Europa vuelve a poner el foco sobre la munición de plomo, y esta vez con un calendario más claro, aunque no menos polémico. La Comisión Europea ha decidido dar cinco años para retirar los perdigones en la caza menor y el tiro deportivo, un margen mayor que el planteado inicialmente, pero que sigue generando inquietud entre los cazadores españoles.
El cambio llega tras meses de presión por parte de varios países y del propio sector cinegético, que logró frenar una propuesta mucho más dura. Aun así, el nuevo escenario deja muchas dudas sobre cómo se adaptarán miles de cazadores a una normativa que, tarde o temprano, cambiará por completo la forma de practicar la actividad.
Por ahora, la normativa deja fuera la munición metálica en caza mayor, algo que da un respiro momentáneo. Pero ojo, porque desde Bruselas ya avisan de que esta excepción podría revisarse más adelante. La Real Federación Española de Caza (RFEC) reconoce que se ha evitado un golpe inmediato, pero no se muestra satisfecha. Considera que el plazo sigue siendo demasiado corto y que no responde a la realidad del campo.
El gran problema: no hay sustituto real
Aquí está la clave de todo. A día de hoy, no existe una alternativa al plomo que funcione igual de bien en todos los escenarios. Materiales como el acero presentan limitaciones técnicas y, sobre todo, problemas de compatibilidad con muchas armas antiguas. Y esto no es un detalle menor. En España hay cerca de medio millón de escopetas que podrían no soportar este tipo de munición, lo que obligaría a sus propietarios a cambiarlas o dejarlas de usar. Traducido: un golpe directo al bolsillo.
Pero el impacto no se queda ahí. Un estudio europeo advierte de que hasta un 25% de los cazadores podría abandonar la actividad si el cambio se hace sin garantías, mientras que otro 30% reduciría su participación.
El enfado con el Gobierno
El sector también señala directamente al Ejecutivo español. La RFEC acusa al Ministerio para la Transición Ecológica de no haber escuchado sus propuestas ni haber trabajado en una transición realista. No se han planteado ayudas, ni incentivos, ni soluciones para el material existente. Tampoco se ha contado con la industria ni con los propios cazadores, algo que ha encendido aún más los ánimos.
El presidente de la Federación, Josep Escandell, fue claro al respecto: «La necesidad de disponer de grandes cantidades de munición para el control de especies como el conejo o el jabalí, y las condiciones de nuestra caza, que se desarrolla en terrenos donde alternativas como el acero pueden suponer un problema de seguridad».
Lo que viene ahora
La propuesta se votará en junio y, si sale adelante, podría llegar al Parlamento Europeo en septiembre. Su entrada en vigor no sería antes de 2027, pero el reloj ya está en marcha. Mientras tanto, el sector intenta ganar tiempo. La RFEC pide al menos diez años de transición para evitar un impacto brusco y permitir que lleguen soluciones reales.
Aunque el cambio parece inevitable, la gran pregunta sigue en el aire: ¿estamos preparados para dejar atrás el plomo?

