La perdiz roja (Alectoris rufa) lleva décadas sufriendo una importante transformación de su hábitat en buena parte de España. La intensificación agrícola, los cambios en los cultivos, la pérdida de lindes y barbechos, la disponibilidad de alimento, la depredación, las enfermedades y la utilización de productos fitosanitarios forman parte de un complejo conjunto de factores que pueden condicionar sus poblaciones. Precisamente sobre uno de ellos acaba de aportar nuevos datos una investigación científica centrada en la reproducción de la especie.
El trabajo ha estudiado los posibles efectos de la exposición a productos fitosanitarios durante la época reproductora de la perdiz roja. Para ello, los investigadores utilizaron ejemplares mantenidos en condiciones controladas y analizaron diferentes parámetros relacionados con la puesta y el desarrollo de los huevos, tratando de conocer hasta qué punto la exposición a estos productos puede repercutir en el éxito reproductivo.
Los resultados resultan especialmente interesantes porque la reproducción constituye uno de los momentos decisivos para la evolución de cualquier población de perdices. Una reducción en el número o calidad de los huevos, en su fertilidad o en la supervivencia posterior de los pollos puede terminar condicionando el reclutamiento anual y, por tanto, el número de ejemplares que llegan al campo durante los meses siguientes.
Un problema que va más allá de la mortalidad directa
Cuando se habla del posible efecto de determinados productos agrícolas sobre la fauna silvestre, resulta fácil pensar exclusivamente en intoxicaciones capaces de provocar la muerte inmediata de los animales. Sin embargo, los investigadores llevan años estudiando también efectos subletales, es decir, alteraciones que no necesariamente causan la muerte de un ejemplar pero que pueden modificar aspectos relacionados con su comportamiento, condición física o reproducción.
Esta última cuestión resulta particularmente importante en especies ligadas a los ambientes agrícolas como la perdiz roja. Durante buena parte de su ciclo anual, estos animales se alimentan y reproducen en terrenos cultivados, por lo que pueden entrar en contacto con sustancias empleadas para proteger las cosechas frente a plagas, enfermedades o malas hierbas.
La exposición puede producirse de diferentes maneras dependiendo del producto y de las condiciones del terreno. La alimentación constituye una de las vías que se estudian habitualmente, ya sea por el consumo de semillas tratadas, vegetación, pequeños invertebrados u otros recursos presentes en las parcelas agrícolas.
Precisamente por esta estrecha relación entre agricultura y fauna silvestre, conocer los posibles efectos de los productos utilizados en el campo resulta fundamental para valorar correctamente su impacto.
La perdiz roja, estrechamente ligada al campo español
La elección de la perdiz roja para este tipo de investigaciones no es casual. Se trata de una de las especies cinegéticas más representativas de España y de un ave tradicionalmente vinculada a los paisajes agrícolas mediterráneos. Cereales, barbechos, lindes, pequeñas manchas de vegetación natural y otros elementos del mosaico agrario proporcionan alimento, refugio y lugares de reproducción a las parejas y sus polladas.
Las profundas modificaciones experimentadas por muchos de esos paisajes durante las últimas décadas han alterado también las condiciones en las que viven las perdices. La simplificación del territorio agrícola, la desaparición de determinados elementos del paisaje y los cambios en las prácticas de cultivo pueden modificar tanto la cantidad de alimento disponible como los lugares donde las aves encuentran protección.
Los fitosanitarios constituyen una pieza más dentro de ese escenario y su posible influencia no debe analizarse de manera aislada. Las poblaciones silvestres están sometidas simultáneamente a numerosos factores y determinar el peso exacto de cada uno de ellos en el campo resulta mucho más complicado que identificar un efecto concreto bajo condiciones experimentales.
Del laboratorio al campo hay importantes diferencias
Este matiz es fundamental a la hora de interpretar los resultados. Un experimento desarrollado con animales en condiciones controladas permite estudiar de manera mucho más precisa la respuesta ante una determinada exposición, pero no significa automáticamente que todas las perdices silvestres estén sufriendo ese mismo efecto o con idéntica intensidad.
En libertad intervienen variables como la dosis realmente ingerida, la frecuencia de exposición, el tipo de cultivo, el momento del año, las sustancias utilizadas, la disponibilidad de otros alimentos y las propias características de cada territorio. Por ello, los resultados experimentales permiten identificar riesgos y mecanismos potenciales que posteriormente deben ponerse en contexto mediante estudios realizados en condiciones reales.
Tampoco puede atribuirse el declive de la perdiz roja española a una única causa. La evolución de sus poblaciones responde a una combinación de factores relacionados con el hábitat, la agricultura, las condiciones meteorológicas, la depredación, las enfermedades y la propia gestión de la especie, entre otros.
Más información para mejorar la gestión de la perdiz
Investigaciones como esta permiten profundizar en un aspecto especialmente relevante para cazadores, gestores y agricultores: qué prácticas pueden favorecer que los campos continúen siendo productivos sin comprometer innecesariamente la reproducción de la fauna que vive en ellos.
En el caso de la perdiz roja, esta cuestión adquiere todavía mayor importancia porque la supervivencia de los pollos durante sus primeras semanas depende en buena medida de la disponibilidad de insectos. Las modificaciones agrícolas capaces de reducir esos recursos pueden tener efectos indirectos que se suman a una eventual exposición a determinadas sustancias.
La recuperación de la especie, por tanto, difícilmente puede abordarse mediante una única medida. Mantener hábitats adecuados, conservar lindes y zonas de refugio, favorecer una buena disponibilidad de alimento, realizar una gestión cinegética adaptada a la situación de cada población y conocer mejor los efectos de las prácticas agrícolas forman parte de un mismo desafío.
El nuevo estudio añade información a ese complejo puzle. No demuestra que los fitosanitarios expliquen por sí solos la situación de la perdiz roja en España, pero sí aporta nuevos datos sobre cómo la exposición a determinados productos puede interferir en un momento tan decisivo como la reproducción. Conocer mejor esos mecanismos será fundamental para determinar hasta qué punto se producen también entre las perdices que viven y crían cada primavera en nuestros campos.

