
Alimentarlos no elimina su instinto
Uno de los aspectos que más llama la atención del trabajo es que disponer siempre de alimento no impide que los gatos sigan cazando. Los científicos recuerdan que la conducta depredadora responde a un comportamiento instintivo y no únicamente a una necesidad energética.
De hecho, investigaciones anteriores ya habían comprobado que mejorar la alimentación o enriquecer el entorno puede reducir parcialmente el número de capturas, pero no hacerlas desaparecer. Un ensayo desarrollado por la Universidad de Exeter observó descensos cuando los animales recibían una dieta rica en carne o aumentaban sus sesiones de juego, aunque los gatos continuaban cazando fauna silvestre.
Un problema que también preocupa en España
La cuestión adquiere especial relevancia en España por el creciente debate sobre la gestión de las colonias felinas y su impacto sobre la fauna autóctona.
Jara y Sedal ya informó recientemente sobre otro estudio realizado en Madeira que documentó mediante cámaras trampa la intensa depredación ejercida por gatos asilvestrados sobre conejos, perdices y otras especies silvestres, recordando además que la legislación española limita actualmente el control de estas poblaciones en muchos casos.
Los autores de la nueva revisión insisten en que los gatos constituyen una de las especies invasoras con mayor distribución mundial y consideran necesario seguir investigando medidas que permitan compatibilizar su bienestar con la conservación de la biodiversidad.
El mensaje que deja la ciencia resulta claro: un gato bien alimentado puede no tener hambre, pero eso no significa que deje de cazar. Su instinto permanece activo y continúa teniendo consecuencias sobre la fauna silvestre, especialmente cuando puede moverse libremente por el medio natural.

