Francia quiere dejar de depender de la carne de caza procedente del extranjero y convertir sus poblaciones silvestres de cérvidos y jabalíes en un recurso económico propio. Con ese objetivo, el Senado francés ha aprobado una enmienda que abre la puerta a la creación de un sector nacional de producción y comercialización de carne de caza, una iniciativa respaldada por la Federación Nacional de Cazadores (FNC).
La propuesta pretende reducir la importación de carne de venado procedente de países como España, además de otros grandes exportadores como varias naciones de Europa Central o Nueva Zelanda, apostando por desarrollar una cadena de valor basada en la producción francesa.
Francia consume carne de caza, pero buena parte llega del extranjero
La enmienda fue aprobada durante la tramitación del proyecto de ley sobre soberanía agrícola y alimentaria impulsado por el Senado francés.
Su objetivo es reconocer oficialmente la carne de caza silvestre como un recurso agrícola estratégico, favoreciendo el desarrollo de una estructura capaz de recoger, transformar y comercializar la carne obtenida en las cacerías organizadas en el país.
Los promotores de la iniciativa consideran incoherente que Francia importe cada año miles de toneladas de carne de ciervo, corzo o jabalí cuando dispone de poblaciones abundantes de estas especies y de un elevado número de capturas anuales que podrían abastecer gran parte del consumo nacional.
Reducir las importaciones y fortalecer la soberanía alimentaria
La Federación Nacional de Cazadores lleva tiempo defendiendo la necesidad de profesionalizar el aprovechamiento alimentario de la carne de caza silvestre.
El texto aprobado por el Senado no crea todavía una nueva organización económica, pero sí constituye el primer paso para estructurar un auténtico sector nacional que facilite la recogida de las canales, su procesamiento sanitario y su distribución a través de circuitos comerciales.
Los impulsores de la medida consideran que esta estrategia permitirá reducir la factura de las importaciones, fomentar el consumo de un producto local y generar nuevas oportunidades económicas tanto para los cazadores como para las salas de tratamiento autorizadas.
La gestión del jabalí, otro de los argumentos
Los defensores de la iniciativa sostienen además que un mercado sólido para la carne de caza ayudaría a rentabilizar las capturas derivadas del control poblacional de especies como el jabalí.
Francia, al igual que otros países europeos, mantiene poblaciones muy elevadas de esta especie en numerosos departamentos, lo que obliga a desarrollar importantes campañas de gestión para reducir los daños agrícolas y los accidentes de tráfico.
Convertir esa carne en un recurso económico permitiría aprovechar mejor un producto de alta calidad que, en muchos casos, continúa estando infrautilizado.
Una propuesta respaldada por los cazadores y discutida por los ecologistas
La iniciativa fue impulsada por el senador Aymeric Durox, quien celebró públicamente la aprobación de la enmienda al considerar que supone un avance hacia la creación de una verdadera industria francesa de la carne de caza.
No obstante, el texto no obtuvo el respaldo unánime de la Cámara. Varios senadores ecologistas mostraron su rechazo a la propuesta al considerar que este modelo de desarrollo no debe formar parte de la política alimentaria francesa.
Pese a ello, la aprobación representa un importante respaldo político a las reivindicaciones de la Federación Nacional de Cazadores, que desde hace años reclama una mayor valorización gastronómica y económica de la carne procedente de la fauna silvestre.
Un primer paso que aún debe traducirse en medidas concretas
Aunque la enmienda tiene un importante valor político, todavía queda por definir cómo se desarrollará en la práctica esta futura industria.
Será necesario establecer mecanismos que permitan organizar la recogida, el procesado y la comercialización de la carne cumpliendo todos los requisitos sanitarios y de trazabilidad exigidos por la normativa europea.
Mientras tanto, Francia lanza un mensaje claro: quiere aprovechar mucho mejor los recursos cinegéticos que albergan sus montes y reducir la dependencia de las importaciones de carne de caza procedentes del extranjero, entre ellas las que llegan desde España.

