Rubén llevaba meses detrás de él. Un viejo jabalí solitario, esquivo y experimentado, cuyas huellas aparecían una y otra vez en las bañas, pero que parecía conocer perfectamente cómo evitar cualquier encuentro con el cazador. Después de muchas noches de espera y seguimiento, la historia entre ambos llega a su desenlace en el episodio 9 de Con la luna por testigo.
El capítulo comienza mostrando otra de las caras de la caza del jabalí. Rubén comparte jornada con Marcos y aprovecha cada momento para transmitirle algunos de los conocimientos que él mismo aprendió de su padre y de los viejos cazadores: interpretar las señales del monte, comprender el comportamiento de los animales y recordar que ninguna herramienta tecnológica puede sustituir la experiencia adquirida sobre el terreno.
Durante la jornada tienen la oportunidad de abatir un ejemplar joven que estaba provocando daños en los cultivos. El lance sirve también para mostrar el papel de la caza en el control de unas poblaciones de jabalí cada vez más abundantes y el aprovechamiento posterior de su carne. Tras superar los correspondientes controles veterinarios, preparan hamburguesas con el animal, acercando así la carne de caza a los más pequeños.
Pero Rubén sigue pensando en el mismo animal. El viejo macareno continúa recorriendo aquellas sierras y, después de tantos meses siguiendo sus rastros, decide volver a intentarlo. Esta vez estará solo y dispuesto a permanecer toda la noche en el puesto si es necesario.
Las altas temperaturas ofrecen una pequeña ventaja. Rubén sabe que el jabalí necesitará beber y elige una baña que el animal frecuenta de manera irregular. Allí comienza una larga espera en la que el cansancio, la incertidumbre y el paso de las horas vuelven a poner a prueba al cazador.
Para observar lo que sucede en la oscuridad utiliza un térmico Nocpix Quest H50R. Su objetivo no es localizar cualquier jabalí, sino asegurarse de identificar correctamente al ejemplar que lleva meses buscando. Durante la noche aparecen otros animales, pero Rubén permanece en el puesto esperando una única oportunidad.
Finalmente, un gran jabalí solitario se acerca hasta la zona. Por tamaño y comportamiento, no hay duda: es él. Después de tantos intentos, Rubén consigue efectuar el disparo, aunque el animal desaparece inmediatamente entre una zona de vegetación muy cerrada.
Consciente del peligro que supone entrar de noche detrás de un jabalí posiblemente herido, decide abandonar el rastreo y regresar con las primeras luces. A la mañana siguiente encuentra sangre y comienza a reconstruir los últimos metros recorridos por el animal hasta localizarlo a apenas 30 metros del lugar del disparo.
Termina así una historia construida durante meses de huellas, esperas, noches sin resultado y recuerdos de otros grandes jabalíes. Para Rubén, aquel viejo macareno representa mucho más que un trofeo: es la culminación de una de esas partidas que únicamente pueden ganarse con conocimiento, paciencia y perseverancia.
El episodio 9 de Con la luna por testigo cierra con una reflexión sobre esa forma de entender la caza que se transmite entre generaciones. Porque, como recuerda el propio capítulo, cazar no consiste únicamente en culminar un lance. También significa conocer el monte, respetar al animal y conservar un legado que otros enseñaron antes y que algún día habrá que transmitir a quienes vengan detrás.

