Icono del sitio Cazaflix | Noticias de caza y vídeos cinegéticos

Garrapatas: cómo prevenirlas y qué hacer si te pica una

La escena es conocida. Caminatas largas entre siembras, encinas o herbazales, lances intensos, cobros en zonas cerradas… y, al final de la jornada, esa sensación incómoda al descubrir un pequeño bulto adherido a la piel. Las garrapatas forman parte del ecosistema en el que se mueve el cazador, pero su impacto va mucho más allá de una simple molestia.

En los últimos años, la proliferación de garrapatas ha ido en aumento en buena parte de la península. Factores como inviernos más suaves, aumento de poblaciones de ungulados y menor presión sobre depredadores han favorecido su expansión.

Para el cazador, esto tiene una consecuencia directa: mayor exposición durante recechos, monterías o esperas, especialmente en zonas con alta densidad de ciervo, corzo o jabalí, donde estos parásitos encuentran hospedadores ideales.

Pero el problema no es solo su presencia. Algunas especies pueden transmitir enfermedades como la enfermedad de Lyme o la fiebre botonosa mediterránea, lo que convierte una picadura aparentemente menor en un riesgo sanitario real.

La prevención sigue siendo la mejor herramienta. Un cazador experimentado no debería entrar al monte sin tener esto en cuenta, especialmente en primavera y otoño. La ropa es el primer escudo. Utilizar pantalones largos, preferiblemente metidos dentro de las botas, y tejidos resistentes reduce considerablemente las posibilidades de que la garrapata alcance la piel. Los colores claros, aunque poco habituales en caza, ayudan a detectarlas antes de que se adhieran.

El uso de repelentes específicos también marca la diferencia. Aplicados en tobillos, perneras y cintura, crean una barrera eficaz en las zonas de acceso más frecuente. Y hay un gesto clave que muchos pasan por alto: revisarse al terminar la jornada. Ingles, axilas, detrás de las rodillas, cuello y cuero cabelludo son puntos críticos donde suelen fijarse.

Qué hacer si te pica una garrapata

Aquí es donde muchos fallan. Improvisar o aplicar remedios caseros puede empeorar la situación.

Si detectas una garrapata adherida, lo correcto es retirarla lo antes posible, pero con cuidado. Lo ideal es utilizar unas pinzas finas y agarrarla lo más cerca posible de la piel, tirando de forma firme y continua, sin giros ni tirones bruscos. El objetivo es extraerla entera, evitando que la cabeza quede dentro.

No se debe aplicar alcohol, aceite ni calor antes de retirarla. Estas prácticas, bastante extendidas, pueden provocar que el parásito libere más saliva y aumente el riesgo de transmisión de patógenos.

Una vez retirada, conviene desinfectar la zona y vigilar la evolución durante los días siguientes. Si aparece enrojecimiento en expansión, fiebre, dolor muscular o cualquier síntoma inusual, es importante acudir al médico e indicar que ha habido una picadura reciente.

El papel del perro de caza

No hay que olvidar que el perro es muchas veces el principal vehículo de entrada de garrapatas al campamento o al hogar. Tras cada jornada, revisarlo a fondo es tan importante como hacerlo con uno mismo.

El uso de collares antiparasitarios o tratamientos específicos no es opcional en perros de caza. Es una medida básica para proteger tanto al animal como al cazador.

Una amenaza silenciosa que exige atención

Las garrapatas no van a desaparecer del monte. Forman parte del equilibrio natural, pero su aumento obliga a adaptarse.

El cazador que conoce el terreno también debe conocer sus riesgos. Y entre ellos, pocos tan discretos y persistentes como este. Saber prevenir, detectar y actuar a tiempo marca la diferencia entre una simple anécdota y un problema serio al volver a casa.

Salir de la versión móvil